Hay público para el rock cubano

Tesis de Menta estrena Río Arriba, su más reciente producción. Su director, Roberto Perdomo, conversa con JR sobre el destino del género roquero en este Archipiélago

Autor:

Susana Gómes Bugallo

Roberto Perdomo es —además del compositor, líder, guitarrista y vocalista de Tesis de Menta— alguien que ama conversar si se trata de temas que le apasionan. Por esa razón, y porque compartimos más de un desvelo, he llegado hasta él ahora que recién estrena el quinto disco de una de las bandas que más tiene que contar cuando se trata del rock auténtico hecho en Cuba.

Pero como en estas lides roqueras tan poco mentadas Perdomo tiene mucho que decir, nuestro diálogo pretendió andar por las enrevesadas rutas de este género en el archipiélago. Y así recorrimos caminos musicales y sociales con el propósito de viajar siempre Río Arriba, nombre de la nueva producción del grupo.

—¿Crees que este sea el momento en que Tesis de Menta va río arriba? ¿Y antes de estar río arriba dónde se está?

—Cuando uno va río arriba va en busca de la fuente. Y un grupo como Tesis siempre irá así, porque estamos en experimentación constante. Cuando se está bajo la influencia de un estado de ánimo y de las condiciones de un país cambiante como Cuba, y tratando de ser lo más sincero posible en la lírica y en la música, no siempre se es entendido por todos, que es lo que ha ocurrido hasta ahora.

«Creo que Tesis ya entró en el gusto popular. Lo siento cuando voy caminando por las calles y la gente se me acerca a comentarme de las canciones. Éramos una banda underground con acceso a los medios de comunicación, pero la gente no entendía aún. Pienso que la canción que abrió el camino es Soltando amarras (interpretada junto a Pablo Milanés).

«Siento que hoy ya somos comprendidos. Que gustamos, que nos respetan porque hemos pasado una larga prueba de fuego haciendo nuestra música sin concesiones. Me gusta navegar río arriba. Como rebelde, siempre iré contra la corriente.

«El amor hacia la música y la necesidad absoluta de sacar lo que se lleva dentro son las corrientes que ayudan a seguir. Nunca he pensado en si una canción va a gustar, si estará de moda o si ganaré dinero con ella (porque no he ganado dinero con la música). Pero me lleva la devoción por la música, porque a ella debo todo lo que soy».

—¿A qué cambios debió enfrentarse Tesis y tú como compositor y vocalista con la salida de Beatrix del grupo? ¿Qué nació con esta nueva etapa de la banda?

—Siempre sentí que el disco Luz era el fin de la primera etapa del grupo. Desde que componía los temas sabía que eran un final y un principio. Cuando grabé ese fonograma, mi vida se transformó. Fue como cerrar un ciclo de una década. Y empecé a componer diferente.

«El cambio fue muy natural, aunque se trataba de modificar la banda luego de trabajar diez años con una persona tan importante en el grupo. Pero supimos cambiar rápido, porque yo siempre había cantado y se trataba de mis canciones. Mi interior me decía que era el momento de tomar las riendas del canto. Y lo estoy disfrutando».

—¿Cómo lograr un disco más auténtico, lejos del sello de un productor, que se parezca más a tus esencias?

—Me dejé llevar. Soy devoto de trabajar con lo más reciente que hago. Ensayamos pocas veces antes de entrar al estudio, y cuando empezamos a grabar, nos sorprendió. Fue una madrugada completa, y cuando acabamos y lo escuchamos, nos dimos cuenta de que el disco nos pedía más. Quisimos dejar que la música tuviera el control, y no al revés, como en discos anteriores. Entonces el disco tomó cuerpo y alma propia. Nos pedía y respondíamos a sus demandas.

«Luis Durán (grabador, mezclador y masterizador del disco) se compenetró desde el principio. Y como es experto en este mundo, supo que venía algo interesante. Y se entregó con amor. Nos quedamos con una sensación de que no lo habíamos hecho nosotros. Hace años tenía ganas de grabar un disco así: conceptual y atemporal, como grandes artistas que fueron al estudio sin nada preconcebido y funcionó.

