De su sueño a nuestro sueño

Múltiples muestras de pesar en la población por el fallecimiento de la notable guionista Maité Vera, que acaba de abandonar este mundo a los 85 años de edad

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Definitivamente jamás se está preparado para afrontar la muerte de personas que se quieren, que te han acompañado durante toda la vida. El golpe es duro cuando te percatas de que tal vez habiendo tenido la oportunidad de hacerles saber cuánto nos ayudaron a crecer, nunca se lo dijimos. Así me ha sucedido con la notable guionista Maité Vera que acaba de abandonar este mundo a los 85 años de edad, y quien se coló dentro de mí desde que firmara La peña del león, la telenovela que se adueñó de la pantalla en 1976.

Ni siquiera llegaba a los diez años cuando me cautivó, como mismo encantó a toda su Cuba, con aquella historia que narraba en La peña del león sobre el testarudo Melesio, el campesino que se negaba a abandonar su rancho para sumarse al sistema de cooperativas que le proponía la Revolución. Y luego la Vera ejercería idéntico efecto en su gente con el inolvidable El viejo espigón, con Oro verde… Esas telenovelas con las que introducía en la televisión, por medio del espacio Horizontes, temas novedosos relacionados con nuestra existencia.

Porque lo cierto es que nuestra Maité nos ayudó a entender cómo somos. Con La frontera del deber, Un bolero para Eduardo, La séptima familia, Rebelión, El hombre que vino con la lluvia, Antonia, Sin perder la ternura, Doble Juego, Salir de noche, La cara oculta de la luna... Vera se dispuso a aferrarnos a nuestra identidad.

Nadie mejor en esta Isla que esa gran señora para versionar obras de la literatura universal como Teresa Raquin, El rojo y el negro, La joven de la flecha de oro, Cumbres borrascosas, Rosas a crédito..., y al mismo tiempo concebir personajes que se instalaron en nuestro imaginario para siempre, que nos llevaron a reír y a llorar, que nos hicieron cómplices de sus heroísmos y mezquindades.

Ahora que me toca decir en nombre de su pueblo cuánto la admiramos, que repaso su extensa obra creativa en la que asoman dramatizados que no fueron ciertamente felices, pero en la que saltan sobre todo títulos que ni siquiera imaginé que le pertenecían y que la colocan en la cúspide, me asiste la seguridad absoluta de que Maité Vera pasará a la historia como la creadora que consiguió entregarnos un producto cultural que logró comunicarse con esa mayoría que no ha podido olvidar telenovelas que paralizaron al país, al estilo de Sol de batey, Pasión y prejuicio y Tierra brava, o que conquistaron aplausos unánimes más recientes como Al compás del son.

Imagino que aprendió a observarnos y a retratarnos mientras fue haciendo suyas las más disímiles profesiones hasta que, después de 1959, comenzó a estudiar en el Seminario de Dramaturgia que dirigió el argentino Osvaldo Dragún, lo cual le posibilitó trabajar más tarde como asesora literaria en el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT).

Graduada del Instituto Superior de Arte, en la especialidad de Teatrología y Dramaturgia de la Facultad de Artes Escénicas, escribió además para nuestras tablas piezas que marcaron épocas: desde Las yaguas (1963) hasta Eleguá y las tres reinas (1994). Pero a Maité, que falleció este martes víctima de una grave dolencia intestinal, según informaciones recibidas en nuestra redacción, la recordaremos especialmente por juntarnos a todos en casa, como linda familia, a la hora en que se transmitían aquellas telenovelas que contaban sus cercanas y cotidianas historias. A ella que pudo materializar su sueño de conmovernos, que hizo lo posible por cambiarnos para mejor, le tendremos que agradecer por enseñarnos también a creer y a soñar.

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