Un 13, de buena suerte

El Festival Piña colada cuenta ya con 13 años de historia

Autor:

Luis Raúl Vázquez Muñoz

CIEGO DE ÁVILA.— Dígase música fusión y comenzaban los problemas. Hace más de 13 años, cuando en el país emergía un número importante de agrupaciones y músicos jóvenes, el concepto de fusión comenzaba a escucharse en boca de estos artistas.

Ellos reivindicaban su disposición a la mezcla de géneros y ritmos en un solo formato, en un tema particular o en toda su obra. Era una posición estética, una manera de entender el arte. Y no pocos, en ese momento, se preguntaban: «¿Qué es eso de fusión? ¿Qué invento es ese de mezclar el rock con la salsa?»

El concepto de música fusión alimentó, entonces, una de las tantas polémicas originadas en torno a la música nacional. Basta recordar, por solo mencionar algunos ejemplos, los debates sobre la música salsa y su boom; las letras que con cierto grado de sordidez se escuchaban en determinados intérpretes o el señalamiento que no pocos le hacían a determinadas agrupaciones danzarias de olvidar los ritmos africanos en favor de los españoles, más cuando lo hacían en nombre, precisamente, de la fusión.

En medio de esos criterios, Arnaldo Rodríguez, «El Talismán», se iba a la tierra de sus orígenes, Ciego de Ávila, para fundar el Festival de música fusión Piña colada, evento que ya cuenta con 13 años de historia.

Más allá de las polémicas sobre conceptos, de los momentos de alta y de baja del Festival, lo cierto es que este encuentro ha servido para fijar un espacio sobre los modos de hacer y las miradas que sobre la música nacional hoy tienen muchos de sus protagonistas.

Lejos de los malos augurios

Con su alusión a la mala suerte, cualquiera —aun en broma— pudiera señalar que esta edición del Piña colada, por aquello del 13, se encontraba destinada a los tropiezos. Sin embargo, no ha sido así. En opinión de Virginio Menéndez Moro, director provincial de Cultura, el del 2016 ya clasifica entre los más grandes que se han celebrado.

«Podemos decir, afirmó, que esta edición es una de las mayores. Lo aseguramos por muchos motivos, especialmente porque han asistido a esta convocatoria más de 400 artistas y 60 agrupaciones, lo que ha llevado a un esfuerzo organizativo superior. Máxime cuando este es un festival sobre ruedas al programarse actuaciones en muchos municipios de la provincia».

A pesar de que el Piña diga adiós esta noche, lo que sí perdurará en el tiempo serán las actuaciones de sus participantes: Pancho Amat, premio nacional de Música 2010 y a quien está dedicado el encuentro; Leoni Torres, Héctor Téllez, Alexander Abreu y Havana D’Primera, Polito Ibáñez, Raúl Paz y Will Campa. En materia de rumba se presentaron Los Muñequitos de Matanzas y Rumbávila; en tanto el jazz estuvo representado por Zule Guerra. Y el listado pudiera seguir.

Evento renovado

En muchos sentidos la edición de 2016 fue el estreno de nuevos espacios e integraciones. Es la renovación de esta cita. En primer lugar, la integración con la Brigada de Instructores de Artes José Martí. En estos días, brigadistas de diferentes territorios socializaron sus experiencias y actuaron en comunidades de la provincia, al tiempo que intervinieron en el evento La Trocha, donde se reúnen las unidades artísticas de la Brigada con su misión de rescatar y preservar las expresiones culturales originarias de distintas localidades.

Luego, la creciente presencia de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), a cuyo 30 aniversario está dedicado este Festival, al igual que al 54 de la UJC. Agrupaciones de 12 provincias, integradas por jóvenes artistas, actuaron en el Piña colada para reforzar uno de sus objetivos: la diversidad de propuestas en cuanto a música se refiere.

El listado lo confirma. Por la AHS se presentaron, entre otros, 2 en 1 y Zohar (jazz), Metástasis, Schwit, Rice and Beans (rock), Los Compiches y la Akademia (rap), y Motivos Personales junto con Señales (Trova-Fusión), sin olvidar a los DJ Reinking y Leo.

Por último, la celebración durante dos días del Simposio Música, sociedad y juventud, espacio que, en opinión de los organizadores, llegó para quedarse, y que sesionó en la sede Manuel Ascunce Domenech de la Universidad de Ciego de Ávila Máximo Gómez Báez. Allí, entre otros temas, se debatió sobre la relación, muchas veces polémica y contradictoria, entre la música y la formación de los públicos en Cuba.

Sí, la fusión

Con todo el peso que implica su criterio, Pancho Amat, quien recibió la condición de Huésped Ilustre por el Gobierno Provincial de Ciego de Ávila, dejó clara su posición sobre el Piña colada y la necesidad de que los músicos cubanos cuenten con un espacio no solo para actuar sino para pensar su diversidad creativa.

«Un evento de este tipo es muy importante

—explicó. La música cubana es una fusión en toda su génesis. Una unión de ritmos españoles, africanos, franceses, norteamericanos y de otras geografías, que se han fundido en el crisol del Caribe.

«Yo soy un ejemplo, entre muchos. Hago música tradicional pero mezclada con elementos orientales, con sonoridades del rock o cosas de Sindo Garay con las de Silvio Rodríguez, y todo eso sin perder la identidad. Pero si nos vamos a otros participantes encontraremos lo mismo; de ahí una de las virtudes del Piña colada: agrupar múltiples tendencias y socializar experiencias.

«Al interactuar con variedad amplia de artistas, esta es una posibilidad de valorar cómo se proyecta la música cubana hacia el futuro. Es decir, es momento de examinar el pasado, cuál es la situación del presente y mirar hacia adelante. Para mí eso es muy importante».

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