Asombros mutuos

Los organizadores del festival China-Latin America and Caribbean 2016 Year of Culture Exchange invitaron al Lizt Alfonso Dance Cuba y en representación de la Isla la compañía deslumbró a los anfitriones con su reconocido estilo fusión

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

BEIJING, República Popular China.— Cierto que entonces hubiera sido difícil de imaginar, pero resulta evidente que mal hizo mi gente en no prepararme cuando era un niño para  mi primer viaje a Asia. Y es que este cronista, la verdad, siempre ha sido un desastre a la hora de comer. Incapaz de poner a prueba mi llano paladar, y «cubanísimo» si alguien se guía por ese eterno apego mío al congrí, la carne de puerco y al plátano maduro frito, en días recientes me la pusieron «en chino», cuando en aquel lujoso restaurante de Beijing ni un solo plato me recordó al arroz frito que los occidentales se han encargado de reproducir por doquier como si fuera la más auténtica expresión del milenario arte culinario oriental.

Ello explica que este servidor se hubiera visto obligado a la «dieta» cuando los organizadores del festival China-Latin America and Caribbean 2016 Year of Culture Exchange convidaron a los integrantes del Lizt Alfonso Dance Cuba (LADC) a que degustaran los manjares de casa, también como parte del evento que inauguró el año en que la tierra del dragón se propuso potenciar aún más sus relaciones culturales con los pueblos del continente americano. Sucedió que se trataba no solo de que en representación de la Isla la compañía deslumbrara a los nativos con su reconocido estilo fusión (como  lo harían con sus músicas y danzas los brasileños, mexicanos, argentinos, colombianos, uruguayos, jamaicanos, peruanos...), sino que también los visitantes quedaran impactados con lo que la nación más poblada del mundo tiene que mostrarnos.

De cualquier modo, ya puedo decir que he estado en Beijing, tanto porque he podido comprobar que, al menos con la tropa que dirige la maestra y coreógrafa Lizt Alfonso, los chinos sin incapaces de reaccionar de manera reservada, de acuerdo con sus hábitos, como porque cumplí con uno de los requisitos esenciales para poder afirmar que en realidad visité la afamada capital: me despojé de mis prejuicios alimenticios y pude irle arriba al kao ya.

Así se le dice en aquel idioma al pato laqueado, una de las delicatessen de la cocina china, que tuvo un éxito tremendo entre los miembros de la compañía, quienes en esa jornada especial se dieron gusto no solo con esta ave que antes se cría en sistema de estabulación (dentro de un espacio que limita sus movimientos) y que luego se prepara con una salsa muy peculiar, cuyo secreto permanece muy bien resguardado.

Es innegable que el Kao Ya, junto al Zhu Rou Gu Lao Rou (cerdo agridulce), el pollo Kong Pao (con maní) y el lamiàn (fideos elaborados manualmente) al estilo Beijing o al Sichuan, conquistaron el entusiasmo de no pocos. De hecho, en una «encuesta» que por entonces realizó JR, el primer bailarín Jerlandys Milián ubicó estos platos tradicionales entre lo más exótico que encontró.

Sin embargo, este hijo de San Cristóbal, en Pinar del Río, causó idéntico efecto en el numeroso público que reunió en sus dos galas el Tianqiao Performing Arts Center, y finalizado el China-Latin America and Caribbean 2016 Year of Culture Exchange, el Centro Cultural de Kangzhuang, en el distrito de Yanqing, cuyo auditorio quedó extasiado con el espectáculo Cuba vibra!, en el que Milián se luce lo mismo protagonizando Seduction, al lado de Yadira Yasell, que en Danzón-cha y Vecindario, con los otros dos representantes masculinos de la compañía, Oddebí García y Carlos Emilio, y esas muchachas sensuales de técnica superior, que se admiran por esa mezcla de fuerza, sincronismo y delicadeza con que se lanzan a bailar.

