Una mujer y sus Espejuelos oscuros

Después de dirigir documentales como El mundo de Raúl, Ahlam y Crac!, la joven egresada de la Famca Jessica Rodríguez debuta en el largometraje de ficción

Autor:

Jaisy Izquierdo

Son pocas las mujeres en el mundo que se paran detrás de la cámara para contarnos sus historias. Contadas con los dedos las que pertenecen a nuestra cinematografía. Pero Jessica Rodríguez es una de ellas. Después de dirigir documentales como El mundo de Raúl, Ahlam y Crac!, la joven egresada de la Famca debuta en el largometraje de ficción con Espejuelos oscuros, una historia donde su protagonista, una ciega acosada por un prófugo de la justicia, le va relatando cuentos para lograr sobrevivir, acudiendo así al antiguo ardid de Scherezada. La trama, que se bifurca en tres nuevos argumentos enmarcados en diferentes momentos históricos, siempre tiene a Laura de la Uz y Luis Alberto García como protagonistas.

Confiesa Jessica, que sus personajes los concibió sin pensar en actores a priori, pero luego «contar con Luis, Laura, Yadier y Mario fue lo mejor que le pudo pasar a Espejuelos oscuros. Sus consejos, su empatía y su paciencia a la hora de trabajar con una debutante en la dirección fueron fundamentales para poder concluir el rodaje a tiempo y con los resultados que esperábamos».

Entonces nos descubre cuál fue el punto de partida que la sedujo a escribir y filmar Espejuelos... enfocada directamente en la figura femenina. «Me llamaba la atención el papel de la mujer en las diferentes etapas de la historia de Cuba, siempre en una posición secundaria, analizada desde un tamiz paternalista y patriarcal. Quería contar historias de mujeres protagonistas e imperfectas, alejadas del cliché de “madre y compañera ejemplar”. Mis protagonistas velan por sus intereses propios, no por los de una causa que las supera, ni por el bienestar de su familia».

—¿Es la exploración del mundo femenino una inquietud personal en la que deseas continuar trabajando?

—No sé si la seguiré trabajando. Tengo inquietudes de muchas otras índoles para desarrollar. Aunque no me molestaría tocar el tema de nuevo, porque creo que todavía hay mucho por decir y hacer al respecto en nuestra sociedad y en otras sociedades del mundo. Solo hay que mirar las estadísticas. ¿Cuántas mujeres directoras tenemos o hemos tenido en nuestro país? Y no me refiero a realizadoras de documentales que como yo, con muchísimo esfuerzo y con medios propios, salimos a contar nuestras historias. No. Me refiero a cuando hay que hacer una inversión grande, como la que requiere un largo de ficción, ¿cuántas de esas inversiones se confían en las manos de realizadoras mujeres? Mi película cuenta con muchas cabezas del equipo que son mujeres. Fue algo que surgió así, de manera natural, nada premeditado. Pero a la vez me encanta porque el lenguaje del filme tiene algo muy femenino, que no es mejor ni peor, pero sí es una sensibilidad diferente.

—¿Cuál es la clase de cine que deseas realizar?

—Después de acabar mi primer largo de ficción mi manera de mirar el cine ha cambiado. Es un proceso largo, que requiere paciencia. La carrera audiovisual es muy vocacional, hay que amar mucho lo que se hace para completar cada proceso y enfrentarse al próximo con las mismas fuerzas.

«Lo que tengo claro es que quiero hacer un cine honesto, acorde a mi manera de pensar y de vivir, quiero también hacer un cine que, aunque pobre, sea serio. Creo que con la era digital nos ha llegado mucha libertad y eso es maravilloso, es lo que nos permite a los jóvenes acceder al medio; pero pienso que hay un mínimo de oficio que uno tiene que ofrecerle al espectador, lo cual también es prioritario.

«Si las nuevas tecnologías me han dado la oportunidad de realizar una película al margen de la industria, tengo la responsabilidad de ofrecer un producto de calidad, que no pueda ser tachado de amateur. Hasta ahora casi todas las películas independientes cubanas que he tenido la suerte de ver están más que a la altura.

«Al mismo tiempo creo que los materiales realizados por jóvenes de forma independiente son ahora mismo los más interesantes, tanto discursiva como formalmente. Siento que al cine cubano venía haciéndole falta frescura y eso lo estamos viviendo con un nuevo boom, tanto estilístico como conceptual. Nuestra sociedad está cambiando y necesita un cine que la acompañe».

—¿Qué significa para ti presentar tu filme en el Festival de La Habana?

—Me gustaría que la película estuviera a disposición de la mayor cantidad de espectadores posibles. Eso es lo que más me gusta de este Festival: la participación de la gente. Para mí estar aquí es ya un regalo enorme.

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