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Explosión de flamenco y cubanía

El de Rodríguez fue uno de los tres conjuntos de danza, junto al insigne Ballet Nacional de Cuba y la compañía Malpaso, que fueron convocados por el Kennedy para representar esa manifestación artística y la cultura cubana

Autor:

Alejandro A. Madorrán Durán

«Desde que aparecí en escena el público comenzó a aplaudir como si me conocieran desde siempre, me parecía que estaba en el Gran Teatro de La Habana», comenta la bailarina, coreógrafa, profesora y directora de la compañía de danza que lleva su nombre, Irene Rodríguez, a propósito de su actuación en el prestigioso Centro Kennedy, en Washington, como parte del Festival Artes de Cuba.

El de Rodríguez fue uno de los tres conjuntos de danza, junto al insigne Ballet Nacional de Cuba y la compañía Malpaso, que fueron convocados por el Kennedy para representar esa manifestación artística y la cultura cubana. «Es un gran honor, incluso siendo una compañía de danzas españolas, haber tenido la responsabilidad de poner tan alto los valores de las artes escénicas de nuestro país en ese prestigioso espacio», asevera.

Esta no es la primera vez que la compañía se presenta en suelo estadounidense. Durante sus apenas seis años de existencia, los dirigidos por Irene Rodríguez han llevado su arte a varios escenarios, como en 2014, con una gira por el estado de California; al año siguiente, en la ciudad de Seattle; en 2016, en Nueva York; y, en 2017, en el reconocido Festival de Danza Jacob’s Pillow, en Massachusetts. 

«Este año teníamos un contrato con la importante red de museos de Estados Unidos, Smithsonians Museums, cuyos directivos estaban interesados en que presentáramos en su instalación del Heritage, en Washington, nuestra obra Emigrantes, la cual narra la historia de muchos de nuestros abuelos que vinieron de España con el ansia de hacer dinero y el sueño de algún día regresar a España, pero que se enamoraron o hicieron un negocio y se quedaron en Cuba.

«Inspirada en esas historias, que hablan de ese ajiaco cultural que conforma nuestra nacionalidad, creé esta coreografía, la cual combina ritmos afrocubanos y flamencos, y también es actuada como una obra de teatro. Igualmente constituye una satisfacción que cuente con la fenomenal música del maestro Frank Fernández».

Por otra parte —según cuenta quien se desempeñara como prima ballerina del Ballet Español de Cuba— los curadores del Centro Kennedy ya le habían «echado el ojo» a la compañía desde su presentación en Massachusetts y también la habían visto actuar en la Isla, así que le pidieron a los directivos del Smithsonians Museums que les cedieran la presentación para que participaran en el Festival Artes de Cuba, ya que el conjunto no podía actuar dos veces en la misma ciudad. 

«Las entradas para nuestra presentación, el 16 de mayo, ya estaban vendidas con un mes de antelación. Esa noche actuamos los miembros de la Compañía Irene Rodríguez, tanto hombres como mujeres, provenientes de la Escuela Nacional de Ballet, adaptados al estilo de la compañía, y también egresados de nuestros talleres profesionales», señala Irene, quien entre otros lauros ostenta el premio Miguel de Cervantes y Saavedra, que otorga la Federación de Sociedades Españolas de Cuba a personalidades con méritos relevantes en los campos del arte, la cultura, la ciencia o el deporte.

«El repertorio que mostramos en el Kennedy fue muy variado. Queríamos que la audiencia pudiera ver todo nuestro trabajo, desde obras como Emigrantes, con acentos cubanos y ritmos como el guaguancó y, a la vez, bailado con castañuelas y de manera flamenca; hasta lo más contemporáneo y flamenco que distingue actualmente a la agrupación como Mito, Tifoeo, Encontra2 y Solera, que es el número que yo interpreto en solitario y que cerró el espectáculo». 

Entre esos bailarines que hicieron vibrar el Kennedy dirigidos por Irene Rodríguez, estuvo la joven de 20 años, Mariana Ramos Sánchez, quien califica de muy acogedor el afecto con que los espectadores los recibieron. «El público nos trató con un cariño casi cubano, aunque nunca es igual, por supuesto. Fue espectacular la ovación y también la profesionalidad de todos los trabajadores de ese centro».

