Con el drums voy hasta el infinito

En la más reciente edición del concurso Jojazz, Alain Ladrón de Guevara se alzó con el primer premio en las categorías de interpretación solista mayor y en pequeño formato con su grupo Open Mind, y además con el colateral de la Asociación Hermanos Saíz

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

 

Cuentan que de chico Alain Ladrón de Guevara era un «peligro» cuando agarraba dos palitos y rompía a tocar. No había quién lo detuviera. Llamaba tanto la atención aquel pequeño, que los músicos de la empresa Ignacio Piñeiro donde trabajaba su mamá empezaron a insistirle: «Oye —le decían—, ponlo en percusión, que ese va a ser tremendo percusionista». Y no se equivocaron.

De hecho, Alain Ladrón de Guevara lo reconoce ante Juventud Rebelde: «Fíjate que tal vez no sepa qué no tienen otros instrumentos, pero con el drums puedo ser yo. Me ha permitido crear un lenguaje con el cual puedo hablar contigo sin tener que decir palabras. Puedo conectarme contigo, con el público, con los músicos con los que toco. Eso me libera. Por ejemplo, me siento en el piano y pongo algunos acordes, pero no consigo desarrollarme igual. Con el drums voy hasta el infinito».

En realidad fue su padrino, Rodolfo Chacón, guitarrista graduado del ISA, director de Rumberos de Cuba y productor de varios discos, el que, junto con la mamá de Alain, lo encaminó en ese universo. «Así pasé varios talleres, entre ellos uno en la iglesia de San Lázaro y Marqués González, donde tocaba un poco de tumbadora, porque como era muy pequeño no me dejaban sentar en el drums. Yo estudiaba en una escuela normal, incluso hice tres años de Comercio, pero seguí preparándome como percusionista hasta que me presenté, por convocatoria libre, con 16, 17 años, al pase de nivel, que me dio la oportunidad de matricular en el conservatorio Amadeo Roldán por nivelación».

—¿Cuáles son tus principales referentes?

—Cubanos sobre todo. Te pudiera mencionar a Rodney Barreto y Oliver Valdés, que si bien no puedo decir que sean mis guías, están entre los que más he estudiado. Recuerdo un día que fui a casa de Oliver a dar mi primera clase con él y me bloqueé al sentarme ante su drums. Aquello fue tremendo. Yo le decía: «Compadre, qué pena, no me sale nada». Después él me vio tocando con Michel Herrera y pudo apreciar cuánto había avanzado. Entonces me afirmaba con orgullo: «¡Tú eres mi alumno!», y eso me llegaba.

«A nivel internacional sigo a Mark Guiliana y a Chris Dave, que es con quien más me identifico. Todo el que sabe de esto y me ve, me relaciona con Dave. Hace más de un año que no lo escucho, pero cuando me estaba formando, desarrollando, influyó mucho en mí. Llegó un momento en que lo único que oía era su música. Ello explica que tenga muchas cosas a mi manera, pero con su idea. De verdad que me marcó bastante».

—¿Cómo surgió tu pasión por el jazz?

—Mi inclinación hacia el jazz comenzó desde que estaba en el conservatorio Amadeo Roldán. Allí tuve profesores excelentes: Roberto Concepción, Agustín Gómez, Margarita Ponce, Mauricio Hupmann, Daris Quintana, Guillermo del Toro. Y también tuve compañeros de estudios muy buenos... Empecé con Rafael Aldama, el bajista que en aquel entonces tocaba piano y tenía un piquete de salsa llamado Sabor Habana. Así fue que conocí a Jesús Pupo y junto con Rafa fundamos un trío donde creábamos entre los tres; todos aportábamos. A partir de esa experiencia me conecté con el jazz que da muchas facilidades de expresión y enorme libertad.

«Justo esa libertad creativa es lo que más me atrae del jazz. Es cierto que con los demás géneros uno puede llegar a sentirse más suelto, pero con el jazz es diferente. A la hora de la improvisación, esa comunicación, esa interacción que se produce entre los músicos es única. Podemos, incluso, expresar nuestros estados de ánimo: hoy estoy así, mañana de otra forma, es normal. Todos los días uno no está igual, todos los días uno no toca igual. Y poder hacer buena música de esa manera es genial.

«En resumen: estando en el trío, llegó Michel Herrera al Amadeo Roldán, y allí realizó un taller en el que preparó varios proyectos. Esta experiencia se recogió en un video que se filmó en el Museo Nacional de Bellas Artes, donde se aprecian los resultados. Ahí están grabados los proyectos de Pupo, Rafa... Todos los que tenían proyectos tocaron aquel día; los que como yo aún no habíamos formado ninguno, acompañamos a los amigos. De ese modo pude unirme a otros músicos como el mismo Michel Herrera, Janet Valdés, Eduardo Sandoval, Delvis Ponce, con toda la nueva generación de jazzistas que estaba consolidándose con algo nuevo que decir, hasta que creé Open Mind».

—¿Qué te llevó a crear Open Mind?

