El teatro es un acto de conspiración

El banquete infinito se titula la más reciente propuesta de Teatro de la Luna, que dirige Raúl Martín

Autor:

Yoel Almaguer de Armas

Alberto Pedro no pudo ver en escena su pieza El banquete infinito. Murió muy pronto, a los 50 años, justo cuando la vida comienza a retribuir por el esfuerzo hecho. El dramaturgo cubano terminó esta obra en 2003 y luego quiso que Teatro de la Luna, dirigido por Raúl Martín, se encargara de la representación.

«Me preguntó si me gustaría montar El banquete… Le dije que sí, pero le sugerí algunos cambios, como enriquecer los personajes de las tres Viriles, porque en el grupo no acostumbraba a tener actores de reparto, sino protagonistas y personajes con mucho peso», cuenta Martín.

Y esa reconstrucción la hizo también para el resto de los personajes, quienes enriquecerían aquel texto que en un principio no pudo concretarse por cuestiones de producción.

«Él murió en 2005 y un año después estrené Delirio Habanero, otra idea suya, pero esta era más pequeña, y en aquel entonces me gustaba la idea de unir a fundadores del grupo que andaban en otros proyectos. El banquete… esperó a tener condiciones de trabajo, como un buen local de ensayo que nunca apareció, hasta que hablamos con la directora del Centro de la Danza, en cuya sede tuvimos nuestra casa durante nueve meses».

Así comenzó el montaje de esta pieza que para Raúl ha sido la más difícil desde todos los puntos de vista: «Por el lenguaje que emplea y por la producción (no solamente del vestuario y la escenografía, sino por los insumos, porque es una puesta que requiere de alimentos, pues se come en vivo».

Cuando Alberto rescribió El banquete infinito no estaban los actores para los cuales hizo tal trabajo. El elenco con el que contaba Raúl, y con el que cuenta, es muy joven, y por tal motivo el montaje se convierte en un proceso de formación actoral.

«Es una obra compleja, pues Alberto hace uso de la retórica como herramienta. Y se esmeró en llenar la obra de sinónimos, eufemismos, y de una construcción gramatical complicada, consciente él de que el resultado sería un juego con el habla y el lenguaje.

«Dicha retórica hacía más difícil el ensayo para los actores jóvenes, porque requerían de vivencias que muchos de ellos no poseen. El banquete infinito necesita actores que digan bien, que tengan mucha energía física porque esta representación es una farsa vertiginosa: te encaramas en un tono y de ahí no bajas».

Al principio el director de piezas como Los siervos, La boda, El enano en la botella, La primera vez y El dragón de oro pensó que sus actores no se comunicarían fácilmente con el público, pero El banquete infinito ha sido un éxito e incluso, aunque termina con planteamientos filosóficos y frases elaboradísimas, los asistentes captan los signos que Alberto plasmó en ella.

«El teatro es un acto de conspiración, sea cual sea el tema. Nosotros nos confabulamos con el espectador, compartimos con ellos una verdad que es moldeable y cambiable.

«El buen teatro subvierte dogmas, esquemas, cánones sociales; remueve los cimientos de la sociedad sin provocar grandes transformaciones porque es muy difícil que una obra transforme demasiado un país, pero sí hace reflexionar a la gente».

El banquete infinito de Teatro de la Luna tiene de farsa, de tragicomedia, de tragedia por su tono épico, que se hace de una manera irónica. El público es el conglomerado que acepta y reacciona en compañía de los músicos jóvenes que cantan en vivo y que, de conjunto, se enfrentan mentalmente a los estímulos del jerarca.

Le pregunto a Raúl Martín qué diría su amigo Alberto Pedro de la obra que montó y me responde que de seguro estaría muy contento. «La alegría y la conformidad las expresaba siempre con frases muy originales, muy juguetonas, muy infantiles, como si fuera un niño grande.

«Se sentiría muy complacido, pues tenía claro que el teatro es un juego, una fiesta, y nosotros, de alguna manera, lo hacemos en El banquete infinito, en el que convergen olores, comidas y el gran carnaval que propone la obra. Eso a Alberto le hubiera encantado».

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