Mi obra es un puente al entendimiento

El joven poeta y narrador pinero Daniel Zayas Aguilera, Premio Calendario 2015, conversó con JR sobre su necesidad de dialogar con el lector en torno a la actualidad, el pasado y el futuro manifiesto en su obra

Autor:

Juventud Rebelde

NUEVA GERONA, Isla de la Juventud. — El joven pinero de 28 años Daniel Zayas Aguilera, sin apodo conocido, escribe para comunicarse con su tiempo y con el pasado, prefiere provocar y, mediante ese diálogo místico entre las palabras y el lector, tender puentes de entendimientos.

Este bardo y narrador es egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y miembro de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en la Isla de la Juventud, donde gestiona y coordina las publicaciones de la editorial Áncora, una de las cinco editoras jóvenes del país.

Entre sus logros más relevantes figuran el Premio Poesía de Amor 2010, mención en Poesía en el concurso Paco Mir de ese mismo año con Sobre las angustias y el vacío, mención en el concurso César Galeano con el cuento Manías, Premio Áncoras al cuaderno Viendo caer los pájaros y Premio Calendario 2015 en la categoría Literatura infantil con el texto La sombra de los almendros.

«El Premio Calendario es sin dudas el más importante reconocimiento que he recibido. Todo concurso suele acarrear polémicas. Aunque no se puede negar que los organizadores de este certamen han sido capaces de convertirlo en uno de los concursos literarios más mediáticos para jóvenes.

«Cuando participas y ganas, suceden cosas muy buenas, ya que como autor sabes que tendrás un libro decoroso en su acabado visual, que accederás a una editorial nacional, que te harán una tirada un poco más grande que las que se suelen hacer en las provincias y, sobre todo, tendrás mucha promoción. Esta es una plataforma estupenda», comenta.

Los inicios

«Durante mi niñez y adolescencia acumulé mucha experiencia que luego he recreado en mi literatura. Crecí en un hogar con altas y bajas sentimentales, lo cual provocó una especie de obsesión y miedo a la vez, esto se puede ver en casi todo lo que he escrito.

«Fui un estudiante bastante indisciplinado, no te voy a mentir. Me expulsaron de tres preuniversitarios, ese detalle ya te puede dar más o menos una idea, pero bastó que hojeara un libro para quedar completamente enganchado de por vida. Incluso en la beca, mi devoción por leer era una de las pocas cosas que citaban como positivo de mí.

«Al principio participaba en los talleres literarios, agradezco mucho al poeta José Antonio Taboada y luego con mi amigo Nelton Pérez (Premio Alejo Carpentier 2015) en su taller de narrativa que más tarde me abrió las puertas del Centro Onelio Jorge Cardoso. Esta última experiencia fue clave en mi formación como lector y narrador.

«Sin embargo, desde la infancia tuve necesidad de contar lo que me ocurría y de alguna manera escribiéndolo sentía alivio. También disfrutaba mucho de esas tareas en las que había que redactar. Luego, en la secundaria, escribí poemas para seducir a más de una muchacha, incluso, ayudé a mis  amigos con sus conquistas.

«Mi primer libro publicado tiene una dedicatoria bastante larga, pero cada resultado o publicación que logro los dedico a mi madre, a Ailín, quien me acompaña desde hace unos cuantos años; a algunos buenos amigos y a la Isla de la Juventud.

«No puedo decir cuál es mi mejor escrito hasta ahora, uno a veces apuesta por un libro o género determinado que a la larga acaba por ser ignorado por los lectores, disminuido por la crítica o trasciende como un texto menor. O sea, el autor no es el mejor crítico. Yo escribo cada obra con la misma intensidad, con la esperanza de que los lectores los hagan suyos y ese es el gran reto.

«Por ahora intento encontrar un estilo propio y trabajo muchísimo para madurar y perfeccionar cada línea por venir».

El Trabajo

En la actualidad Daniel Zayas atiende un pequeño taller literario que, según explica, le ha dado algunas alegrías y sorpresas gratas. Pero, sin duda, el proyecto que más emocionado lo tiene es el de la editora Áncora, de la que hace aproximadamente dos años es el coordinador general.

«Casi tuvimos que refundarla. He soñado este proyecto junto a Ailín y Randy (presidente de la AHS en la Isla de la Juventud) y he visto cómo ese sueño crece y es bien recibido por los autores pineros, del país y los lectores.

«Por estos días preparamos la celebración de los 20 años de vida de  Áncora. Este es el trabajo de mi vida. Cada día que pasa crece, además del cansancio, los autores interesados, las exigencias, las discusiones, el estrés… pero lo disfrutamos muchísimo.

«Frente a un auditorio, prefiero leer poesías de alguna obra ya publicada, desgraciadamente en nuestro país las lecturas de poesía no llenan estadios, aunque reconozco que estos eventos nos permiten impregnarles a los versos la energía y la intencionalidad con que los escribimos y es un mecanismo de promoción y socialización de nuestra obra.

«Me gusta y disfruto mucho cuando escribo, poder transmitir, provocar, dialogar con nuestro tiempo y con el pasado, pero sobre todo transmitir. El poema debe ser hermoso en sí mismo y puede ser un puente burlando las distancias, las épocas, las culturas; puede ser un puente lleno de fantasmas, miserias personales, incluso un puente casi indescifrable en su estructura, pero siempre debe ofrecer al caminante (lector) la posibilidad de cruzarlo. Lo que más disfruto es ser leído con interés».

Reflexiones

Daniel, cuya obra afirma tiene la influencia de Bradbury, Mark Twain, Piñera, Eliseo, es de los que creen que lo elemental para escribir está a la mano de cualquiera. Existe todo un sistema de talleres, cursos de superación que son de ayuda, pero la primera preocupación del autor debe ser escribir bien. La buena literatura siempre va a encontrar aliados que quieran ponerla al alcance de los   lectores.

«Me refiero a los buenos libros, ya sean impresos o en formato digital. Hay un montón de editoriales, está la AHS para contribuir a la promoción con una red de jornadas locales y nacionales que no se pueden desaprovechar.

«A los que se inician o sienten el “bichito” de escribir les diré que lean, no solo a los contemporáneos; que dominen nuestra lengua y arrastren consigo a toda esa rica tradición literaria que poseemos, ya sea para reverenciarla o para “decapitarla” en la plaza pública.

«Que no ignoren lo que pasa a su alrededor, lo que ha pasado y lo que pudiera pasar. Todo, si se aprovecha bien, puede convertirse en una muy buena historia para escribir versos o prosa. Solo tienen que sentir la necesidad de dialogar con los lectores desde la propia obra».

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