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Qué paso más chévere

Vals indomable, de Aszure Barton, repetirá en el importante teatro neoyorquino, junto a clásicos como Ocaso y 24 horas y un perro, en su versión suite, ambas con la firma de Osnel Delgado

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Primero en el Teatro Martí, antes de partir para representar con toda su fuerza la danza cubana en el Kennedy Center. Solo que de las piezas vistas hace apenas una semana en la cita habanera, únicamente, Vals indomable, de Aszure Barton, repetirá en el importante teatro neoyorquino, junto a clásicos como Ocaso y 24 horas y un perro, en su versión suite, ambas con la firma de Osnel Delgado. Y es que entre el reconocido bailarín y director artístico de Malpaso, su directora asociada, la también bailarina Daile Carranza, y Fernando Sáez, director general, decidieron que la mejor manera de celebrar el quinto aniversario de la fabulosa compañía era seguir siendo fiel a los principios que los llevaron a los tres a fundarla en el año 2012.

«El dueto Ocaso fue la primera obra que integró el repertorio de la compañía casi acabada de surgir, porque por razones obvias éramos dos bailarines nada más los que comenzamos a defender un sueño», recuerda Daile, cardenense de nacimiento que se graduó de la Escuela Nacional de Ballet (ENB), pero con la convicción de que sería la danza contemporánea la que continuaría guiando sus días.

24 horas y un perro, sin embargo, fue la carta de presentación de Malpaso en Estados Unidos, informó la Carranza en conversación con JR unos días antes de partir a tierra norteamericana. «La compañía se fundó oficialmente en diciembre de 2012 y ya en marzo de 2014 nos estábamos presentando en el Joyce Theatre, con la colaboración del afamado creador Ron K. Brown, como parte de un proyecto de colaboración mucho más amplio que involucraba a la Fundación Ludwing, de Cuba, al propio teatro y a BAM (Brooklyn Academy of Music), gracias al cual un coreógrafo vendría a La Habana a trabajar con nosotros y luego se representaría la obra en Nueva York.

«En esa ocasión, para completar el programa se presentó 24 horas y un perro, de Osnel, con música de Arturo O’Farrill, quien tocó en vivo con una banda de ocho músicos. El éxito fue sorpresivo; las críticas, muy elogiosas, empezando por The New York Times, y la acogida del público muy calurosa. A partir de ese instante, Malpaso se volvió visible para los presentadores norteamericanos y comenzamos a hacer giras de manera muy intensa a través Estados Unidos (más de 20 estados y más de 40 ciudades)», rememora la Carranza, quien ya egresada de nivel medio, logró por su insistencia convertirse en miembro de Danza Contemporánea de Cuba (DCC).

El caso es que esta es la tercera vez que la agrupación actúa en Washington D.C., pero la primera en el Kennedy Center. Y todo esto ha sido posible, explica Fernando Sáez, quien culminó sus estudios en la Facultad de Artes Escénicas del ISA, en 1988, «porque la compañía es asociada a Joyce Theater Productions, de manera que esta organización se responsabiliza con nuestra programación en importantes circuitos para la danza, sobre todo en Estados Unidos y Canadá, al tiempo que se encarga de la producción de la mayoría de nuestros espectáculos.

«Se trata de una relación profesional que ha sido muy fructífera para la compañía y ha permitido un crecimiento sólido y rápido, en el sentido de promoción y de colaboración.

«Canadá también nos ha abierto las puertas. Estuvimos en el 2015 en el Festival Luminato y regresaremos este año en junio. Luego, en el verano, será nuestro debut en Europa, en Hamburgo. Allí nos daremos a conocer con la suite de 24 horas y un perro (Arturo O’Farrill estará con nosotros), Vals indomable (Aszure Barton) y una obra que montará próximamente para Malpaso la coreógrafa argentina Cecilia Bengolea», adelantó Sáez, en cuyo currículo aparece que creó el Estudio Teatral de Santa Clara, junto a su hermano Joel y otros jóvenes teatristas.

Nace una compañía

«Todo arte fundacional, si es responsable, tiene como motivación la insatisfacción. Creo que el surgimiento de Malpaso fue expresión de ello: el encuentro, de alguna forma, de distintas insatisfacciones. Para ese momento, ya Osnel y Daile habían desarrollado en verdad una carrera brillante como bailarines dentro de DCC, habían trabajado con coreógrafos muy notables como MatsEk, pero andaban en la búsqueda de otros horizontes artísticos», cuenta Sáez, quien una década después de terminar en la Universidad de las Artes se vinculó a la Fundación Ludwing. Fue atendiendo el programa de las artes escénicas y otros proyectos de carácter académico, que se encontró con estos dos jóvenes.

