No muere con el día

Reinaldo Cedeño Pineda, periodista nacido en Santiago de Cuba en 1968, confirma sus valores literarios y periodísticos con la colección de crónicas y entrevistas titulada Los huesos en el papel

Autor:

Luis Sexto

Reinaldo Cedeño Pineda, periodista nacido en Santiago de Cuba en 1968, confirma sus valores literarios y periodísticos con la colección de crónicas y entrevistas titulada Los huesos en el papel, puesta en el relevante catálogo de la Editorial Oriente.

No sé por qué, o yo sí sé por qué, tras leer las páginas de este libro sentimos el olor entrañable de lo vivido y luego evocado definitivamente, para que el acto, el rostro, la confesión, el recuerdo permanezcan para siempre.

Existe —sabido es— un periodismo que sobrevive más allá del atardecer y queda como una referencia siempre renovable por la lectura. Y esa vigencia, ese mantener la frescura y la suculencia capaz de tentar apetitos a pesar del tiempo, se conquista no solo por lo que escribe sino cómo el periodista lo escribe. Porque ser leal a la norma, no parece bastar. La forma y el estilo habrán de elevarse sobre las normas.

Las noticias o ciertas cuartillas descoloridas, aunque se inscriban en la noción común del periodismo, suelen perder vigencia en minutos. Sin embargo, cuando en ciertos géneros se aderezan sus contenidos con las calidades menos socorridas del estilo y con la profundidad de la indagación, es muy probable que lo publicado hoy, pueda seguir interesando en el futuro.

Ese mérito creador hemos de otorgárselo a Cedeño, que posee el don de observar a figuras y cosas con mirada emotiva. Incluso sus entrevistas se permean de subjetividad, de impresión sentimental que pasa a las palabras y las palabras llegan a nosotros y nos conmueven, aunque también nos informen y reproduzcan datos y gestos. Datos y gestos, digamos de Elena Burke, Rosita Fornés, Adolfo Llauradó, Dulce María Loynaz, y otros nombres que, aunque no sean conocidos, el periodista eleva en este libro  desde el anonimato a la gloria de la expresión.

Un cronista es también un poeta. No importa que el vehículo sea la prosa. En cada texto, el lenguaje se tensa y nos graba las imágenes de sus temas y personajes. Cedeño cree que el periodismo no solo tiene el destino de morir con el día. Acepta el desafío. Les insufla vigor y gracia a sus crónicas. Y vence.

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