La luz de D’Corazón

La agrupación que dirige Vicente Trigo quiere ser también cronista de su tiempo, por eso le canta a lo que viven, a lo que duele, a lo que aman

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Todo comenzó en la Escuela Nacional de Arte (ENA), cuando Vicente Trigo, Alejandro Agüero, Yibrán Rivero y Frank Santuces estudiaban Música. Fue por aquel entonces que a Vicente, quien cambió la guitarra clásica por el tres, le dio por componer y, claro, necesitaba, como también le sucedía a sus socios de siempre, una banda. Así nació D’Corazón.

Sucedió entonces que Vicente se tomó muy a pecho eso de aprender el arte de crear canciones, para lo cual se requiere, dice Trigo, sensibilidad y mucha cultura, pero también tiempo y oficio. «Compartía con mis amigos esa misma inquietud de querer probar algunos arreglos que nos rondaban por la cabeza. Queríamos experimentar, poner en práctica las herramientas que nos habían entregado en la escuela; saber cómo podíamos introducir en lo que andaba sonando en la calle en ese momento lo que habíamos incorporado. Poco a poco nos fuimos adentrando, con un placer inmenso, pues era lo que más nos atraía, en el universo de Silvio, de Pablo, de la trova tradicional... Encontré esa comunión de intereses en Alejandro, en Yibrán, en amigos que hoy continúan con el grupo.

«El tres, un instrumento muy rítmico, me resultaba provechoso para lo que perseguía. Alejandro y Yibrán venían también de la guitarra clásica, la que culminaron en el Instituto Superior de Arte (ISA), mientras que Frank aportaba la percusión, aunque todo se movía en el mundo de lo clásico. Es esa nuestra base. Los requerimientos del grupo nos fue llevando a tomar el instrumento con el que nos sentíamos más cómodos.

«Cuando terminamos en la ENA cada uno siguió su propio camino, hasta que nos reencontramos en el ISA. Entonces, decidimos retomar nuestro proyecto, ahora con la certeza de que “nos iba la vida en ello”. Fue en la universidad donde nos replanteamos a D’Corazón como algo muy serio, lo que equivalía a audicionar para una empresa, presentaciones, ensayos, grabaciones..., es decir, a emprender una carrera».

—¿Qué sucedió con ustedes cuando finalizaron la ENA?

—Hubo un impás con D’Corazón. Cada uno fue ubicado en una empresa de la Música. Yo fui, por ejemplo, para la Antonio María Romeu. Con el tres empecé a dar un curso sobre música cubana y a tocar con Aceituna sin hueso; Yibrán se compartía entre Isaac Delgado y Aceituna, mientras que Alejandro estaba con Sonantas Habaneras, bajo la tutela del maestro Jesús Ortega. Por supuesto que aprendimos muchísimo en ese período. Fue nuestra primera experiencia como profesionales. Jamás habíamos formado parte de grupos con trayectorias como esas, con un público con el que interactuaban constantemente, pero desconocido para nosotros, acostumbrados a actuar para nuestra gente en la ENA.

«Ingresamos en el ISA por el curso para trabajadores, con la idea de enfocarnos en los estudios para terminar nuestras carreras en el nivel superior, pero para esa fecha (por allá por el 2009), ya habíamos vivido algo que nos gustaba, que nos atraía sobremanera, que queríamos hacer, y en tercer año se nos empezó a complicar la existencia, porque la balanza se fue inclinando hacia lo que teníamos con D’Corazón.

«En lo personal, tuve que replantearme seriamente mi carrera, incluso, pedí un año de licencia, porque D’Corazón fue tomando más y más espacio. De repente estábamos grabando un disco, y hubo que dedicarle más tiempo a los arreglos... No obstante, hicimos un esfuerzo mayor y nos graduamos todos del ISA».

—Afortunados, porque consiguieron grabar un disco, lo cual no es nada fácil...

—Fue una bendición. Estábamos conscientes de que con una carrera incipiente era casi imposible que sucediera algo así. Abrirse paso y hacer un disco en poco menos de dos años fue como un milagro. Ocurrió que nos pusimos a tocar en peñas y en diversos espacios, y a compartir la escena con gente con una carrera muy sólida como Frank Delgado, Buena Fe, Ray Fernández..., amigos que empezaron a apoyarnos con instrumentos, consejos...

«Un día Israel (Rojas) fue a vernos a una presentación en vivo, le interesó la propuesta que llevábamos, y hasta nos dijo que debíamos registrar esos temas en un disco. Entonces nos invitó a que abriéramos un concierto muy hermoso en El Sauce, y luego nos convidaron a otro en el Karl Marx para cantar, como si no hubiera sido suficiente, una canción de mi autoría. ¿Te imaginas nosotros en ese coloso de Miramar, haciendo Máquinas, un tema mío, con Buena Fe, ante un público inmenso? Eso fue justo cuando en el ISA se nos puso la cosa fea, porque de pronto nos veíamos realizando muchos sueños que hasta ese momento nos parecían utopías.

