Mi amor por la radio es total

El periodista y realizador Eduardo Ernesto Cedeño Milán, actual presidente de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Santiago de Cuba, considera que al medio radial le toca parecerse más a su público, para asegurarse la necesaria sintonía

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

La radio apareció en su vida desde que era un niño. Allá en su Palma Soriano natal, desde su bisabuela hasta el último de la casa, sin excepción, recibían la mañana con los oídos dispuestos a descubrir un nuevo día. Una costumbre que permanece hace 25 años en la creativa existencia de Eduardo Ernesto Cedeño Milán, el actual presidente de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), en Santiago de Cuba. «Imagínate que me levantaba tempranito e invariablemente me ponía a escuchar el programa infantil de la emisora, mientras me preparaba para partir hacia la escuela...

«Un buen día llegaron a mi seminternado los realizadores de Ronda de sueños buscando niños para su espacio, y quise estar... Recuerdo cómo me gustaba encarnar roles distintos, porque me inicié actuando en este programa, que era mayormente dramatizado y salía de lunes a viernes a las 7:30 a.m. Con ayuda de la directora del espacio y de una instructora de la casa de cultura montaba esos personajes de la historia que se narraba para que los niños sacaran la moraleja. Asimismo, el espacio convocaba concursos, razón por la cual también comenzamos a movernos a las escuelas donde hacíamos las escenificaciones.

«A veces extraño mucho la actuación, una capacidad que después me fue muy útil cuando necesité insertar algún dramatizado en la Radio Universitaria para complementar determinado programa cultural o educativo. Esas vivencias no las olvidaré jamás», afirma este joven multipremiado.

«Ronda de sueños fue la puerta que se abrió de par en par para que pudiera adentrarme en un mundo fascinante, maravilloso. Después de él vinieron muchos otros programas. Cuando vine a darme cuenta ya estaba colaborando como locutor y como corresponsal pioneril con la emisora Radio Baraguá, de Soriano; responsabilidades que también asumí en duodécimo grado, cuando me acogieron en el telecentro. Estas experiencias que me marcaron tanto, me condujeron a elegir Periodismo para estudiar en la Universidad de Oriente».

—Sin dudas, Periodismo era la carrera ideal para ti...

—Por supuesto. Esta carrera te ofrece muchas herramientas que te posibilitan desarrollarte en los diferentes medios de comunicación. Pero yo, como era de esperar, me apegué mucho más a la radio. Hasta ese momento solo había hecho locución, sin embargo, la asignatura de Realización radial me dio la oportunidad de conocer la Dirección, me retó a concebir un guion, a crear un programa; me llevó a desenvolverme en el resto de las especialidades.

«Por el tempo agitado que distingue a la radio, el periodista necesita adentrarse no solo en el universo del periodismo radiofónico, sino también en la mayor cantidad de especialidades posibles; incluso aprender a editar sus propios materiales y hasta a musicalizarlos, lo cual tiene que ver con la realización de sonido. Algunos de estos conocimientos me los ofreció la academia, pero otros los fui haciendo míos, leyendo o mediante la misma práctica».

—¿Cómo surgió un proyecto tan reconocido como Impacto juvenil dentro de la Radio Universitaria?

—Lo creamos con el fin de rescatar un fuerte movimiento de radialistas que existió en la Universidad de Oriente a partir de 1974, cuando apareció la primera radio-base. En mi caso, este acercamiento se inició cuando en tercer año empecé a recibir la asignatura de Metodología de la investigación, que me motivó a estudiar la Radio Universitaria en el contexto internacional y comprobar que en lugar de ser minimizada por los avances tecnológicos y por el resto de los medios, en la actualidad esta se revitaliza a partir de la utilización del entorno digital... Justo ese fue el campo que elegí para llevar adelante la tesis de grado con la que me gradué dos años más tarde. Como ves, mi amor por la radio es total.

«El Periodismo fue el complemento ideal. Hay mucha gente que llega a la radio después de estudiar otras profesiones que nada tienen que ver con la comunicación. Se desarrollan allí por una cuestión de aptitud y de talento, pero las carreras de Comunicación y Periodismo te dotan de herramientas que te facilitan comprender el proceso radial en su totalidad, además de ofrecerte otros conocimientos de cultura general que te dan otra visión del medio. Posees talento, pero también una armadura intelectual que te respalda».

—Impacto juvenil logró ubicarse como la mejor de su tipo en el país...

