Con Cuba a cuestas

Reconocido dentro y fuera del país como uno de los grandes músicos del siglo XXI, Alain Pérez confiesa que la clave de su éxito está en defender las esencias de las melodías nacidas en su Patria

Autor:

Lisandra Gómez Guerra

SANCTI SPÍRITUS.— Los compases del punto y las tonadas guajiras esparramadas junto al olor a caña por Manaca Iznaga, un batey de Trinidad, llamaron la atención desde la cuna a Alain Pérez. Le bastó solo escuchar con detenimiento el sui géneris ritmo de aquellas jornadas de parranda sin fin en el patio de su casa, para comprender que por sus venas corrían también los acordes musicales.

Con cerca de siete años tomó por vez primera en mano una guitarra y le sacó un sonido muy propio. Y ya no pudo detenerse. Inició, entonces, una carrera que desde hace un tiempo lo distingue entre los más sobresalientes músicos del siglo XXI.

«Mi primo Rewar me enseñó a tocar. Me unía durante horas a los campesinos que venían hasta mi casa. Luego, en donde vivía mi tío Titico, Río Ay arriba, un ingeniero de sonido me escuchó cantar y me invitó para que me uniera al grupo cienfueguero Cielito lindo. Con nueve años dije adiós a todos y, desde entonces, me siento comprometido con ese momento de mi vida que aún no ha acabado», cuenta con un acento que delata su génesis.

Ya en la Perla del Sur dirigió sus pasos hacia la academia al descubrir los secretos de las melodías en el conservatorio Manuel Samuell; luego en la Escuela Vocacional de Arte Olga Alonso, en Santa Clara, y más tarde en la Escuela Nacional de Arte (ENA), en La Habana. En cada uno de esos centros Alain Pérez perfeccionó ese don natural y la interpretación de varios instrumentos.

—Bajista, percusionista, cantante, arreglista, compositor y pianista, destacan en tu currículo. ¿Cómo te defines?

—Como un músico que se interesa por las diferentes sonoridades tímbricas que forman parte de los estilos, géneros y canciones. Esa necesidad me lleva a tocar los diversos instrumentos.

—¿Cómo hacer tantas cosas a la vez, sin que en ninguna de ellas se aprecien vestigios de concesiones en el arte que defiendes?

—Creo que se debe a mi carácter. Mi padre y madre me educaron para ser una persona educada, abierta, cercana y eso se traduce en mi música. Cuando he trabajado con extranjeros todos han compartido conmigo la defensa de las esencias de su folclor.

—¿Qué se ha llevado Alain por el mundo de sus orígenes en Manaca Iznaga?

—La sonrisa de la gente humilde y sencilla; la alegría y la naturaleza del ser humano. El poder de quien soy espiritualmente. Cuando no me he sentido bien, por los tropiezos lógicos de la vida, siempre recuerdo mi pueblo, mi casita.

—¿Cómo es el proceso creativo de escribir a cuatro manos, junto a tu papá, Gradelio Pérez?

—De forma espontánea y natural. Mi papá es poeta y yo desde pequeñito lo acompañaba con la armonía. Nuestra primera canción recuerdo que la hicimos con tres acordes, los únicos que me sabía en ese entonces y él le puso la letra. Ha sido una guía importante en la parte intelectual para cuidar los textos y a la música cubana.

—¿Qué descubriste en el Benny, Arsenio Rodríguez, Bola de Nieve y otros tantos músicos cubanos de épocas pasadas, para que sus huellas regresen una y otra vez a tus canciones?

—Ellos son mis dioses, héroes y maestros porque marcaron la pauta, el estilo, el nombre de Cuba. Son sinónimo del aroma del tabaco, del son, de la mulata y también de mi tierra y raíces. Para mí, imprescindibles para seguir produciendo.

—En escena Alain Pérez se asemeja mucho al Benny, sobre todo en la explosividad de sus movimientos y estilo melódico, ¿casualidad o ejemplo a seguir?

—Tengo una conexión muy especial con él, nunca lo he forzado. Siempre será insustituible. Coincido con el Benny en su dominio escénico, ritmo. A diferencia de él tuve la suerte de estudiar, pero el equilibrio entre la escuela y la calle hacen que Alain Pérez tenga otro alcance.

—Chucho, Irakere, Isaac…, otros contemporáneos han bendecido musicalmente tu carrera. ¿Qué bebiste de ellos?

—Irakere está muy presente en mí, incluso hasta a la hora de crear una idea. Chucho fue mi mentor en Cuba. Me sacó de la ENA y me mostró un escenario nacional y, luego el extranjero. Él es un mito viviente, que a veces las nuevas generaciones descuidan. A Issac, entre tantas cosas, le agradezco ser un bajista profesional.

El regreso

Pasados más de 15 años ausente de los escenarios cubanos, Alain Pérez apostó por un retorno por la puerta ancha. Su cuarta producción discográfica Hablando con Juana resultó un éxito desde la primera presentación.

Sentado frente a mí, despojado de cualquier pose extranjera y muy cercano de su Manaca Iznaga, me confiesa sus proyectos más inmediatos.

«Quiero compartir mi carrera con todo el país y que el mundo vea que Alain es un cantante que defiende a la música popular cubana», dice mientras absorbe un trago de Havana Club.

—Como el Benny, Havana abierta, Raúl Paz y otros, te hiciste popular fuera de la Isla, ¿qué se siente?

—Considero que es otra forma de reconocimiento, aunque a nivel de masas no soy famoso. Por eso estoy aquí, junto al público que al final es la vitamina, alegría y como eso no hay nada. Ya me hacía falta compartir con ellos, mucho más allá de lo que piense la crítica especializada y los colegas.

—Actualmente, resulta difícil para muchos no dejarse influir por ritmos y estilos de moda. ¿Por qué seguir apostando por la salsa fusionada con otros ritmos tradicionales como el son y el bolero?

—Por mi origen arraigado. Está presente en mi forma de hablar, en cómo actúo y siento. Es un problema sencillamente de amor. Aunque he comido de diferentes y ricos platos, te confieso que el arroz con frijoles es el mejor. Así sabe mi negra Cuba.

—¿Qué crees que sea lo que distingue a nuestra música?

—Es contagiosa, alegre. Tiene muchas dinámicas, géneros y debido a esa fusión en el mestizaje se hace especial. El carisma de nuestros músicos denota originalidad.

—¿Cómo un cubano tan auténtico pudo colarse entre los fanáticos del flamenco?

—Porque ellos son amantes de nuestra música, de nuestro folclor, de los grandes de aquí. Ese punto de encuentro y la posibilidad de defender las esencias me dio la llave para colarme en el flamenco.

—¿Alain Pérez es un hombre afortunado o ha estado siempre en el lugar exacto?

—Las dos. Primero porque nací con la música y luego porque pude salir aquel día de Manaca Iznaga para convertirme en parte de quien soy.

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