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Excelente acogida a Teatro japonés de sombras Kageboushi

El Kageboushi fomentó con creces las expectativas creadas y , en su última función, gratuita para el público, volverá a encantar con su arte y a confirmar ser un auténtico embajador cultural de su país

Autor:

Juventud Rebelde

Asistió una enorme cantidad de público, muy superior a la capacidad de la Sala Covarrubias del Teatro Nacional, a la primera función del teatro japonés de sombras Kageboushi en la Habana.

Una interminable cola de personas rodeó toda la instalación y se mantuvo expectante esperando acceder a la sala porque esta agrupación nipona, la mayor y más famosa que cultiva ese arte en el país del sol naciente, tiene en Cuba numerosos admiradores, reportó la AIN.

Quienes tuvieron el privilegio de admirar la función quedaron atrapados por la magia, la poesía y belleza de estos artistas, con una técnica admirable y temas universales aptos para toda la familia, que evidencia que aunque las tecnologías de última generación atraen a muchos, el buen arte milenario sigue interesando a las mayorías.

Plena de elegancia y sutilezas y una poesía de altura, las tres piezas presentadas, cada una a su manera resulta incomparable.

La grulla agradecida que se refiere al acendrado sentimiento de agradecimiento que profesan los japoneses hacia las buenas acciones, destaca por la sutil elegancia de sus marionetas, por esa hermosa ave que planea por toda la pantalla y por la nobleza de su mensaje.

El árbol del Mochi, un cuento que todos los niños japoneses conocen muy bien, es una delicia porque atrapa esa ternura y picardía de los pequeñines al contar la historia de un muchachito miedoso que vive en la cima de una montaña con su abuelo y es capaz de desafiar la noche y la nevada para dar socorro al anciano enfermo.

Que levante la mano quien quiera divertirse es una muestra del verdadero teatro de sombras humanas, que permite en segundos a sus intérpretes realizar cambios de figuras, sugerir numerosos animales y hacer referencias a obras universalmente conocidas como el ballet El lago de los cisnes.

En fin, el Kageboushi fomentó con creces las expectativas creadas y hoy, en su última función, gratuita para el público, volverá a encantar con su arte y a confirmar ser un auténtico embajador cultural de su país.

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