Tribuna de la resistencia cultural

La edición 37 ininterrumpida del Festival del Caribe ratifica, desde el lunes último, que el importante y añejo evento es y seguirá siendo un reducto contra la barbarie y el deseo de dividir

Autor:

Odalis Riquenes Cutiño

SANTIAGO DE CUBA.— La edición 37 ininterrumpida del Festival del Caribe ratifica, desde el lunes último, que el importante y añejo evento es y seguirá siendo un reducto contra la barbarie y el deseo de dividir, un monumento al amor y al diálogo entre gente diversa.

Esa definición la ofreció aquí el ministro cubano de Cultura, Abel Prieto Jiménez, en la gala inaugural del evento, y lo vivencian y defienden los más de 700 artistas e intelectuales, de una veintena de países de la región que, hasta el próximo domingo, se insertan en los múltiples espacios y comparten las diversas manifestaciones artísticas que propone la cita.

Para Orlando Vergés, director de la Casa del Caribe —institución que durante 35 años ha puesto talento y empeño para que la Fiesta del Fuego se siga consolidando como espacio de confluencia y de vínculo con la región—, en un planeta en que la tendencia es levantar muros, avivar el odio, avivar el racismo, donde la paz y la convivencia civilizada entre las naciones están en peligro, un foro como este, tan diverso, tan respetuoso de las diferencias, es un símbolo de lo que realmente pudiera salvar al mundo.

En las palabras inaugurales del evento, Vergés resaltó que cada edición es una reconquista cultural, pues la unidad que promueve sirve de impulso a la integración de la región y una acción para reinstalar el ser caribeño. De esta manera, igualmente lo sienten y lo han manifestado, honrados, las autoridades de Bonaire, una pequeña islita de unos 20 000 habitantes que por primera vez se presenta como nación fuera de sus límites geográficos, a cuya cultura se dedica la presente edición.

Por eso no es casual que entre las primeras actividades del amplio y diverso programa estuviera rendir tributo a José Martí y Fidel Castro, en el cementerio Santa Ifigenia, de la oriental ciudad, ni que los participantes en el Festival hicieran patente su rechazo a la política injerencista, anticubana y reaccionaria del presidente norteamericano Donald Trump.

Hasta el próximo domingo, ya sea en el Coloquio Internacional El Caribe que nos une, foro de pensamiento del evento, o en las plazas, escenarios e instituciones de la ciudad que se desdoblan para acoger lo mismo presentaciones artísticas que talleres como el de teatro, religiosidad popular, música, pedagogía, oralidad, danza y percusión, o en el encuentro de poetas Jesús Cos Causse, la Fiesta del Fuego seguirá demostrando que es un vivo ejemplo de que en la cultura se pueden encontrar los caminos más expeditos de la solidaridad entre los seres humanos.

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