La expedición de Chile

Este artista del lente testimonia mediante fotografías y audiovisuales las memorias, ritos, bailes, cantos, música, lenguas y religiones traídas a Cuba por aquellos hombres que fueron arrancados de sus tierras en África y convertidos en esclavos

Autor:

Aracelys Bedevia

Atraído por la herencia afrocubana que forma parte de la vida social de este país, el fotógrafo y documentalista Roberto Chile inició hace algún tiempo una expedición visual que le ha permitido adentrase en ese «paraíso espiritual, ese universo real maravilloso» que son las religiones afrocubanas.

Dueño de un discurso expresivo agudo, certero y coherente, que le permite sobresalir entre sus contemporáneos, con sumo respeto este artista del lente, al tiempo que desarrolla otros proyectos, testimonia mediante fotografías y audiovisuales las memorias, ritos, bailes, cantos, música, lenguas y religiones traídas a Cuba por aquellos hombres que fueron arrancados de sus tierras en África y convertidos en esclavos y que, al mezclarse con los nativos y residentes en la Isla, conformaron la nacionalidad cubana.

Una parte de ese trabajo se muestra en estos momentos en la Sala de la Diversidad, de La Habana Vieja, bajo el título Raíces, magia y mística. Decenas de personas han acudido a ver la nueva propuesta de Chile, que según él aseguró a JR está en ciernes, aunque lleva varios años desarrollándola, y nació de la curiosidad y atracción que le despiertan las raíces africanas.

«Nació también del instinto y deseo incurable de crear y exponer imágenes nuevas. De eso se trata. De indagar en ese universo que siempre me ha impresionado mucho e irlo descubriendo, de conocerlo y comprenderlo mejor», expresó.

—¿Cuáles fueron los orígenes de este proyecto?

—Su primera realización espiritual fue en el 2011, como parte del homenaje en Cuba al Año Internacional de la Afrodescendencia, declarado por la Unesco. En aquel momento tomé como punto de partida a Guanabacoa, ahí se me abrió un espacio precioso. Eso generó un resultado artístico que tuvo para mí una gran repercusión personal, porque la muestra fue vista en varios sitios de Cuba y en Argentina, Nueva York, Washington, San Francisco, en el museo del afroamericano de California.

«Recientemente, en Colombia, presenté una exposición integrada por piezas realizadas en aquella ocasión y algunas de las que integran  Raíces…, y recibí el cariño de quienes la vieron. Eso me dio más energía para seguir trabajando. No ya solo para cumplir un deseo y una necesidad recreativa, sino también para un público que acepta lo que estoy haciendo, se compenetra con ese universo que les propongo e incluso, me pide un poco más».

— ¿Por qué eligió la Sala de la Diversidad para dar a conocer Raíces...?

—Es un abrazo que me dio la Oficina del Historiador. Hacerlo ahí ha sido una válvula de escape. Las siete pantallas que posee esa sala permiten exponer muchas más fotografías que las que podría mostrar en otro espacio. Es importante que las imágenes, además de arte, puedan llegar a ser documentos que formen parte algún día del patrimonio de este país.

«Quise que fuera presentada por primera vez en Cuba, aunque es posible que recorra otras latitudes. Comencé por La Habana y ya he caminado algunos sitios como Matanzas, Cárdenas, Jagüey Grande, Perico, Agramonte, Palmiras, Orozco. Trinidad, Santiago de Cuba, y muchos otros lugares donde esas raíces nuestras están bien arraigadas, prolíferas y se cultivan cada vez con mayor pasión».

—¿Cómo ha sido el intercambio con los protagonistas de Raíces, magia y mística?

—El intercambio con los religiosos y con los que han abierto sus puertas a mi cámara y a mí ha sido muy enriquecedor. Se han convertido en mis amigos. Eso va generando un sentimiento mayor de atracción y respeto y una gran responsabilidad con lo que estás haciendo. A la inauguración asistieron más de 40 jagüeyenses.

«Raíces…, me da la posibilidad de hacer tanto fotografías captadas sin ningún control, como instantáneas un poco más controladas, en las que los protagonistas se prestan para que los retraten. Esa dualidad contribuye en algunos casos a filmar y documentar una realidad y en otros a poetizar y crear una obra de arte, porque no es solamente captar el momento sino también recrearlo. En este caso se ve en formato digital o en papel, pero las futuras puestas podrán llevar otros formatos y soportes e inclusos intervenciones que permitirán tratar el tema con mayor plasticidad, creatividad y poesía».

—¿Cuánto lo ha enriquecido como ser humano y también como profesional?

—Cada vez que uno se interna en algo es para sacar algún provecho: primero como ser humano y después como artista. Uno aprende a querer más a su país y a las personas que conoce, esencialmente personas humildes, que nos ofrecen todo lo que tienen y se convierten en parte de nuestra vida. Como artista es una continua experimentación, es tropezar con el error de vez en cuando y darse cuenta de que las cosas no siempre las hacemos como debería ser. Pero uno así va prosperando.

«Pienso que la única manera de crecer como artista es practicando, trabajando, creando. No se puede crear desde un buró, una cama, una casa. Hay que salir a ver la realidad y a chocar con ella.

«Quiero darles las gracias a quienes aportaron recursos e ideas imprescindibles para este largo viaje. Al equipo de trabajo que me acompaña y, muy especialmente, a quienes me han abierto las puertas de casas y templos, y me han permitido perpetuar estos momentos que son parte de la historia de Cuba.

«Aún queda mucho por mostrar. Queremos que el pueblo nos vea para que nos abran, unos más que otros, sus corazones, sus más íntimos espacios, como lo han hecho muchos. Mientras tenga lucidez, fuerza, vida, voy a seguir indagando de vez en cuando en la herencia africana y más que eso, en nuestras raíces. Unas veces más que otras, porque  tengo también otras ocupaciones. En un futuro será la española, la china».

—Ha dicho que una de las cosas que más le intimidan es que le llamen maestro. ¿Por qué?

—Me he forjado en la práctica diaria, como autodidacta y tomando de la experiencia de los que sí considero maestros. Cuando alguien me llama así lo acepto con cariño y respeto, pero seré siempre un aprendiz, y el último día de mi vida, si todavía tengo posibilidad de hablar, diré que ahora es que estoy aprendiendo a hacer fotografía».

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