José Eduardo Martín Yanes, atrapando esencias

En plena madurez de su carrera creativa  este artista de la plástica acude cada vez con más fuerza a la fusión de técnicas

Autor:

Aracelys Bedevia

Una mirada, un gesto, una palabra pueden ser suficientes para que José Eduardo Martín Yanes indague en los orígenes de esos vasos comunicantes que le atraparon y los convierta en arte. Nacido en La Habana en 1964, Martín Yanes estudió serigrafía y desde que abrió los ojos al mundo vive en los altos del derruido edificio donde está el taller de René Portocarrero.

Su primer contacto visual con los grandes de la plástica cubana fue a través de la ventana de su casa: «Los veía trabajando en el patio. Un día bajé y me presenté solo. Fue así como empecé a relacionarme con el mundo del arte.

«En aquellos años el ambiente del taller era muy bueno: los pintores se reunían ahí y trabajaban mano a mano con el técnico en la reproducción de sus obras. Luis Gómez, Arturo Cuenca y José Luis Alonso fueron mis maestros. Con ellos aprendí todo o casi todo lo que sé», comentó Martín Yanes a JR, poco después de la apertura de su exposición Vidrio molido, en el Centro Provincial de Artes Plásticas y Diseño, situado en Luz y Oficios.

El despliegue de pinturas, fotografías e instalaciones realizado en esa institución cultural por este creador confirma que no es él un serígrafo común. En plena madurez de su carrera creativa Martín Yanes acude cada vez con más fuerza a la fusión de técnicas, y de la fotografía pasa al fotolito y luego a la serigrafía. Otras veces plasma el fotolito y trabaja sobre él. La pintura casi siempre está presente en su obra, sobre todo como fondo, porque, según explicó, le permite cerrar el ciclo creativo.

«Mi obra es muy vivencial. Trato el tema de la adicción, porque yo toqué ese mundo y salí de él. Hace 18 años estoy limpio. Pero vengo de ahí. La otra gran temática que me apasiona y está muy presente en ella es la sexualidad».

Con un lenguaje fundamentalmente figurativo, que en ocasiones coquetea con lo abstracto, este artista apela con frecuencia al desnudo femenino. «No es el cuerpo de ellas lo que me interesa mostrar sino su alma, lo que se esconde detrás de ese torso descubierto, de esa mirada o gesto provocador, sensual y, a veces, hasta agresivo», aclaró.

—¿Cuáles son las esencias de tu obra creativa?

—Yo parto del acecho, y de la sensualidad que me inspire la modelo. Disfruto mucho el proceso de producción y me siento realizado cuando el color de fondo juega un papel importante.

«No busco modelos profesionales, sino historias. Las mujeres con las que trabajo son mujeres comunes que   pueden ser o no bellas. Lo importante es que tengan algo que decir, que sean capaces de transmitir un mensaje mediante su gestualidad y expresión corporal, que tengan una historia interior fuerte y quieran compartirla».

—¿Por qué Vidrio molido?

—El título responde a la intención de sacar afuera todo ese dolor, odio, resentimiento o ira (que tanto daño hacen) como una alquimia propuesta a través del arte. Es lograr el perdón a través del amor. En esta exposición incluyo, dentro de tanto dolor, la pieza del árbol y la niña tocando en él, que le da vida a todo ese mundo y contribuye a que se produzca esa simbiosis única que debe existir entre el espectador y la obra.

—Trabajas desde hace más de ocho años con la Compañía Danza Retazos Las Carolinas.

—A través del proyecto que tengo con los niños me uní al trabajo con la comunidad que realiza Isabel Bustos, directora, diseñadora y coreógrafa de esa compañía, quien también está incursionando en la plástica. Juntos hemos creado la serie Transparencias, en la que todo se canaliza a través del agua.

«Isabel es la artista invitada de la exposición Vidrio... y me ha dado un espacio en Retazos donde, desde entonces, tengo mi Estudio. Ahí, además de crear, todos los sábados, a las 10:00 a.m., imparto talleres experimentales de creatividad e imaginación para las primeras edades. Mediante el juego con los colores intento que los más pequeños de la familia se acerquen al arte y también a sus padres, porque el taller involucra a ambas partes y está encaminado, igualmente, al desarrollo de habilidades manuales».

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