«Es un disco independiente que hicimos gracias a la ayuda de Lynn, Suilén y Pablo Milanés. He presentado materiales en las disqueras cubanas y no se han interesado en ninguno de los últimos tres discos independientes. Sin embargo, hemos sido ganadores del Premio Cubadisco. Estoy tratando de sacar el disco hacia afuera, a ver si alguna disquera extranjera se interesa. Si no, seguiremos trabajando».

—¿Cuánto hay del alma de Pablo Milanés en los momentos que vive hoy Tesis de Menta? ¿Qué te dio su presencia en este disco con un tema tan emblemático como Bolero Blues?

—Él estuvo pendiente del proceso de grabación. Me aconsejó que cantara yo. Pablo es uno de los artistas que admiré desde niño. Es un hombre muy grande que ocupa un lugar importante dentro de la historia musical de América Latina y uno de los mejores cantantes del siglo XX. Su pensamiento ha estado cerca de mí y le ha puesto voz a varios temas como solo él sabe hacerlo. Y eso ha sido algo muy grande, que yo considero el pago de trabajar por amor.

—¿Qué saldo te ha dejado tu obsesión por defender el espíritu de banda en un mundo lleno de individualismo?

—Crecí en una época en la que se admiraban las bandas y me formé en esa filosofía. Se me han acercado personas a decirme que le ponga al grupo Roberto Perdomo y Tesis de Menta. Pero no me gusta; me siento parte de un grupo. Sé que soy la médula espinal por las composiciones y porque soy el frontmen, pero me gusta que cada quien ponga lo suyo. Disfruto sentirme arropado por un grupo, me enriquece mucho, aprendemos más. Cuando ocurre esa magia musical entre todos, es tremendo. He huido siempre del individualismo porque pienso que aísla y bloquea.

—¿Cuáles son los Tormentos de tu tiempo? ¿Cuánto va cambiando tu espíritu social e ideológico, desde Mi generación, pasando por Queda Amor y por Luz?

—Uno va cambiando, pero la humanidad con la que siempre he mirado a las personas nunca ha muerto en mí. Cuando encontré a Martí, sus ideas se convirtieron en una espada. He aprendido a enfrentar las cosas con más inteligencia, pero soy el mismo rebelde que escribe canciones de amor, con el compromiso de su generación. Creo que estoy en un tiempo con el que debo fundirme, habitarlo bien y ser crítico, desde un punto de vista edificante. Sé que eso trae problemas y ha sido un obstáculo. Pero no me importa. Lo que no puedo es cambiar.

—¿Cuánto te ha forjado tu manía de aprender de las grandes figuras del pensamiento, la música y la vida? ¿Qué lugar ocupan dentro de esa sabiduría las enseñanzas de tu abuelo y los personajes célebres de tu niñez?

—Soy un amante de la historia. Y dentro de esta, de la musical. Aprendo mucho de las biografías de los artistas. Tengo paradigmas en la literatura, las artes plásticas y el cine… Además, soy un melómano empedernido.

«Por otra parte, vengo del pueblo más surrealista de la tierra: San Antonio de los Baños. Un pueblo maravilloso, con personajes tremendos. Mi abuelo fue uno de ellos. Era un tipo muy cómico y con una sabiduría increíble. Pero había otros tantos importantísimos en mi infancia. Son gente que ya no existe, pero están en mí, porque les escuché los primeros cuentos de sabiduría guajira.

«De allá también es un artista que me deslumbró cuando lo escuché: Silvio Rodríguez. No entendía sus canciones, pero me atraía como un imán. Todos decíamos con orgullo que era del pueblo. Cuando él iba, corríamos a verlo.

