Chao, Cartagena

El mayor tesoro de esta ciudad son sus moradores. Ellos hicieron que los Juegos fueran un éxito

Autor:

Juventud Rebelde

Monumento a la India Catalina, en el centro mismo de la ciudad Fotos: Juan Moreno, enviado especial

CARTAGENA DE INDIAS, Colombia.— Antes de venir a esta ciudad, ya teníamos referencias de su belleza. Sabíamos, por ejemplo, que hasta cierto punto se parece a nuestra Habana, por los vestigios de la época colonial, por su gente, por el mar.

Llegamos entonces con muchas expectativas, y desde que aterrizamos en el aeropuerto internacional Rafael Núñez sentimos que la sede principal de los XX Juegos Centroamericanos y del Caribe nos cautivaría para siempre. Aquí los cubanos nos hemos sentido como en casa, porque los cartageneros son extremadamente amables, y porque las comidas, la música, o las modas, son similares a las nuestras.

Han sido 15 días intensos, y de competencia en competencia, moviéndonos de una instalación a la otra, hemos podido recorrer al menos una parte de esta animada urbe, declarada por la UNESCO Patrimonio Cultural e Histórico de la Humanidad.

En los trayectos, ha sido imposible no detenerse a admirar el cordón de murallas que nos remiten a aquellos días del siglo XVI, cuando los españoles iniciaron su colonización y fortificaron la ciudad para resguardarla de los continuos ataques de corsarios y piratas.

En nuestro camino ha estado siempre también el majestuoso castillo San Felipe de Barajas, construido igualmente a la sazón por el entonces famoso ingeniero Juan Bautista Antonelli, creador además de las fortalezas del Morro y La Punta, entre otras muchas.

Delante, la estatua de Blas Leso. Detrás, el majestuoso castillo de San Felipe de Barajas. Más al centro, justo donde los automóviles se amontonan y se forma el «trancón» (tranque), que muchas veces nos retrasó la llegada a los eventos, está el monumento a la india Catalina, de quien se dice fue una hermosa y valerosa guerrera, capturada por Alonso de Ojeda en 1509, que luego sirvió de intérprete al conquistador Don Pedro de Heredia en su enlace con los nativos Calamarí.

La imagen de Catalina fue fuente de inspiración para crear una de las mascotas de estos Juegos, la indiecita Cata, y también se utiliza en los trofeos que premian a los ganadores del festival de cine que todos los años se realiza en esta ciudad.

Cartagena tiene otros símbolos como La gorda Gertrudis, obra del maestro Fernando Botero, y sus múltiples plazas. Entre estas destacan la de Santo Domingo, la de San Pedro, la de los Coches y la de La Aduana. La última es quizá la más grande y monumental de todas, y debe su nombre a que allí funcionó en tiempos coloniales la Casa de la Aduana.

Y están las playas, situadas en la llamada «ciudad nueva», donde nativos y turistas se aventuran a «disfrutar» de un sol implacable, el mismo que nos abrazó en estos días provocando temperaturas de hasta 37 grados, pero que se sienten más.

Pero acaso el mayor tesoro de esta ciudad son sus moradores. Ellos hicieron que los Juegos fueran un éxito, a pesar de los retrasos en la terminación de las obras o de algunas otras limitaciones que ahora no vienen al caso, porque es el momento del adiós y no nos gusta despedirnos sin perdonar los errores. La gente aquí ha sido cariñosa, solidaria, respetuosa, y ello merece un diez, la más alta calificación. Así que, con el pecho apretado, te decimos chao, Cartagena.

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