Enfocando la animación en Cuba (+ Podcast)

Recientemente, nuestro diario conversó con algunos jóvenes realizadores de los Estudios de Animación del Icaic sobre sus experiencias y los retos de tan apasionante profesión

Autores:

Rouslyn Navia Jordán
Ana Isa Vidal Díaz

¿Alguna vez te has preguntado cómo es el proceso de realización de los más recientes animados cubanos, como las series Agente 009, Fábula, o los cortometrajes Los dos príncipes, Close, El viaje, por citar algunos ejemplos, que han conquistado la atención de pequeños, jóvenes y adultos? ¿Cuáles son los retos e insatisfacciones de sus creadores?

Con el propósito de encontrar respuestas a esas interrogantes y muchas otras, Juventud Rebelde visitó recientemente los Estudios de Animación del Instituto Cubano del Arte e Industrias Cinematográficos (Icaic), la casa por excelencia de los animadores cubanos. Allí encontró un ambiente juvenil y fresco, lleno de personas con un gran sentido de pertenencia y, sin dudas, muy apasionadas por su trabajo. Con la espontaneidad característica de quienes dibujan personajes y lugares fantásticos como los de los muñequitos, algunos de esos especialistas compartieron detalles sobre su quehacer.

La cubanía como premisa

Para el joven director de arte y de fotografía, Alejandro Rodríguez Rodríguez, fue la posibilidad ilimitada de crear nuevos mundos lo que más lo sedujo para adentrarse en  la animación. Aunque reconoce que cada proyecto responde a la idea artística de su director y, además, se realiza respetando especificidades propias de los diferentes géneros y públicos. «No es lo mismo lo que se hace para una serie de muñequitos como puede ser Pequebots,  de Liu Chen Li, concebida para el prescolar; que para otras obras como el cortometraje basado en el poema homónimo de José Martí Los dos príncipes, el cual posee una mayor profundidad en cuanto al concepto de la historia, y cuya temática se acerca más a los adultos».

Yemelí Cruz Rivero, codirectora del cortometraje animado Los dos príncipes. Foto: Mayrelis Aldama

Graduado de pintura en la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro, Rodríguez comenta que, según su experiencia, la pintura es un trabajo que resulta más fácil cuando se practica en solitario, sin embargo, «el cine consiste, por lo general, en un trabajo en equipo, y requiere más tiempo desarrollar las habilidades profesionales. Sobre la marcha se aprenden los elementos necesarios para expresarte en este medio.

«Siempre pongo pasión a mi trabajo, lo cual considero una ventaja pues dedico gran parte de mi tiempo a lo que amo. También me motiva el hecho de que cada imagen, composición, iluminación, etc. constituye un producto de la labor conjunta de muchas personas. Por ejemplo, si me encargué de la fotografía, alguien hizo los fondos, otro el personaje, y al final trato de que todos esos elementos parezcan una unidad, pertenezcan al mismo mundo. Ahí radica lo interesante y lo atractivo.

«En el caso del público infantil, requiere mayor dedicación, por tratarse de una audiencia muy exigente y honesta. Como disciplina no nos dejamos llevar por facilismos y nos esforzamos para que todo lo que desarrollemos visualmente sea de una calidad elevada. Estar en contacto con numerosas animaciones o películas que se realizan en otros países nos sirven de pauta para percatarnos de lo que resulta novedoso. De ese modo nos retroalimentamos, aunque sin dejar de poner nuestro sello, nuestra cubanía, la cual nunca vamos a  perder».

Talento y mucho trabajo

La directora de cortometrajes y videoclips animados Yemelí Cruz Rivero (La luna en el jardín) todavía recuerda la agotadora batalla que representó para su equipo y el co-director Adanoe Lima, el proceso de realización, en solo diez meses, de Los dos príncipes; esfuerzo y mucho talento que fue reconocido con el Premio Especial del Jurado de Animación en la pasada 39 edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.

«Lo rememoro ahora como un proceso complejo, pues un cortometraje de esas características (realizado fundamentalmente con la difícil técnica del stop motion) requiere de más tiempo para su realización. Nos tuvimos que  entregar intensamente y nunca faltó la colaboración entre los miembros del equipo, lo cual resulta indispensable para la animación.