Interrogado en varias ocasiones por la prensa local, a Jerlandys le tocó narrar más de una vez que se suponía que fuera médico o deportista, por aquello de la tradición familiar, y que incluso llegó a practicar la lucha libre. Pero quiso el destino que cuando la Escuela Vocacional de Arte llegó a su primaria para realizar las captaciones él, con nueve años, quedó entre los preseleccionados.

«Me gané un “raspacoco” cuando le conté a mi mamá, porque pensó que intentaba engañarla para ausentarme de la escuela —acostumbraba a apuntarme en lo que apareciera con tal de “perderme”. Por eso ella me llevó y terminé en ballet», cuenta este joven que arribó a 26 años mientras actuaba en China y que antes de sumarse a LADC formó parte, durante cuatro años, de Danza Contemporánea de Cuba, bajo las órdenes del maestro Miguel Iglesias (su principal escuela, dice); de Rakatán, Yoldance, el Ballet de la Televisión Cubana...

Sí, porque Jerlandys se escapaba de sus clases de ballet para «infiltrarse» en las de danza, y tanto dio que esa fue la especialidad de la cual se graduó en la ENA, con la puntuación máxima, gracias también a Autorretratos, coreografía que entonces concibió de conjunto con Edson Cabrera. Su entrada a LADC se produjo a finales de 2013, «porque necesitaba crecer, desarrollarme a plenitud.

«LADC ha sido vital para ganar en disciplina, para centrarme completamente en el trabajo… Es que la exigencia aquí no se detiene, pero al mismo tiempo te sientes en medio de un ambiente muy humano, sano, rodeado de gente linda. Y eso se respira en los espectáculos que hacemos. Por eso se establece esa comunicación tan cercana con el público».

Inolvidables momentos

Inolvidable resultó para María Carla Cardona la noche en que el Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Cuba en la República Popular de China propició que la compañía estuviera en nuestra sede diplomática. «Es que un potaje de frijoles negros con su punto de comino sabe a gloria cuando se está lejos de la tierra», asegura sonriente esta bella muchacha que a los tres años, guiada por sus ángeles de la guarda, sus abuelos, se tropezó con la gimnasia rítmica. Por ellos se dirigió luego a la casa de cultura del barrio habanero de Los Pinos y más tarde a los talleres vocacionales del Ballet Español de Cuba, hasta que a los 13 descubrió el mundo de Lizt Alfonso, a través del Concurso Coreográfico.

«Se esmeraron para que nos sintiéramos como en nuestro propio hogar —continúa—, y además para que alimentáramos nuestro orgullo. Allí conocí sobre el modo como se establecieron, en septiembre de 1960, las relaciones diplomáticas entre nuestros pueblos por las historias que nos contó el Embajador, y por medio de las imágenes que conforman un “museo” que es muy peculiar», señala María Carla, quien en 2012 integró la nómina de la primera Unidad Artístico Docente de la compañía, adscripta a la ENA.

«Son cosas que permanecerán en nuestras mentes por siempre. Como la primera vez que asumí un papel protagónico: el de Regla. Sucedió durante la gira que realizamos por Canadá en 2015 con Amigas... Recibir esos aplausos tan calurosos propicia una emoción que es indescriptible...».

Sueños cumplidos

Yadira Yasell también se cuenta entre las bailarinas de LADC que se sienten marcadas. De ahí que el 11 de septiembre de 2012 esta primera bailarina lo tenga como una fecha que no se le borrará jamás. «Recuerdo hasta que fue un martes. Había compartido una clase con el primer elenco de la compañía y estaba supernerviosa. Nerviosa, porque quería mostrar todo lo que necesitaban de mí. Hoy soy una persona muy dichosa porque los sueños con los que llegué a LADC se han cumplido, y porque han aparecido otros que ni siquiera imaginaba. ¡Y todos me han hecho tan feliz!».

¿Cuáles, por ejemplo?, le pregunta de inmediato JR, y Yadira Yasell no se demora en responder: «Podría decirte que conocer el mundo, llevar a cabo una gira nacional con Amigas en 2013; que la maestra Lizt creara Seduction, que estrenamos en Holanda y Bélgica: bailar dentro de Alas el Elogio de la danza, compuesto por el maestro Leo Brouwer, poder compartir el escenario con figuras cumbre de la cultura universal, como nuestra Omara Portuondo, o ahora mismo en China, con el renombrado pianista de ese país Lang Lang, o el argentino Julio Bocca, uno de mis ídolos...».