Impacto juvenil fue una emisora de radio. Solo le faltaba transmitir por FM o por Amplitud Modulada, pues contaba con 25 programas en su parrilla; espacios que se presentaron en diversos eventos y nunca pasaron inadvertidos por los jurados de los mismos. Eso fue lo que propició que se reconociera como la mejor Radio Universitaria del país en el IX Festival Nacional de la Radio Universitaria, y que alcanzara varios reconocimientos en ediciones del Concurso Nacional de la Radio Joven Antonio Lloga In Memoriam. Gran Premio de esa cita fue, por ejemplo, mi primer trabajo realizado de conjunto entre Impacto Juvenil y Radio Siboney, de Santiago de Cuba, un documental que tuvo como centro al destacado periodista Reinaldo Cedeño Pineda. Otra serie documental, Nicaro en la memoria, concebida en coproducción con Radio Mayarí, de Holguín, resultó igualmente Gran Premio Caracol. Son distinciones que nos hacen sentir tan bien, como cuando se acerca un oyente para decirnos que escuchó tal programa y nos felicita por el modo en que lo complacemos».

—Tal vez la Radio Universitaria te permitió patentizar hasta qué punto es cierto lo que no pocos aseguran de que en Cuba los jóvenes apenas siguen este medio...

—Si hubo un proyecto que acaparó la atención de mis contemporáneos en la comunidad universitaria fue Impacto Juvenil. Al principio los muchachos levantaban el oído para ver si lo que escuchaban les convencía o no, pero sucedió que la Radio Universitaria comenzó a convertirse en parte de los estudiantes, porque se les parecía mucho. Impactó de tal manera que la gente se concentraba en el parque de la beca para esperar la transmisión, y hasta se acercaba a la cabina porque sentía que era allí donde podía hacer saber sus preocupaciones o alegrías, o divulgar la actividad que estaba organizando, etc. Los universitarios se mantenían conectados y pendientes, porque se identificaban con ella.

«En los últimos tiempos, con el trabajo comunitario que realizamos nos hemos dado cuenta de que al menos aquí en Santiago de Cuba sí hay un gran público joven que escucha la radio».

—¿En qué otros proyectos trabajas?

—Desde hace un año colaboro con Claustrofobias Promociones Literarias. Se trata de una revista que tiene por nombre La estantería y se escucha todos los sábados a través de CMKC. Su objetivo es promocionar la literatura cubana. Asimismo, en este verano he podido realizar otros tres proyectos: Va por la casa, el cual se transmite desde el patio de la Casa del Joven Creador de la AHS y difunde la obra de los jóvenes creadores; Una vida en la estéreo, con Ileana Navarro como anfitriona y que persigue visualizar a CMKC como la casa matriz del sistema radial santiaguero y recibe a personalidades de todos los sectores de la sociedad que con sus historias de vida nos hablan de lo que significa sentirse hijo de esta parte de Cuba; y un musical juvenil de participación titulado En zona.

—¿Algún género con el que te sientes a gusto?

—El radiodocumental, porque no solo le saca lasca al Periodismo, sino que además exige un alto nivel de realización radial. Con él siento que estoy poniendo en práctica mis dos profesiones fundamentales.

—¿Cómo se produjo tu acercamiento a la AHS?

—Viene también de cuando era niño. En Palma, además de hacer radio, participaba en un proyecto de educación ambiental, por medio del proyecto Ennegro, que pertenecía a la organización. Recuerdo que este tenía la intención de crear un parque ecológico en la unión de los ríos Cauto y Yarayabo, una especie de macropintura que podía valorarse desde lo alto. Luego conocí del Concurso y del Taller Nacional de la Radio Joven Antonio Lloga: mientras cursaba la carrera, evento en el que he participado hasta como jurado.

«Después de integrar las filas de la AHS, mis colegas me seleccionaron primero como jefe de la Sección de Audiovisuales, después como vicepresidente y finalmente como presidente de la filial de Santiago de Cuba. Ha sido un proceso que más allá de la manifestación que represento me ha permitido conocer con mayor claridad el pujante movimiento cultural que protagonizan los jóvenes artistas y escritores santiagueros».

—¿Qué tiene la radio que te hace preferirla por encima de otros medios más modernos?

—A la radio le asiste el reto constante de conseguir que en la mente del oyente se conforme ese contexto y ese mensaje que le quieres transmitir. La televisión es un medio al cual le reconozco sus virtudes, pero sin dudas es más «fácil» cuando cuentas con la imagen. En la radio tienes que atrapar a quien te escucha, quien no tendrá, por ejemplo, la oportunidad de volver a releer el párrafo si no lo entendió. En la radio debes superarte todo el tiempo, estar informado, andar en busca de nuevos modos de interactuar con la gente, de hacerla participar, si quieres en verdad comunicar. Y todo ello es muy excitante para un creador.

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