«Adanoe y yo habíamos trabajado con gran parte de ese equipo en anteriores producciones. Nos conocíamos bien, y tanto los directores de arte, los animadores, los fotógrafos, editores y demás integrantes estábamos como “conectados”. Creo que esa química nos ayudó a disfrutar más el proceso.

«Luego del tremendo cansancio de esos días en que no dormíamos y permanecíamos prácticamente todo el tiempo en los Estudios de Animación, después de sentarnos y ver la película terminada, nos queda la satisfacción de haber compartido con un grupo de gente maravillosa que se apasionó enormemente con nuestra obra, y permanecieron dándonos fuerzas para continuar. Cuando sientes agotamiento, pero ves a otros con esas ganas de trabajar, te enciendes, te conectas y ¡Arriba!».

La mayoría de los creadores de los Estudios terminan por aprender varias especialidades. Es el caso precisamente de Yemelí, quien comenzó en esta institución como asistente de animación. «Luego me hice animadora y después empecé a incursionar en la realización haciendo cortometrajes y videoclips. También he asumido la dirección de arte, los fondos, la dirección de animación en fin, de todo un poco.

«Creo que el dominio de muchas habilidades depende de la inquietud de cada quien. Sin embargo, esa es una de las potencialidades que favorecen los Estudios si te formas en él. Para ello debes presentarte primero a algún curso de animación y, si ya tienes conocimientos de anteriores estudios, recibes un mes de entrenamiento y con esa base empiezas a explorar, a relacionarte con aquello que te interese.

«La animación atrae sobre todo a los más jóvenes, aunque en los Estudios tenemos la dicha de que exista una gran riqueza generacional, porque los que iniciamos hemos podido aprender de Juan Padrón, Tulio Raggi, Noel Lima y Paco Prats, quienes tienen una experiencia increíble y los consideramos los pilares de la animación en Cuba», subrayó.

Retos

Autor de la historieta animada El viaje, el también director de arte y diseñador de personajes, Luis Arturo Aguiar Palacios es otro de los contagiados con el influjo mágico de los Estudios de Animación. «Este es un lugar maravilloso por la calidad humana y la cohesión de los equipos, pero sobre todo por la posibilidad de ser más creativos aún junto a un grupo de personas tan imaginativas, que se complementan a la hora de trabajar», refirió.

«Todos los proyectos en los que me he involucrado me han apasionado porque han sido experiencias diferentes. Desde el punto de vista personal, disfruté mucho mi aporte en el largometraje Meñique (escrito y dirigido por Ernesto Padrón), en el que asumí la dirección de arte y de fondos; aunque encontré aun más satisfacción en el corto animado El viaje, esencialmente porque era mío, y sabía lo que quería lograr.

«Considero que de manera general la calidad estética de nuestras producciones continúa creciendo, y de ello dan fe los premios y reconocimientos que se han obtenido, no solo en nuestro país sino a nivel internacional. Entre esos logros se puede citar el alcanzado por el corto Mundo sumergido, del realizador y colega Alien Ma, que fue seleccionado para participar en el Festival d’Annecy, en Francia, en 2014, uno de los más prestigiosos eventos de este género en el mundo», indicó.

Sin embargo, para Luis Arturo Aguiar todo no son luces, pues  se hace eco de las insatisfacciones de quienes integran el gremio. «Un asunto pendiente es la capacitación del personal, la cual resulta compleja debido a la carencia de una escuela de animación. En algunas instituciones se imparten cursos, pero en la mayoría de los casos resultan insuficientes», enfatiza.

Actualmente en los Estudios «tenemos graduados de Informática, del Instituto Superior de Arte (ISA), del Instituto Superior de Diseño (ISDi), de San Alejandro…, quienes hemos aprendido casi todo sobre la marcha, con el apoyo de los de más experiencia».

A pesar de las dificultades, los jóvenes animadores se reafirman como inquebrantables soñadores y amantes de su profesión, con una energía que contagia a todo aquel que visite las salas de animación y sets de rodaje de los Estudios de Animación.

Escucha aquí el Podcast que Juventud Rebelde realizó sobre este tema y el debate que generó

 

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