De la misma opinión es Mara de Armas García, quien, con tres años en las filas de la agrupación, afirma que de todas las experiencias que ha vivido junto a Irene Rodríguez lo sucedido en Washington ha sido lo más espectacular. «Debo decir que el nivel de exquisitez del Centro Kennedy en cuanto al profesionalismo de su equipo técnico y los organizadores nos contagiaron a estar a esa misma altura», afirma. 

«Es digno de admirar la organización con la que trabajan esos teatros, que son más de cinco y se encuentran en un centro que es inmenso; además, debe resaltarse la rigidez en cuanto a los horarios, para bien y para mal, así como la entrega total de todos los que hacen posible esta experiencia», comenta Irene.

«Aunque solo estuvimos tres días en Washington, porque esos festivales suelen ser de corta duración, esta ciudad también nos sorprendió por su composición cosmopolita, por sus hermosas edificaciones y, sobre todo, por sus museos, que, además de ser gratuitos, promueven valores que vale la pena llevarse con uno para siempre».

Nueva sede, más inspiraciones

En el Malecón habanero, entre las calles Galiano y Blanco, en el inmueble que otrora acogiera al Club aéreo y del automóvil durante la primera mitad del siglo XX, y más tarde, entre otras, a la sociedad Cangas del Narcea, donde Irene Rodríguez recibiera clases de danzas españolas, se halla desde septiembre de 2017 la sede de su compañía.

«Tomó tres duros años reconstruir y readaptar la edificación. De manera muy especial agradezco  a Eusebio Leal y a su equipo de la Oficina del Historiador de La Habana, quienes vieron la importancia de conjugar el valor cultural de nuestra labor con los del inmueble.

«Una vez instalados y a disposición nuestra los espacios recién habilitados para las clases y los ensayos, ha comenzado el crecimiento de esta sede que acoge actualmente a más de 400 estudiantes en sus distintos cursos. Aquí se encuentra la compañía profesional y dos escuelas, una con carácter vocacional para niñas y niños a partir de cinco años, y los talleres profesionales, que están dedicados a aquellos con intereses de convertirse en bailarines.

«También este año realizaremos la sexta edición de los talleres Verano flamenco que ofrecemos de forma gratuita como parte del proyecto Rutas y Andares, de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana. Y, además, propondremos un curso en nuestra compañía de cinco horas y media de duración, durante siete días, en la segunda semana de julio».

Como reconocimiento a ese trabajo continuo de Irene Rodríguez y sus pupilos, en diciembre del 2017 la compañía fue nombrada como sede oficial de la Escuela de Flamenco de Andalucía en Cuba.

«Esta supervisión representa un apoyo institucional desde España que valida el trabajo que hacemos en cuanto al flamenco y las danzas españolas. Es la primera vez que sucede con una escuela en nuestro país, y eso representa un compromiso muy grande, pero muy fructífero para nuestros estudiantes».

Interrogada sobre los nuevos proyectos de la compañía, Irene Rodríguez asegura que actualmente preparan un nuevo repertorio, para «arrancar» en septiembre, probablemente en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, con más brío que nunca. 

Asimismo, ha querido informar a los lectores de JR que el 30 de junio y el 1ro. de julio ofrecerán la gala de fin de curso de todos los talleres, en el Teatro Lázaro Peña, a las 5:00 p.m.

No parece haber dudas de que para formar parte de esta joven, pero muy talentosa compañía, es necesario tener muy claro que para triunfar en ella hace falta mucho esfuerzo y dedicación. Así lo asegura Mara de Armas: «Como en la mayoría de nuestras presentaciones, en el Kennedy no tuvimos descanso, llegamos y al día siguiente desde bien temprano ya estábamos ensayando, y al otro día el ensayo general, igual o más intenso, y todo para poco más de un hora en el escenario…

«El sacrificio vale la pena, esforzarse día a día tiene sus frutos, aunque lo disfrutemos durante un breve momento y el público tal vez no conozca todo lo que hay detrás de ese espectáculo. A veces nos parece que no podemos más, pero entregándonos hasta el cansancio nos damos cuenta, al final de que sí se puede, porque amamos lo que hacemos».

La compañía Irene Rodríguez presentó su pieza Emigrantes en el Centro Kennedy. Foto: Martha Andrés Román

 

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