Cruzados por la literatura y la trova

Esta vez, unos 60 participantes, procedentes esencialmente de la región oriental de Cuba, pero también venidos desde La Habana, se empeñaron en seducir, con sus propuestas, múltiples localidades de difícil acceso

Autor:

Yahily Hernández Porto

CAMAGÜEY.— La Cruzada literaria, en su duodécima edición, volvió a revelarse como un espacio necesario para promover la obra de los escritores y trovadores noveles, al tiempo que continuó tendiendo puentes con otras manifestaciones, porque cuando el objetivo es «invadir» las comunidades con lo mejor del arte cubano entregado por los miembros de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), muchos otros creadores no dudan en convertirse en auténticos «cruzados», ansiosos por transformar, desde la cultura, hasta las más adversas realidades.

La trovadora tunera Iraida William Eugellés, premio de Cultura Comunitaria en su ciudad natal, considera que a la Cruzada camagüeyana la define su preocupación permanente por un público que vive más alejado de los grandes centros culturales. «Tiene el don, además, de permitirle al creador tocar con sus manos a gente ávida de conocer a sus artistas y sus obras».

Un criterio similar tienen sus coterráneos, el cantautor Daniel Velázquez (El gato) y el escritor Andrés Borrero, quienes coincidieron en que la cita constituye una invitación permanente a superarse como profesionales, porque «la gente aguarda por nosotros para que los sorprendamos. Quieren que les brindemos propuestas frescas y diferentes, pero que no perdamos de vista la calidad».

Según Daniel, andar de Cruzada también es genial, «pues los más nuevos tenemos la oportunidad de compartir con otros que ya poseen una obra musical más madura que nos incita a crecer. Ojalá que este sea un evento eterno, que permanezca como un espacio de resistencia y alternativo, que cultiva valores y que también necesita el artista», dijo.

De ese modo, Daniel resumió además el sentir de los guantanameros Jorge ,«Yoyi», Barrett (trovador), y de Roberto Fournier (escritor), quien considera que «es inevitable que con estas experiencias uno no se torne más humano, que no se imponga concebir un arte que emocione, que conduzca a la gente a soñar y a amar».

Esta vez unos 60 participantes, procedentes esencialmente de la región oriental de Cuba, pero también venidos desde La Habana, se empeñaron en seducir con sus propuestas múltiples localidades de los municipios de Sierra de Cubitas, Nuevitas, Guáimaro y de la anfitriona Camagüey.

Cierto es que factores como el transporte, decisivos a la hora de llevar adelante con éxito las diferentes acciones, trataron de echar por tierra en más de una ocasión un programa intenso, que cuenta con el respaldo de las autoridades del territorio. No sucedió por la maravillosa «terquedad» de estos muchachos que no claudicaron en su deseo de recorrer comunidades como Vilató, en Sierra de Cubitas.

Y es que todo ocurre en una época del año en la que la gente radicada en estas zonas de difícil acceso de la geografía agramontina, aguarda con impaciencia por el arribo de una cita que ha logrado hacerse de una tradición, al estar protagonizada por estos soñadores que se cuentan entre los interesados en mostrar su quehacer lo mismo en lugares más cercanos a la capital provincial que bien distantes de esta. Y pasa porque ellos son conscientes de cuánto puede significar para estas personas apreciar interesantes proyectos al estilo de Catalejo de cuentos, de Camagüey; y La casita de los cuentos, de Holguín, o al novedoso trío mayabequense Ramuf.

La edición que acaba de finalizar de seguro será recordada por quienes habitan en la Finca Encantada, situada en la carretera camino al municipio de Santa Cruz del Sur, y por aquellos que tuvieron la suerte de hallarse en el popular parque Lago de los sueños, en la jornada en la que los «asaltó» la Cruzada literaria, que también dejó su huella en los trabajadores de la Fábrica de cerveza Tínima, y de la Tabaquería El surco; en los pacientes del Hospital Pediátrico Eduardo Agramonte Piñas; y en los vecinos de la distante comunidad de playa Santa Rita, en Nuevitas...

Sitios todos conquistados por los más diversos géneros literarios, y por la sólida obra de escritores multipremiados como el holguinero Luis Yuseff, editor principal de Ediciones La Luz, sello de la AHS; y el guantanamero Eldys Baratute, y de otros talentos que no pasaron inadvertidos como el granmense Yainier Salazar y los santiagueros Juan Edilberto Sosa, Yudel Martínez y Ernesto Andrés de la Fe. A ellos se sumaron con fuerza los de casa: Mariela Pérez-Castro, fundadora del evento; Jhortensia Espineta, Lionel Valdivia, Yoan Pico, Yosvel González, Daniel Velázquez, Jorge Lázaro, Dilmert Rodríguez, José Luis Álvarez, Daimy Díaz Laborda, Eduardo Rodríguez, Evelin Queipo, Guillermo Villavicencio, Diusmel Machado, Domingo Peña, Randol Machado...