—Eso tiene un antecedente: en tercer año en el Amadeo Roldán creé un grupo al que llamé ConFusión. Aquello era otra historia, otra etapa de mi vida en la que pensaba de otra manera: tenía coristas, flautistas, tumbadoras, hacía timba también... Era una locura, una confusión total. Por eso lo paré. Coincidió que se acercaba mi graduación y que comencé a tocar con Michel Herrera, lo cual me permitió conocer otra parte de este mundo, interactuar con jazzista internacionales... Entonces me fui por esa onda y fundé Open Mind.

«Hay una anécdota muy graciosa: yo toqué una vez aquí en el Pabellón Cuba con ConFusión, y cuando me llamaron de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) para que tocara nuevamente, les dije que sería con el grupo Open Mind. Entonces Damaris, la especialista de programación de la AHS, me dijo: “Oye, pipo, no se puede estar cambiando de nombre así como así, más cuando tú estás comenzando. Vas a volver locas a las personas que te siguen, que escuchan tu música”. Aquello me ubicó, estaba trabajando en la AHS con personas profesionales que querían lo mejor para mi carrera. Eso bastó para que tomara la decisión de entrar en la Asociación.

«Ahora el grupo está conformado por: Rafael Aldama en el bajo, Aryam Varona, bajo; Carlos Veitía, saxofón y trompeta, y Roger Rizo en el piano, quien también llegó con una química que es la misma nuestra. Open Mind reúne a los músicos que más me gustan, los que más aprecio, con los que mejor descargo. Ahí somos felices, tocamos sin estrés. Como todos tenemos algo que decir, nuestro trabajo refleja variedad. Aunque pensemos de maneras diferentes, vamos por un mismo camino».

—¿Qué ha significado para ti la AHS y tus presentaciones en el Pabellón Cuba?

—Si ya puedo hablar de mi carrera, o del comienzo de mi carrera, es porque la AHS y el Pabellón son parte fundamental en ella. Yo creo que donde más se ha influenciado mi música es aquí, la mayoría de mis presentaciones tienen lugar en el espacio que es la sede nacional de esta organización que tanto me ha aportado.

«Recuerdo que cuando llegué por vez primera el público no me causó buena impresión.

«Pensé que mi música no les iba a interesar, que no la iban a entender, pero la asimilaron bien y la sistematicidad de las presentaciones ha ido dándole más fuerza al espacio, porque las hacemos con el corazón. Te lo repito: gracias a la Asociación he logrado colocar mi trabajo, he podido dar a conocer lo que hacemos mis músicos y yo».

—Importantes han sido también en tu carrera los premios que has ganado. ¿Crees que ellos legitiman? ¿Trabajas para alcanzarlos?

—Un premio siempre es importante, aunque, en lo personal, nunca he trabajado para eso. En los concursos Jojazz había acompañado antes a otros amigos para que se evaluaran, y algunos ganaron varios reconocimientos, pero jamás tuve esa inquietud, hasta que surgió Open Mind.

«Debo decir además que en nuestra presencia en el Jojazz tiene gran responsabilidad la musicóloga Brenda Besada, quien se ha ocupado de esa parte del grupo, de orientarnos teóricamente. Al final me convenció y tocamos en el JoJazz, en el cual obtuve el primer premio en la categoría de interpretación-solista mayor, el premio colateral de la Asociación Hermanos Saíz y el primer premio en interpretación-pequeño formato con Open Mind, compartido con el dúo Dos en uno, integrado por Miguel Ángel García «el Wiwi», excelente pianista, y Roberto Wess. Te puedo asegurar que este premio colateral nos marcó profundamente».

—La AHS te favoreció igualmente con la beca El reino de este mundo, que ganaste con tu proyecto para grabar un disco.

—Bueno esa fue otra sorpresa muy importante, otro premio de la AHS que nos dio la posibilidad de grabar diez temas en los Estudios Areíto de la Egrem. Ya estamos en la fase de masterización y muy contentos con el resultado que está saliendo, gracias al grabador Roberto Hernández Infante y a Merlin Lorenzo, su asistente.

«Hemos invitado a que nos acompañen a instrumentistas de primera línea como Ruly Herrera, Jamil Scherry, Jorgito Aragón, que no toca, pero hace la producción de dos temas. Los arreglos los hacemos los propios integrantes de Open Mind. Estamos pensando que quizá el disco se titule Colores, porque como es música de todos, cada uno ha ido coloreando su pedacito. Soñamos con que sea un disco que llame la atención solo de verlo. Algo que impacte».

—¿Otros proyectos que te ocupen ahora mismo?

—Primero seguir con las presentaciones en el Pabellón Cuba y concluir el disco, cuya calidad permita que se pueda licenciar luego con alguna disquera, como la EGREM misma. Nos encantaría participar por toda Cuba en los eventos de la AHS y muchos otros, para que nuestra música se conozca en el país. También es importante acabar de arreglar toda la documentación para oficializar el grupo en la Empresa de Música Popular, aunque lo esencial es continuar trabajando y haciendo buena música, buen jazz. Siempre con el corazón.

Tiempo Joven

 

Con el drums voy hasta el infinito

 

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Alain Ladrón de Guevara se alzó con el primer premio en las categorías de interpretación solista mayor y en pequeño formato con su grupo Open Mind, además de con el colateral de la Asociación Hermanos Saíz

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