Meritorio esfuerzo de las cubanas en softbol

Numerosos sacrificios han realizado las integrantes del equipo cubano de sofbol para merecer el reconocido prestigio que tienen

Autor:

Juventud Rebelde

Marlene Bubaire, la abridora. Foto: Daniel Anaya CARTAGENA DE INDIAS, Colombia.— Ahora, viéndolas jugar en el estadio de softbol de Chiquinquirá, un remolino de recuerdos llega a la mente: aquellas que pospusieron el embarazo, aquellas que lucharon contra discriminaciones, aquellas que continuaron después de la maternidad.

Ahora, en el segundo inning, mientras Vilma Álvarez impulsa con fly de sacrificio la primera carrera contra Venezuela, en el duelo que ha de catapultar a Cuba a la gran final, pienso en la mujer que a los 36 años hizo el sacrificio de dejar a la bebita de 13 meses (Vilmaris) en la lejana casa de Bayamo para defender el estandarte tricolor.

Ahora, cuando la lluvia llega de noche y se van estas muchachas a un descanso forzado, miro el esfuerzo descomunal de Yolexis Tamaño, quien con las bases llenas llega de relevo y calma tempestades con el drow, su mejor lanzamiento. Y medito en los ejercicios rígidos que hubieron de enseñarle en sus inicios en Las Tunas para que tirara centellas desde la tabla de lanzar.

Ahora, con llovizna y pelota resbalosa todavía, al reiniciarse el juego con mínima ventaja, reparo en la alegría de Diamela, Daniellis, Yaleisa... las otras jugadoras del cuadro —alguna repuesta de un catarro— y comprendo por qué llegaron invictas a este choque que rompe el corazón.

Ahora, cayendo ceros, entrada tras entrada, admiro el temple de Cumbá —de 26 agostos, también madre— que en la antesala recoge y tira como en los tiempos en que se iba semiescondida a jugar pelota allá por los rincones de Guantánamo.

Ahora, después de un batazo largo de una venezolana, cuando la Zurda, Yanelis Rodríguez, viene imbateable en reemplazo de Yolexis al círculo de pitcheo, traslado la mente a la muchacha antes diminuta que lloraba en Manzanillo cuando las cosas le salían mal.

Y retrato al malcriado que antaño en una gradería cubana pretendía ofenderlas con chistes bien machistas y que ellas —atrapadas increíbles mediante— hacían quedar mal.

Ahora, llegado el séptimo episodio, el suelo transpirando agua de lloviznas, contemplo a Yunexis o a Bubaire (la abridora), desde el banco y me maravillo por el aliento infinito que transmiten sin jugar.

Con la pizarra 1-0 observo un fly al left field. El fildeo, la alegría, el aplauso de casi todos los presentes. No me percato de que es el último escón sobre las «vino tinto» y al golpe de las anotaciones en la agenda... se me van de la vista sin preguntarles nada...

Ellas que con tanto hierro y espina han lidiado en sus vidas, campeonas en México y Maracaibo sin hablar. Ellas, como muchas otras mujeres deportistas de nuestra Cuba, merecen una oda sin reposo final.

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