«Israel resultó una pieza clave para A caminar. Él nos sugirió el estudio donde podíamos grabar de manera independiente, nos apoyó tremendamente, nos prestó los instrumentos... Realmente fue de ese modo. Luego el productor musical José Manuel García nos escuchó y se interesó, gracias a lo cual Bis Music licenció el disco. A caminar constituyó como una suerte de bitácora para nosotros, porque aquello que habíamos probado en la ENA y en el ISA lo logramos redondear mejor, después de un largo proceso de aprendizaje, de decantaciones. A caminar cerró una etapa y llegó con muchas dudas y deudas, porque se trata de una ópera prima apurada, joven impetuosa, y sin embargo, no existe ningún arrepentimiento.

«Este disco nos abrió muchísimas puertas, sobre todo nos permitió hacernos de un público con el que no contábamos, a la vez que nos ofreció la oportunidad, además, de tener nuestro primer videoclip, Son del botero, que concebimos nosotros mismos. Después vino otro con mayores pretensiones, titulado Desde aquí, el cual no solo ha sido esencial para nuestra promoción, sino que también nos acercó a un realizador excepcional como Joseph Ros, quien ha sido capaz de retratar la imagen y la estética que defendemos».

—¿Entonces quienes escuchen A caminar ya pueden descubrir la línea de trabajo de D’Corazón?

—Efectivamente. Nuestro disco es como una síntesis de lo que llevamos en vena, por dentro; de lo que somos. Y, no obstante, uno crece, lo que significa que necesitamos explorar nuevos senderos para marchar hacia adelante, intentar descubrir otras sonoridades, probar instrumentos diferentes. Yo creo que cada etapa, cada paso, puede resultar interesante si lo enfrentas con respeto, con coherencia, con una verdad. Es posible que quienes se acerquen al primer disco y al más reciente, Cosmopolita (2015), noten que difieren, aunque expongan la misma estética.

—¿Cómo han hecho para poder conseguir un sello dentro de un panorama en el que la competencia no es poca?

—No se trata de algo que nos hayamos planteado de manera consciente, matemática, que calculamos, o que tengamos un fundamento que nos indique que debemos ir por tal camino para despegarnos de determinada manera de hacer. Tampoco nos proponemos eso de ser originales, porque creo que ni siquiera uno lo puede decidir.

«Imagino que haya contribuido el hecho de que todos somos egresados de escuelas de arte, y que cada uno tiene sus inquietudes, sus gustos, su modo de enfrentar la música. Esto, a la hora de crear puede conducir a un aparente caos, porque lo más seguro es que cada cual intente imponer su punto de vista, su verdad, pero a la larga ese intercambio, esa retroalimentación, da un fruto muy interesante. Así nacieron los arreglos de nuestras canciones y justo fue eso lo que quisimos plasmar cuando Israel nos propuso hacer el disco: que fuera como un testimonio de lo que pasaba en los ensayos, en la ENA. No nos impusimos nada en lo absoluto, simplemente estaba ahí.

«Por supuesto que fue inevitable que a partir de nuestra colaboración con Buena Fe, por ejemplo, al principio la gente buscara semejanzas. Es normal, y no nos preocupaba porque estábamos convencidos de que quienes se aproximaran a D’Corazón hallarían nuestra esencia dentro de esa estética que es la trova, y que tiene representantes que admiramos profundamente como Frank Delgado, Buena Fe, Carlos Varela... Yo aprendí a escribir canciones gracias a Silvio. Siempre lo digo: Silvio me enseñó a componer, y uno, como quiera que sea, no puede desligarse de eso tampoco.

«Hubo un tiempo en el que mis temas eran como los de Silvio, y otro en que eran como los de Carlos, o los de Buena Fe, Habana Abierta, David Torrens... Esas canciones permanecen ahí, pero fueron las que me dijeron: “Ok, ahora encuéntrate a ti mismo, cántale a tus sueños, a tus amores, a las preocupaciones de tu generación”. Lo mejor es que el tiempo lo va filtrando todo. Igual me acompaña el privilegio de tener a mi lado a músicos geniales como Alejandro, Yibrán, Frank, patrones muy fuertes que han posibilitado que entre todos hallemos nuestra propia luz, porque yo solo, sin ellos, no soy nadie. Somos un todo».

—¿A qué le canta D’Corazón?

—A nuestra actualidad, a lo que vivimos, a lo que pisamos, a lo que nos duele, a lo que nos hiere, a lo que amamos. A lo que está. A lo que estuvo y ya no está. A lo que nos dicen nuestras madres y nuestros abuelos. A lo que pudo ser, a una ilusión... Queremos ser también cronistas de nuestro tiempo.

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