Un mundo de cosas de Soler Puig

Desde este martes y hasta el 10 se efectúa en Santiago de Cuba el Coloquio dedicado al centenario del notable novelista cubano, ganador del Premio Casa de las Américas en su edición inaugural. La escritora Aida Bahr dialoga con JR sobre el autor con el que tiene una deuda de gratitud enorme

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Un deber elemental. Así lo considera la destacada narradora Aida Bahr cuando JR la interroga sobre las razones que la llevaron a involucrarse con tamaña entrega en la organización de las celebraciones por el centenario del natalicio (10 de noviembre de 1916) de uno de los más grandes novelistas cubanos de todos los tiempos: el Premio Casa de las Américas, en su edición inaugural.

«Es que soy hija literaria de José Soler Puig», reafirma con orgullo Aida Bahr antes de admitir que le hubiera encantado que la iniciativa le perteneciera. «La idea partió de Rodulfo Vaillant, presidente de la Uneac en Santiago de Cuba. Después que me lo dijo le he puesto la vida, el alma, el cuerpo, porque nada que haga pagará mi enorme deuda de gratitud con Soler. No es que no hubiera sido escritora, pero sin dudas soy mejor porque lo tuve a él como mentor».

Cuenta la Bahr que por sugerencia de Vaillant comenzaron a trabajar en el 2014, cuando le propuso constituir la comisión para organizar las acciones. «Si bien entonces me pareció que estábamos un poco anticipados, ahora reconozco que fue lo mejor, sobre todo porque nuestro mayor interés era que se publicaran sus libros.

«Hubiera sido genial realizar coloquios, conferencias, charlas, documentales..., pero lo importante, insisto, era que la gente se encontrara con su notable quehacer literario. De modo que se constituyó la comisión en Santiago de Cuba, presidida por el Doctor Luis Álvarez Álvarez, e iniciamos el trabajo.

«Estoy convencida de que el principal logro de la comisión ha sido, precisamente, propiciar que en este 2016 aparezcan sus cinco novelas fundamentales: se reimprimió Bertillón 166 (Editorial Oriente), la más conocida por todos; y también El derrumbe (Ediciones Santiago), la primera de sus grandes novelas. Estará al alcance asimismo la que para mí constituye su obra maestra, El pan dormido (Letras Cubanas), sin dudas entre las más monumentales de la literatura cubana. Todas estas se pueden hallar en las librerías del país.

«Las otras dos restantes se han dejando para ser presentadas el mismo 10 de noviembre, en medio del Coloquio que se desarrollará en Santiago. Una de ellas muy experimental, El caserón (Ediciones Caserón), en la que corrió mucho riesgo en cuanto a la técnica literaria (de hecho él la consideraba la mejor de todas), y Un mundo de cosas (Ediciones Unión): la más ambiciosa, compleja, la más cargada de personajes, la que cubre un siglo completo de la historia de Cuba...

«Sí, es verdaderamente satisfactorio que estas cinco novelas estén junto a nosotros, bien cerca, para que el público en general las lea, sobre todo los jóvenes escritores. Por diversas razones, en Cuba no se reedita con frecuencia, y ocurre que a veces se conocen más los autores extranjeros que los nuestros, con textos capitales dentro de nuestra literatura, quienes pudieran influirlos mucho y mostrarles caminos que ya han sido recorridos».

—¿Cómo motivarías a los lectores cubanos para que no se pierdan estas cinco novelas?

—Mira, en lugar de hablar de novela por novela, preferiría señalar que Soler era uno de los creadores de personajes más inmenso de la literatura hispana, que ya son verdaderas obras de arte desde sus primeros cuentos. En Bertillón 166, por ejemplo, al pintar la ciudad de Santiago de Cuba en aquellos momentos de tensión, fue muy acertado en la manera en que introdujo algunos personajes, En particular dos que me parecen fabulosos: el sastre Quico y Sofía, una mujer común, ama de casa que está muerta de miedo por su hija, la revolucionaria Raquel, y por su marido, pero se llena de valor y sale a buscarlo cuando sospecha que lo han metido preso.

«Definitivamente Soler concibió una galería de personajes memorables, empezando por María Elena en El derrumbe, que le ganó reconocimiento internacional; o por el convincente protagonista Roberto Reyes de la Torre. ¿Y qué decir de El pan dormido? Ahí sí que no existe ninguno menor. Sin dudas, ese es uno de sus principales aciertos, así como el nivel de incidencias en las tramas que creaba, siempre muy dinámicas, ágiles, concentradas. Ello se cumple hasta en El pan dormido, que al principio es tan morosa, aunque en ella no paran de suceder hechos: le cae la nevera arriba a Angelito, los gatos se ponen de acuerdo para cazar al ratón y este los derrota...

