Pelotas de las Grandes Ligas deberán guardarse en instalaciones especiales

La oficina del comisionado del béisbol de las Grandes Ligas informó a los equipos que las pelotas deberán ser almacenadas en cuartos de temperatura controlada

Autor:

Raúl Arce

A pesar de su extensión, en el estadio Coors Field, de Colorado, se anotó un mayor número de carreras durante sus primeras ocho temporadas que en cualquier otro estadio. Sin embargo, la marca se redujo hasta el segundo lugar en tres de las últimas cuatro.

Como zumba y suena. La oficina del comisionado del béisbol de las Grandes Ligas —dice un despacho de la agencia AP, desde Nueva York—, informó a los equipos que las pelotas deberán ser guardadas en un cuarto de temperatura uniforme después de que las reciban del fabricante.

Ya no se desechará una bola tan solo a causa de alguna leve suciedad, por un rasponazo o porque al lanzador le parezca que pesa más o menos que las demás, que es más grande, más chiquita o más rugosa. El ardor que emane de su piel podría igualmente excluirla del juego.

A tenor de los acontecimientos, parece inobjetable que fueron los Rockies de Colorado, y no un equipo de expertos de astronáutica, la CIA o el Pentágono quienes metieron a la redonda, con todas sus costuras, en un laboratorio. O mejor, en un humidificador, en su estadio Coors Field.

«La especificación que recomienda Rawlings (el fabricante que suministra pelotas al torneo norteamericano) es que se mantengan a una temperatura de 21 grados Celsius y en un 50 por ciento de humedad» señaló el vicepresidente ejecutivo del béisbol, Joe Garagiola (hijo).

«Hemos contactado a cada uno de los 30 equipos, y todos nos han confirmado que almacenarán sus bolas en instalaciones especiales», dijo.

«No habrá humidificadores en todos lados, pero cada lugar tendrá una temperatura controlada, así creo que habrá bastante uniformidad».

En Coors Field se anotó un mayor número de carreras durante sus primeras ocho temporadas —a partir de 1995— que en cualquier otro estadio.

Pero la marca se redujo hasta el segundo lugar en tres de las últimas cuatro, detrás del Ameriquest Field en Arlington (2003), el Great American Ball Park de Cincinnati (2005) y el Estadio Kauffman de Kansas City (2006).

Los dueños del Colorado dijeron en el 2002 que habían instalado el humidificador. Así, el promedio de hombres que hollaron el home del Coors Field, hasta 15 por juego en 1996, cayó a 10,7 la temporada pasada.

En el Caribe, mientras tanto —y se me antoja que más por idiosincrasia que por escasez de refrigeración—, seguiremos jugando con bates y pelotas calientes.

Y sin miedo a topar, pues sabemos que a los nuestros no se les asusta con los cambios de temperatura.

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