Vence Cuba a Nicaragua en béisbol centroamericano

Cuba anotó seis carreras, por solo una de los nicas, y bateó 19 hits con dos errores. Ganó Yadel Martí, en siete entradas y dejó el juego en manos del relevista Vicyohandri Odelín

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Juventud Rebelde

Alexander Mayeta cumple funciones de cuarto bate en el equipo Cuba. Foto: Juan Moreno CARTAGENA DE INDIAS, Colombia.—Una fina llovizna retrasó un poco el comienzo del juego de béisbol entre Cuba y Nicaragua, y los aficionados se desesperaban en las gradas repletas del estadio 11 de Noviembre, de esta ciudad.

Inquietos, los espectadores se entretenían entonces en polemizar sobre la calidad de los rivales de marras, sobre todo de los cubanos, a quienes les endilgaban el apodo de «grandesligas». «Esos muchachos ya demostraron en el clásico que le ganan a cualquier rival, sea del nivel que sea, en Cuba la pelota siempre ha sido de primera», decían.

Mientras, este reportero reía al verlos discutir como si estuvieran en plena peña del Parque Central de La Habana. Pero cuando empezó el juego se hizo un gran silencio, interrumpido solamente por el anunciador local, quien nombraba siempre al bateador de turno.

Nicaragua salió delante una por cero, y la gente animaba a los antillanos como si fueran el equipo de casa. Entonces descubrí entre la multitud a Don Omar, el ilustre pelotero, no el cantante de reguetón cuyo concierto esta semana se promociona mucho aquí.

Estaba sentado junto a Héctor Milián, en medio de un gran grupo de Glorias del deporte cubano que han sido invitadas a participar en estos XX Juegos Centroamericanos y del Caribe. Llegué hasta él en medio de una atronadora algarabía, pues Cuba había logrado empatar el choque en la parte alta del tercer episodio.

—¿Qué haces ahora que no juegas pelota?

—Estuve como entrenador del equipo de Pinar del Río en la Serie Nacional y al terminar el campeonato me llamaron para estar unos 12 o 13 días en la concentración de este equipo que se preparaba para venir aquí. Y luego, ya ves, tuve el privilegio de ser invitado a participar en estos Juegos.

—¿Qué siente un pelotero como tú viendo al equipo desde las gradas, incluso perdiendo?

—Bueno, después de haber jugado tantos años, es incómodo estar mirando un partido desde afuera. Siento unas ganas enormes de salir a batear. Pero los muchachos se han crecido siempre, y este torneo no será la excepción.

Entonces le cambio la bola y le lanzo una bola recta que seguramente no esperaba:

—¿No has pensado en dirigir, sobre todo ahora que Pinar del Río parece no estar en un buen momento? Mira que con Santiago pasaba lo mismo y Pacheco entró en cintura al equipo…

—Lo he pensado, sí, pero no hay nada seguro todavía. Tengo disposición de ayudar a mi provincia como siempre he hecho, así que si me llaman, iré. Pero hay que esperar.

Y se me ocurre otra pregunta, pero el público comienza a rugir de nuevo y ya no se detiene. Es que Cuba ha tomado ventaja y se encamina hacia la victoria.

LOS NUMERITOS

Cuba anotó seis carreras, por solo una de los nicas. Los criollos batearon 19 hits e hicieron dos errores. En cambio, sus rivales pegaron solo cuatro incogibles y también pifiaron dos veces. Ganó Yadel Martí, quien trabajó siete sólidas entradas y dejó el juego en manos del relevista Vicyohandri Odelín.

A la ofensiva, Ariel Pestano bateó de 5-3 y el «Yuli» de 5-2. Frederich Cepeda pegó el primer jonrón de los campeones olímpicos, quienes jugarán de nuevo esta noche contra Venezuela, en un esperado duelo de invictos.

«CUANDO SIENTA MIEDO ME VOY DE LA PELOTA», MAYETA

«Fue una sorpresa para muchos, sobre todo para mí mismo».

Así, lacónico y sin rodeos, respondió Alexander Mayeta (el único debutante en el equipo nacional de béisbol de estos Juegos Centroamericanos), cuando le pregunté sobre su inclusión en la principal selección de Cuba.

Era lógico el asombro. El número 55 de los Industriales llega al «team» de las cuatro letras a los 29 años —nació el 22 de febrero de 1977— después de haber descosido en vano la pelota en varios torneos domésticos.

«Antes, cuando pensaba que al menos me había ganado el B, ni a la preselección me llamaban. De vez en cuando me desilusioné un poco. Entonces repetía: Trataré de superarme, mi primera meta es jugar.

«Ahora me dieron este chance, el que pedía, lo hice bien en el entrenamiento y ya ven donde estoy», señala con la alegría reflejada en los ojos, sentado junto a su coequipero azul Rudy Reyes.

¿No asusta ser el cuarto bate del Cuba en el debut?, inquiero. ¿No es demasiado edificio para esos hombros? Y, de paso, le comento que todos sus compañeros tienen dos o más participaciones internacionales con el conjunto grande, salvo Garlobo (hizo el grado por primera vez en el Clásico), Duvergel (en el Mundial de 2001) y Montieth (olimpiada de Atenas 2004).

Pero el jugador más valioso de la pasada Serie Nacional pronto se desata de la brevedad lingüística del comienzo: «Ese fue el puesto que me dieron desde el primer juego y trataré de responder a esa confianza. Si las cosas salen mal no será por presión, el día que sienta miedo o nervios me voy de la pelota. Estoy tranquilo».

Mayeta ingresa al conjunto emblemático de la Isla con la responsabilidad, diríamos en sentido figurado, de pellizcar el Sol. Porque desde el retiro de Orestes Kindelán en el 2001 —con todo el respeto a sus sucesores— pareció abrirse un vacío demasiado ancho en el turno del gran cañonero.

«Yo siempre he creído que un cuarto bate hace falta para impulsar carreras, más que para dar jonrones», señala este moreno fornido nacido en el municipio Playa y quien justamente en su estreno en torneos internacionales, contra Guatemala, empujó tres carreras para el plato.

Practicante de la pelota desde los siete años, el inicialista confiesa que hasta los 15 fue lanzador ocasional «aunque muy malo» y que, como en Cuba, no le teme a los posibles lanzadores zurdos rivales de estos Juegos Centroamericanos.

«Mis compañeros me han apoyado bastante, me siento cómodo», subraya y se va a sus faenas beisboleras con una sentencia enigmática que remata la pícara sonrisa: «Ya entré; saldré... cuando el destino quiera». (Osviel Castro Medel, enviado especial)

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