«Por último te diría que los libros de Soler pueden tener variadas lecturas. Los puede leer quien lo hace como hobby, y aunque no posee un entrenamiento especial como lector, disfruta una novela de este corte. También está el que aspira a ser escritor o a disfrutar la lectura en otra dimensión, por lo cual se preocupa por el lenguaje, por el efecto que logra en el juego de las perspectivas de los narradores, en la manera de desmontar el tiempo, de difuminar los espacios...

«Ahora que he permanecido muy cerca de estas obras —me tocó revisar ediciones y hasta teclear Un mundo de cosas—, quedé nuevamente fascinada, a pesar de que hice mi doctorado sobre la obra de Soler. Y lo mejor: me siguen sorprendiendo, a pesar de que fueron escritas entre 1960 y 1982. Por tanto nacieron en la etapa del boom de la novela latinoamericana, con la que comparten no pocos rasgos, pero lo mismo sucede con aquellas del posboom, porque explota la parodia, el empleo de los medios masivos (aparecen la radio, la prensa, la manipulación de la información...). Son novelas que en la técnica tienen una actualidad extraordinaria».

—¿Qué otras acciones realiza la Comisión?

—La Comisión inició oficialmente su labor en enero de 2016. Desde entonces se han desarrollado no pocas actividades: en la Universidad de Oriente, en la Facultad de Humanidades, se impartió una asignatura sobre Soler, lo cual dio origen a tres trabajos de diploma; se ofreció un curso de posgrado en la Fundación Alejo Carpentier impartido por Luis Álvarez Álvarez, acerca del neobarroco en Cuba y Soler como uno de sus representantes; durante la Feria del Libro pasada se presentó a nivel de país El pan dormido y se dictaron charlas, conferencias, se organizaron paneles....

«Ahora, desde este martes y hasta el diez se efectúa en Santiago de Cuba el Coloquio dedicado al escritor, y que abrió con la conferencia magistral José Soler Puig y la cultura cubana. En este evento participa mucha gente joven: profesores de las universidades de Las Villas, Sancti Spíritus, de Oriente... Igual está la presentación de un libro con textos críticos, realizado por la Editorial Ácana, de Camagüey... Lo principal es el estudio académico de la obra de Soler, aunque habrá disímiles acciones, como Paisajes de Santiago una exposición de artes plásticas, por ejemplo.

—¿Hasta qué punto ha influido la escuela en el conocimiento de la obra de Soler en los jóvenes?

—Soler tiene la rara condición de ser tal vez el escritor cubano de la etapa contemporánea más conocido por la gente, porque Bertillón se estudia en la Secundaria, lo cual no quiere decir que se conozca al escritor. De hecho, sabemos que no pocos hablan de dicha novela porque la dan en clases pero no se la han leído. Con todo y ello debo decir que las ediciones se agotan unas tras otras, sin embargo, el resto de la obra es completamente desconocida.

«Por supuesto que es genial que Bertillón forme parte del plan de estudios, pues es la que mejor refleja la lucha contra Batista con la participación de todos los estratos de la sociedad, es decir, el Movimiento 26 de Julio, la Juventud Cristiana, lo movimientos sindicales, la burguesía que contribuía con dinero y con armas... Mas Soler no figura en los planes de estudio de las carreras de Letras, a pesar de que su obra resulta emblemática. Quitando a Concierto barroco, de Alejo Carpentier, no creo que haya una novela más importante que El pan dormido en la década del 70 y, sin embargo, no se estudia, lo cual me parece un despropósito. Obvio que es imposible estudiar a todos los escritores y a todas las obras, pero en un panorama de una década no se puede dejar de incluir una obra tan fundamental como esa. Estoy convencida de que Soler cuenta con un público potencial que pudiera disfrutarlo muchísimo y nuestro deber es ponerlo en contacto con sus obras».

—De cualquier modo, ¿por qué esperar a los centenarios para acometer este tipo de acciones?

—Lo dice Graziella Pogolotti en el texto que publica en el dossier que le dedicó La Gaceta a Soler. Mira, desgraciadamente en un país con tantas limitaciones de recursos y un movimiento literario tan poderoso, resulta muy difícil lograr un balance entre las reediciones y las publicaciones de los autores jóvenes y de los más experimentados, pero de todos modos creo que como política hay libros que siempre deberían estar en las librerías: La Edad de Oro, Cecilia Valdés… Si se hiciera una selección de 20, 30 libros, yo pondría El pan dormido. Repito: él no es el peor parado, pero igual resulta triste que no seamos más sistemáticos en esto. Yo tengo la esperanza de que El pan dormido, El derrumbe, Bertillón 166, Un mundo de cosas y El  caserón se mantengan más cerca de los lectores más allá de este centenario que con júbilo ahora celebramos.

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