Toda la gracia del mundo cabe en una nariz

El Payaso del alma Darwing Valenzuela anda por doquier repartiendo la alegría sin pedir nada a cambio, porque una sonrisa cuesta poco y produce mucho

Autor:

Aracelys Bedevia

Al artista cubano Darwing Valenzuela le dicen Payaso del alma porque anda por doquier repartiendo la alegría sin pedir nada a cambio, porque no sabe decir no (o mejor, le gusta más el sí) y está convencido —como diría el gran Chaplin— que una sonrisa cuesta poco y produce mucho.

Dueño de una nobleza infinita, este reparador de ilusiones, de mediana estatura y apariencia bonachona, desde el 2001 alterna sus presentaciones en teatros y plazas públicas con los espectáculos que realiza en los hospitales donde cuidan a los niños y niñas con cáncer.

«Siempre fui payasón. Literalmente así me decían mis amigos porque me burlaba de todo, aunque reconozco que no soportaba interpretar personajes de payaso. El flaco, mi colega Abdiel Rodríguez, fue quien me vistió de payaso por vez primera y empezó a meterme el bichito en el cuerpo. Ya él lo era, y decidimos hacer equipo, sobre todo en el trabajo en los hospitales. Sin embargo, debo reconocer que le cogí amor y deseo a esta profesión gracias a Teresita Fernández, a quien la vida me dio la oportunidad de tener como amiga. Ella bendijo con un beso mi nariz de payaso y no sé si será casualidad o superstición, pero cada vez que la nariz se me extravía el espectáculo queda fatal. Es por eso que no salgo al escenario sin tenerla conmigo.

«El aliento de Teresita está presente en todo lo que hago. Haberla conocido y escuchar sus consejos me dio más fuerzas y deseos de seguir haciendo por los niños. Antes de morir, mirándome desde su cama, me pidió que no dejara de reírme nunca (porque siempre habrá niños esperando mi sonrisa), y, del mismo modo, que no me preocupara por lo que dijeran de mí (por trabajar gratis) porque ellos son el público más sincero.

«La temática ecologista está presente en todo lo que hago. Con frecuencia me llaman de los hospitales para celebrar el cumpleaños de un niño enfermo, a petición de él mismo. Fue por eso que empezaron a llamarme Payaso del alma, aunque no solo visto de clown. También actúo caracterizando a otros personajes. Mis primeros espectáculos en centros de salud fueron con animales vivos no amaestrados (león, cebra, jaguar, cocodrilo, boa), como parte de un proyecto que teníamos con el Parque Zoológico Nacional de Cuba. Luego surgió la idea de hacer Fantástico planeta, en el cual los personajes son seres fantásticos como Elfo, Sátiro, el personaje de fauna, el de flora, la Madre naturaleza, un unicornio (un caballo real con cuerno) y los indígenas blancos. Desde hace algunos meses, el mago Ronny Fernández y su asistente Yasmany Sifonte están trabajando con nosotros en estos periplos por los hospitales. Actuamos, además, en escuelas, círculos infantiles, parques, y otros espacios públicos».

—Te llamas igual que el gran biólogo, y la flora y la fauna son temas recurrentes en lo que haces.

—El nombre quien me lo puso fue mi difunto padre. A mí siempre me gustaron los animales, pero en mi casa se negaron a que estudiara Veterinaria. En una ocasión, una señora me dijo: No te preocupes que los nombres en los seres humanos no están por gusto, en algún momento de tu vida tendrás vinculación con la fauna. Y así ha sido. «Gracias a los programas que he realizado en la televisión cubana, el Parque Zoológico Nacional de Cuba me dio la oportunidad de pasar el diplomado internacional de fauna exótica y eso me abrió muchas puertas. Casi todo lo que he hecho en televisión ha estado vinculado con ese tema. Empecé por Rincón de fantasías, que dirigía Loly Vega, quien me dio la oportunidad de hacer una sección sobre fauna que tuvo mucha aceptación durante el tiempo que duró en pantalla. Después conocí a Regla Bonora (mi madre negra) en la Redacción de infantiles e hicimos Curiozoo, en el verano de 2014. Fue un programa de corte ecologista. En estos momentos estamos preparando Llegando a los tops, en el que haremos una lista de los tops más sorprendentes e inusuales de todo el mundo; Naturaleza insólita, que durará tres minutos, a modo de cápsula; y Consulta de mascota, en el que a través de las preguntas que un niño hace los televidentes podrán conocer las posibles causas del comportamiento de un animal y como prevenirlas o erradicarlas».

—Estudiaste actuación con el propósito de hacer una carrera como humorista.

—En realidad ya venía desempeñándome como humorista y un día el Ministerio de Cultura y la agencia Actuar ofrecieron a los actores que no eran graduados de la Academia la posibilidad de titularse. Es así como logro tener mi título de actor profesional. Sigo trabajando como humorista. Nunca he dejado de hacerlo. Pertenezco al grupo Espátula, del Centro Promotor del Humor.

«Próximamente haré un espectáculo infantil con las características de los anteriores. Como dicen en mi agencia, un megaespectáculo. Se llamará El canto de fuego, y está basado de una novela infantil, de la ecuatoriana Leonor Bravo, que cuenta el amor imposible entre una elfo hembra y un dragón».

—Cómo haces para recaudar fondos para los cumpleaños y espectáculos en los hospitales.

—Siempre hay alguien dispuesto a ayudar. Muchas veces voy a las instituciones y les presento el proyecto porque los gastos rebasan mis posibilidades. Por lo general, las personas se solidarizan con mi trabajo. Hemos recibido el apoyo de Suchel Camacho, Labiofam, Los Portales, Prodal, confituras Gamby, Stella, Junior de Guatemala, Arcor, y muchos otros. Mis amigos son una pieza clave en todo esto. A veces hasta me limito de comentarles lo que estoy haciendo porque enseguida se suman y quieren poner de su bolsillo lo que falta.

«Quisiera hacer mucho más por los niños. Pero desgraciadamente muchas cosas no dependen de mí. Me siento en deuda con ellos. No he podido, por ejemplo, llegar a todas las provincias, sobre todo a los hospitales, para hacer este tipo de beneficios».

—¿Qué significa para ti ser payaso y qué cualidades debe caracterizar a un clown?

Un payaso es ante todo un actor y no quien se viste de colores y se pinta la cara de blanco sin siquiera saber la historia y las características de cada maquilllaje. Es el hombre o mujer que nunca deja de ser niño y que, incluso, cuando trabaja se siente uno más. El que se insulta cuando ve a alguien con una imagen parecida tratando de ser el payaso que el niño quiere, pero que no llega, el que siente un compromiso muy grande con los niños, el que estudia y busca una via de hacer el trabajo lo más digno posible.

«El verdadero clown es el que logra cautivar sin necesidad de maquillaje, el que no denigra la palabra «payaso», el que casi nada tiene que hacer para alegrar a las personas ni se burla de la gente. Es el escudero que siempre busca combatir la tristeza y que solo cuenta con su risa como espada y el traje como escudo. El que es capaz de ponerse en sintonía con los niños y su familia en dependencia de sus deseos e intereses. Es, por encima de todo, un médico del alma, y afortunadamente en Cuba tenemos a muchos que dignifican esta profesión».

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