«Mucha gente me dice que tengo influencia de la trova y puede ser que sí, aunque nunca me he considerado trovador. Mi mayor influencia de la lírica la debo a la literatura. De Silvio y Pablo aprendí a escucharlos hasta echar a perder los casetes, para aprender cómo hacer una canción. Luego vino Santiago Feliú con un nexo entre la trova y el rock. Para mí es de los mejores cantautores del mundo».

—El rock cubano puede morir. ¿Lo matarán los covers o hay otras ausencias?

—Ese se ha convertido en un tema delicado y mal interpretado. No estoy de acuerdo con quienes piensan que los covers deben existir porque el rock cubano no es valioso. Si los grandes del blues argentino hubiesen tenido los obstáculos y las incomprensiones que ha sufrido el rock cubano, no hubiesen logrado nada.

«Sin embargo, nosotros, con pura pasión y amor de transmitir a través de esa música, tenemos bandas del pasado con trabajos maravillosos, como Perfume de mujer, Zeus, Anima Mundi, Síntesis, Lucha Almada (todos de diferentes estilos) y que han creado discos tremendos como Verde Melón, de Superávit; Como los peces, de Carlos Varela; Náuseas de fin de siglo, de Santiago Feliú, o Séptimo cielo, de Atahanai, todos ellos reconocidos por grandes figuras del pentagrama internacional. Decir que en Cuba no hay rock, es como negarnos a nosotros mismos.

«No tengo nada en contra de los covers, pero incito a quienes los hacen, a que también hagan temas propios. Y si no componen, busquen un compositor y defiendan temas en castellano. Porque eso es lo que deja un legado. «Parafraseando al amigo Juan Camacho, no estoy en contra de que se haga covers, sino de que haya que pedir permiso para tocar los temas propios. Eso destroza la cultura del rock cubano, que tiene muchos problemas, enfrenta muchos tabúes y es un género que merece más respeto».

—¿Qué capítulo ocupará Tesis en la saga del rock cubano?

—Tengo el compromiso de trabajar con amor por el rock de mi país. Si mis canciones resisten el paso del tiempo, voy a ser el viejo más feliz del mundo. Pienso que Tesis ha despertado en las personas el rock de creación, pues otros jóvenes se me han acercado a decirnos que los inspiramos. Y no somos una banda vieja, solo tenemos 12 años.

—¿Que Cuba se haya abierto a los Rolling Stones significa que esté más abierta al rock? ¿Qué más debe ocurrir para alfabetizar el gusto por el rock en la población cubana?

—Los medios de comunicación tienen que ayudar más a las bandas en la promoción. Es lindo ver los clásicos antes de que se retiren, o a bandas nuevas, pero no creo que eso cambie nada. Si vienen los grupos y las donaciones van al Maxim Rock para que las bandas toquen ahí, ya es un aporte. Pero las donaciones no se ven.

«Hay que hacer que las personas sepan que se está haciendo rock. Tiene que haber lugares en los que las bandas puedan tocar y ganarse la vida. El Maxim está cerrado hace tiempo y no lo arreglan. Son muchos obstáculos, pero tengo fe. Hay público para el rock cubano: se vio en los Rolling Stones, y se ve en los festivales.

«Tiene que haber más programas de rock cubano. Cuerda Viva es el único y lo han condenado a un horario que no lo beneficia. Son contados los espacios de radio en los que ponen rock. Sin embargo, en la televisión existen programas sobre bandas extranjeras. ¿Por qué no ponen alguna cubana? A veces los grupos de aquí no tienen material que mostrar porque cuesta trabajo; las disqueras siempre han estado cerradas a ellos. Si se busca en el catálogo de la Egrem, hay pocos discos de rock en los últimos 30 años.

«Les aconsejo a las bandas que amen mucho el trabajo. Un repertorio es lo que nos puede salvar. Estamos en un momento crítico del rock cubano. No por Tesis, porque seguimos trabajando, pero de modo general es así. Hay ejemplos de bandas motivadas por nosotros, y eso me da fe. Ojalá las bandas cubanas de rock podamos ser reconocidas».

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