Un toque distinto le dio a la XII Cruzada la literatura fantástica con representantes como Yanelys Encinosa, José Miguel Sánchez (Yoss), Eric Flores Taylor, Abel Guelmes y Elaine Vilar, quien presentó De caballos y dragones; así como el holguinero Víctor Hugo Pérez Gallo, ganador en 2013 del concurso de cuentos de ciencia ficción Hidra, convocado por la revista Juventud Técnica.

Precisamente este grupo de «fantásticos» debatió sobre la salud de un género que, al decir de Pérez Galló, vive un buen momento en Cuba, «aunque la crítica especializada lo considere menor. Existe un público ansioso por esta literatura que se ha ido consolidando en el país y que ha ido encontrando un mayor apoyo editorial. Por supuesto que este intercambio que propicia la Cruzada lo oxigena y fortalece», subrayó el autor de Los endemoniados de Yaguaramas.

Asimismo, muy significativos resultaron los diversos espacios de presentación con que contó este evento, en el que llamaron la atención no solo la revista Amnios, dedicada a la poesía, sino también títulos como Morir sin rostro, de Jesús Zamora; En un Lugar de la Mancha, de Randol Machado; La pasada niebla, de Alejandro González; Mapucha, de Miriam Estrada; El contante aleteo, de Yudarkis Veloz; y Dolor de la resurrección, de Luis Yuseff.

Sorprendentes fueron las actuaciones de trovadores de la talla de Ramón David, quien regaló piezas como Carmen y Cancioncilla. Se trata de un granmense devenido santiaguero que, por su originalidad y sus probadas dotes para el canto, debería ser tomado en cuenta por las disqueras, las cuales también pudieran seguir de cerca las carreras de Daniel Velázquez, quien musicalizó admirablemente Declaración, de Rubén Martínez Villena; del changüisero Jorge Barret Bayeux, quien levantó de sus asientos a los que escucharon A pan y agua, Changüí de Aida y Conga Marina; de Annali López, autor de Adiós soledad y Falso amante; y de Lainier Verdecia, quien firmó temas como Defectos y Antes que se ponga el sol.

La XII Cruzada sirvió además para reafirmar la valía de proyectos musicales locales y extremadamente profesionales, como los nombrados Hierro y Cristal, dirigido por Reynaldo Rodríguez; Punto de Giro, liderado por Harold Díaz; y As de Trébol, del trovador Norlys Venegas.

Sin dudas, otro acierto lo constituyó la apertura de exposiciones que consiguieron atrapar a todos de inmediato: Por siempre Fidel, del camagüeyano Andy Osvaldo Pérez, y Retoños de Almendro, proyecto de Ediciones La Luz. Exhibida en la galería Gestus de la Casa del Joven Creador de Camagüey, esta última muestra las fabulosas ilustraciones del libro homónimo, cuyos cuentos fueron seleccionados por Eldys Baratute.

Por siempre Fidel, por su parte, reúne diez lienzos que retratan a ese gran hombre cubano y universal. Inspiró a Andy Osvaldo Pérez «la figura enérgica, incansable y optimista que por siempre ha mantenido Fidel, incluso hasta en los momentos más difíciles de la Patria». El homenaje de la XII Cruzada a Fidel también se expresó en un hermoso concierto de trova y poesía, que como ya se ha hecho habitual en la jornada del 12 de agosto, Día Internacional de la Juventud y víspera del cumpleaños del líder histórico de la Revolución, tuvo lugar en la escalinata del preuniversitario Álvaro Morell.

También hasta aquí llegó una nueva manera de hacer libros y de promocionar la obra juvenil, ante limitaciones económicas. Así nació en esta provincia el primer volumen de una edición cartonera, realizada con reciclaje y arte, que recopiló textos de los participantes. Se nombra Memorias cruzadas y fue iniciativa de Annalis Castillo Seguí, organizadora principal del evento, quien agradeció a sus colegas Junior Fernández Guerra y Yanelys Encinosa, por contribuir a materializarlo.

Ahora la Cruzada literaria agramontina permanecerá más allá del lugar donde la guardan nuestros corazones.

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