Nos vemos frente al espejo

La joven directora Marian Montero se vuelca en la complicidad de Ludi Teatro para abordar la desde una perspectiva radiofónica y musical la obra El espejo

Autor:

Frank Padrón

En el taoísmo, la relación entre contemplación humana y manifestación divina se representa a través del espejo, por ello, símbolo esencial de esa teosofía.

Abelardo Estorino también lo empleó en su temprana pieza El peine y el espejo (1956, aunque estrenada en 1960) más con el claro propósito de flagelar el machismo, la beatería y la superstición que carcomían la familia cubana en el momento, rezagos que, como se sabe, y aún con lo no poco avanzado en materia de derechos civiles e igualdad de género, subsisten.

La joven directora Marian Montero se vuelca a la pieza con la complicidad de Ludi Teatro para abordarla desde una perspectiva radiofónica y musical; en El espejo, como se ha titulado su puesta, encontramos un homenaje paródico al mundo de las radionovelas y, en general, al peculiar mundo de ese medio, donde voces y efectos diseñan universos tentando la imaginación del oyente.

Muy arraigada en nuestro país, la tradición radial, en particular las novelas y sobre todo dentro de un público femenino, implica sus dosis de cursilería y simplificación, incluyendo los engolamientos de locutores, pero no hay que olvidar la utilidad del género para divulgar grandes momentos de la literatura y el teatro de Cuba y el mundo, como es el caso en esta obra del gran Estorino.

Las máscaras con que los actores nos reciben al inicio del espectáculo son un perfecto emblema de la interrelación y la complicidad entre los emisores y los oyentes que aceptan las convenciones del tan masivo medio (aun con la internet, donde a propósito, también se emplea) en el que todo se sugiere y arma desde la magia del sonido, donde un actor insignificante o nada atractivo puede hacer creer desde su buena voz y su talento, que se trata de un galán, o una mujer no agraciada y entrada en años representar a una bisoña doncella.

En la puesta, las intersecciones musicales también refuerzan la importancia de esa manifestación en la radio: los boleros, arias y baladas se suman a la pose lúdicra, revisionista (en el mejor sentido) que emprende aquí Ludi Teatro, en un verdadero show que empalma con gracia y conocimiento de causa los dos niveles semánticos: el drama teatral representado (con su carga conceptual) y la envoltura, el significante que porta la estructura radiofónica (con sus ilusiones y efectos sonoros que, dicho sea, quizá debieron explotarse un poco más) lo cual junto a las coreografías y canciones redondean la (ir)reverencia, el pastiche y la dualidad tonal de la puesta (seria/humorística), algo conseguido de principio a fin, gracias también al eficaz tratamiento de la música, el vestuario y el espacio escénico que combina el remedo de estudio radial con una proyección más amplia, que pudiera significar el vasto radio (esta vez de acción) que recorren las ondas del éter.

Por supuesto, en ello tienen gran peso las muy notables actuaciones: Carlos Busto, Frank Ledesma, Roberto Romero, Rolando Rodríguez, Luis Alberto Aguirre, Rone Luis Reinoso… se suman al desdoblamiento, la doble representación, el rejuego conceptual y escénico que implica este creativo ejercicio teatral.

No menos transgresora y sugerente es la otra puesta de Ludi Teatro que muy cerca de la sala Tito Junco, en el Centro Cultural Bertolt Brecht (donde puede disfrutarse la obra anterior), tiene lugar: justamente en su sede. Allí se representa Nos vemos, estreno en Cuba de esa pieza escrita por el joven y exitoso dramaturgo Guillaume Corbell, de Canadá, quien junto a su paisana Jennifer H. Capraru (responsable de la dirección) estuvo presente en las funciones inaugurales.

Aquí el espejo donde todos se miran y pretenden ser vistos es un tanto más íntimo y pequeño, pero a la vez más abarcador e inclusivo: el celular, por extensión las redes sociales donde, sobre todo los jóvenes, aspiran no ya a la comunicación o a dejar sentados momentos importantes de sus vidas —lo cual sería pertinente— sino a registrarlo absolutamente todo, a eternizar cada segundo, cada circunstancia por muy privados o insignificantes que estos pudieran ser.

De ahí que los inicios de la obra sean un maratón alucinante de referentes artísticos (libros, películas, canciones…) en una competencia que carece de toda lógica y sentido, pues lejos de acumular cultura entronca con ese espíritu acumulativo rayano en el absurdo y vacío de su presunta utilidad.

También, como en la anterior, hay aquí máscaras, solo que no se ven: en la frenética danza de estos muchachos hacia el placer total, irracional y frívolo encontramos mucho de hipocresía, desvalorización y falsedad que va develándose a medida que avanza el relato.

Nos vemos, entonces, encierra mucha más enjundia que la exhibida desde su estructura juguetona y en apariencia leve; en el fondo estamos ante un sólido alegato generacional, contemporáneo y universal que mueve a la reflexión desde su agudo cuestionamiento.

Correspondiendo a esa escritura nerviosa y dinámica, la puesta se luce en el devenir escénico de los actores, quienes se mueven con una perspectiva coreográfica; aquella incorpora esmeradamente la visualidad (fotos, video…), algo por demás imprescindible siendo precisamente ese, uno de los puntos ideicos esenciales que maneja Nos vemos.

Y aunque no deja de apreciarse la inevitable contextualización de lo que se expone, esta no se excede con demasiado apego a lo nuestro; apenas lo necesario, sin un énfasis que hubiera demeritado la sutileza de la propuesta. Aspectos como la escenografía, el vestuario, el diseño gráfico, de luces y de banda sonora se suman cómplices y complementarios al discurso.

Violena Ampudia, Arianna Delgado, Grisel Monzón, Miguel Abreu y Francisco López arman un equipo actoral sólido, matizado en transiciones que marchan de lo hilarante a lo trágico, según la plataforma tonal de la pieza. Espero que en las funciones sucesivas hayan superado ciertas prisas y colisiones dentro del diálogo, pero el desempeño es superlativo.

Nuevas conquistas de Ludi Teatro que nos invitan a seguir muy de cerca a un colectivo empeñado en oxigenar nuestro movimiento escénico.

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