Contrarreloj

Autor:

Juventud Rebelde

Amigos rebeldes:

Espero que cuando tropiecen con estos renglones escritos con prisa ustedes sigan siendo unos bacanos.

Les estoy hablando en el «dialecto» de esta región. Aquí bacano significa: chévere, bueno, magnífico, excelente, profundo y hasta nuevo. Por eso, resulta común escuchar en estos juegos que los atletas de Cuba o de Colombia son bacanos.

Nosotros proseguimos en la «lucha» —vale la acepción para ambos lados—, a la pesca de novedades, en una jornada que nos sacó el aire, pues se disputaron 47 finales.

Hoy las colas para entrar a las competencias parecieron menos voluminosas que en otras fechas, aunque quizá sea que nos hemos acostumbrado a ver estas hileras semejantes a un hormiguero humano.

En tales congregaciones puede mirar uno muchos pelaos, palabra que equivale en la localidad a niños (por cierto, en Bogotá se les llama «chinos»).

Y mientras las gentes se organizan en filas hasta pasar frente a la taquilla de boletos gratis, se escuchan con facilidad las «mamaderas de gallo», expresión que simboliza broma, mofa o tomadura de pelo. De modo que no se asusten si les exponemos que en nuestras andanzas reporteriles, alguna vez los nativos estuvieron tratando de mamarnos gallo.

Este viernes la prensa escrita ya reflejó con menor puntaje el repunte de Cuba en la tabla de medallas. Y entre noticias y noticias encontramos que a un individuo en una lejana región del país intentaron chuzarlo. Les traduzco: pincharlo, tocarlo o herirlo con un objeto punzante.

Aquí no han existido problemas. La tranquilidad ha sido total y de no haber sido por el intenso trabajo hasta hubiéramos entrado a curiosear a los restaurantes Cipote Mondongo, que abundan en la ciudad.

Cipote —que en el oriente de la isla es ofensivo («Vete pa’l Cipote»)— en Cartagena se ajusta a grande, notable. «Cayó cipote aguacero». Mondongo representa el estómago de la vaca, el cual se come por estos lares.

El trato de los naturales dentro y fuera de los recintos vinculados con el certamen: extraordinario. El cariño espontáneo ha brotado por doquier, incluso de aquellos que están «con el rancho ardiendo». La frase se aplica para quienes quedaron con un problema grave: «La dejó embarazada, con dos hijos, sin dinero y con el rancho ardiendo».

Por extensión ha llegado al béisbol. Cuando nuestros bateadores llenaban las bases o explotaban a un lanzador en el estadio 11 de Noviembre, era ordinario escuchar a los cronistas locales: «Viene a relevar, le dieron la pelota y lo dejaron con el rancho ardiendo».

No sigo llenándolos de neologismos. Sé que ustedes nunca serán guaches (mal hablados, groseros) ni se dejarán arder jamás el rancho.

Un abrazo,

Osviel Castro Medel

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