Como el resto del colectivo danzario, la Yasell no ha podido permanecer indiferente ante la Ciudad Prohibida o el Palacio Imperial, como también se le conoce. Ni ella misma sabe cómo su teléfono celular no «colapsó» con todas las fotos que se tomó en aquel emblemático lugar que se convirtió en el centro del poder de las dinastías Ming y Qing. «Asombra la cantidad de personas que llegan a este complejo de palacios, y sobre todo que la mayor parte sean los naturales de allí, porque durante muchos años se vieron imposibilitados de entrar a este sitio mágico, pues necesitaban permisos especiales.

«Una se queda alelada observando esas edificaciones majestuosas, la magnífica arquitectura y los valiosos objetos que se conversan en la Ciudad Prohibida, donde vivieron 24 emperadores».

Regreso en grande

Con sus 72 hectáreas, la Ciudad Prohibida, el mayor complejo de palacios superviviente del planeta, estuvo entre lo más impresionante de lo mucho que vio Carlos Emilio García de una ciudad rodeada de cinco anillos de circunvalación, que hechiza por esa apariencia futurista que asoma con frecuencia. Sin embargo, puesto a decidir, el primer bailarín se quedó con la Gran Muralla China.

«No es para menos, constituye una fortificación que parece increíble que seres humanos hayan podido levantar. Se dice que cuenta con más de 20 000 kilómetros de largo y te aseguro que hay que tener buenas piernas para recorrerla», manifiesta Carlos Emilio, quien le confesó al diario que el tramo que venció de esta obra  Patrimonio de la Humanidad, según designó la Unesco en 1987, le puso las piernas a gozar.

«Es como si hubiera hecho Cuba vibra! en un segundo. Menos mal que representamos este espectáculo en Yanqing, distrito situado al pie de la Gran Muralla, después de que la habíamos escalado, porque de lo contrario hubiéramos necesitado una ambulancia tras aquella presentación que allí tanto impactó», cuenta con una sonrisa en los labios quien se adentró en el universo de la danza de casualidad, cuando Fidel Castro hiciera la convocatoria para los Talleres Vocacionales de Ballet, aunque él no tenía ni la más remota idea de qué se trataba.

«Me presenté para salir más temprano y llegar a casa para ponerme a jugar, pero me salió “mal”. No me pude escapar y tuve que realizar los exámenes, que aprobé. Después vino el rechazo, por la burla de mis socios en el barrio, pero mis padres no cedieron».

Terminó Carlos Emilio con dificultad la Escuela Elemental de Ballet Alejo Carpentier (L y 19), y hubo momentos de grandes decepciones. El caso fue que no consiguió clasificar para la ENA y fue a parar a la escuela de Espectáculos, «justo el sitio que todos señalaban como lo peor que le podía pasar a un bailarín, pero allí empecé a encontrar mi verdadero camino. Fundamental resultó trabajar inicialmente en mi práctica y después como parte de su compañía, con el maestro Santiago Alfonso, toda una institución, y quien me dio la oportunidad de estar en espectáculos junto a Omara, Buenavista Social Club, Tom Jones...».

Como ahora en China, estuvo antes en Suecia, Finlandia, Rusia, Francia... Pero se lastimó, una trombosis en el brazo izquierdo lo obligó a un breve receso. Mas el regreso quería hacerlo en grande y optó por intentarlo con Lizt. «Quería comenzar bien en serio y esta era una de las dos compañías que me lo podían propiciar.

«¿Qué si ha valido la pena? ¡Por supuesto! Me propuse descubrir cómo la maestra logra esos resultados que colocan a la compañía en un sitial tan alto, no solo en Cuba. Me llena de satisfacción saber que formo parte de tan destacada trayectoria. Es un privilegio que acaban de disfrutar quienes apreciaron Cuba vibra! en China y que yo he podido vivir intensamente como artista».

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