Osnel, hijo de destacados bailarines y profesores de danza, quería hallar otro espacio para desarrollar su propia carrera coreográfica. «Necesitaba encontrar mi propia voz creativa, crear desde otra perspectiva», dice. Para los tres era más que evidente que «la mejor solución, la más eficiente, era fundar una compañía para que todas estas obsesiones y visiones artísticas cuajaran. Ello significaba reunir a un grupo estable de bailarines con los cuales trabajar de manera sistemática, con objetivos muy claros y precisos», apunta Delgado, lo que fue sucediendo poco a poco.

«La colaboración estuvo entre las premisas básicas que animaron la llegada de Malpaso», reconoce Fernando. «Siempre estuvo entre mis preocupaciones buscar el modo de reducir la distancia dramática que existe entre el alto nivel técnico de nuestros bailarines y el pobre nivel coreográfico, aunque, por supuesto, existen excepciones. En una isla que baila, y eso somos, considero que es fundamental la parte ideológico-artística de la danza, es decir, todo aquello que tiene que ver con la creación coreografía.

«Por esa razón desde el principio resultó muy importante profundizar en el camino de la colaboración: una necesidad que identificamos y una obsesión que los tres fundadores compartimos; algo que se conecta de manera profunda con las esencias de nuestra cultura, y siempre en este punto recuerdo a la profesora Graziella Pogolotti, quien afirma que desde el punto de vista geográfico Cuba es una isla, pero desde el punto de vista cultural somos un puerto. Es decir, que el aislamiento no ha caracterizado ni es la esencia de la cultura nuestra, sino que el diálogo ha sido básico para entender quiénes somos».

Nombres muy prestigios como el ya mencionado Ron K. Brown, pero también como Trey McIntyre, Aszure Barton, Sonya Tayeh y Ohad Naharin, líder artístico de Batsheva Dance Company y autor de Tabula Rasa, que acaba de estar en la cartelera del Martí, le dan notable relevancia al repertorio de Malpaso en clasificar todos, sin excepción, en la nómina de los coreógrafos vivos más influyentes en la actualidad. Al lado de ellos aparece por méritos propios Osnel Delgado, quien hasta hace poco era el único coreógrafo residente de la compañía. Ahora se suman dos más con esa responsabilidad.

«Lo hicimos oficial con el programa que acabamos de presentar en el Martí. Era muy significativo que además de las obras de Aszure Barton y Ohad Naharin, estuvieran también las de dos jóvenes supertalentosos miembros de nuestra agrupación: Abel Rojo, quien debutó en el oficio con El piso a cuestas; y Beatriz García, quien si bien con anterioridad nos había sorprendido con Nosotros, que concibió con Raúl Reinoso, quiso probarse en lo individual con Ser», señala Daile.

«Pero esto no es obra del azar, del descuido, que presentemos  estas dos piezas junto a la de notables coreógrafos, sino nuestro compromiso con el futuro y con una visión de que no vemos a la compañía como una factoría, como una fábrica de danza, sino que nos interesa tanto la felicidad de nuestros bailarines como la calidad intrínseca del trabajo que realizamos», insiste Osnel.

Así, cuando Malpaso termine de dejar junto a otros relevantes artistas una huella profunda de la cultura cubana en el Kennedy Center, de seguro regresará a la Isla con nuevos ímpetus, pero «ahora es que estamos comenzando. Es una bendición que todos los integrantes de la compañía seamos insatisfechos enfermizos, que solo pensamos en crear y trabajar».

Por suerte, dicen, este 2018 está bien cargadito. Y que muy pronto se pondrán a las órdenes de Robyn Mineko Williams, gracias a la estrecha relación que mantienen con Hubbard Street Dance Chicago, mientras llega el momento de unirse a la Bengolea. El cierre del año se lo dedicarán al gran Merce Cunningham, cuyo centenario se cumplirá en 2019. «Ha sido un privilegio que The Cunningham Dance Foundation, cuya misión es velar por el patrimonio de este grande de la danza: bailarín, coreógrafo y fundador de Merce Cunningham Dance Company, haya seleccionado a Malpaso para ser parte de esa celebración», adelanta con orgullo Sáez, lo que indica que el paso que siguen estos soñadores es superchévere.

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