¡Un todo incluido!

A la universidad volvemos de visita para sentir nuevamente la energía que nos curtió la fresca piel de adolescentes y nos dotó de un blindaje más eficaz para afrontar la vida: la coraza del saber

Autor:

JAPE

Cuando hace apenas unos días escuché al cantautor David Blanco hablar sobre el concierto que tendría lugar en la escalinata de la Universidad de La Habana, se removieron mis recuerdos como cadera de mulata rumbera. Disculpen lo erótico del símil, pero de música se trata. Digo así porque David habló de los jóvenes universitarios y de sus autores preferidos, aquellos que estarían entre los invitados a la cita de corcheas, redondas, blancas, negras, mulatas, indias, chinas... y de blancos, negros, mulatos, indios, chinos... Sí, porque hay que estar a tono con el idioma y los géneros.

Se habló de nombres como el dúo Buena Fe, Diván, Laritza Bacallao...  y a mi mente vinieron vocablos aborígenes como Manguaré, Mayohuacán, Guaycán, a los que sumo otros sustantivos como Sierra Maestra y Moncada. Eran los grupos musicales que habían nacido en las aulas.

No es que antes se impartieran asignaturas de música en los estudios superiores, más allá de las escuelas de arte. El mayor «culpable» fue el inmenso movimiento artístico aficionado de aquellos tiempos, cuyos miembros, a pesar de ser empíricos en su mayoría, eran muy profesionales.

No entraré en comparaciones porque otros son los tiempos, además del riesgo de olvidar algunas agrupaciones de antaño, con sabor a FEU. Hoy es otro el entorno sociocultural en el que la misma FEU que fuera de Moncada, Mayohuacán, Manguaré... proyecta ahora sus espacios y sus objetivos.

Estudiar, superarse, hornear al hombre (y a la mujer) socialmente útil, siguen siendo los supraobjetivos, pero me parece escuchar a mi amigo Floro decir: «Bueno JAPE, ¿y lo otro?». ¡¿Qué es lo otro?! ¿Reír, divertirse, amar, disfrutar a plenitud los años mozos? Eso está incluido también. El problema es que mi amigo Floro, conoció a su media naranja, con la cual lleva más de un cuarto de siglo de relación, en un concierto en el estadio Juan Abrantes… Sí, el estadio de la FEU, donde se formaron muchos de nuestros grandes campeones. Ya lo dije: ¡La FEU es un todo incluido!

Los que ya peinamos canas, y los más jóvenes también, nos veremos identificados en estas líneas porque en nuestros años de estudiantes universitarios conocimos al amor de nuestras vidas, o tuvimos algún romance imposible porque no logramos «llevarnos el gato al agua». De esta etapa suman varios los amigos inolvidables, aquellos que llamamos años después de la graduación para celebrar el aniversario.

Nunca faltan los espacios a los que regresamos para dar un abrazo a los entrañables profesores, a toda la gente buena que labora en dichos predios y que ya son parte de nuestra familia. A la universidad volvemos de visita para sentir nuevamente la energía que nos curtió la fresca piel de adolescentes y nos dotó de un blindaje más eficaz para afrontar la vida: la coraza del saber.

Ya lo dijeron los poetas: cuando llegas a la universidad, cuando ingresas en la FEU, te asaltan. Sin previo aviso te dicen: «¡arriba las manos, es un asalto de amor armado!» Cualquier duda, pregúntenle al grupo Moncada.

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