Si pitcheo, doy nueve ceros

Por su explosividad sobre el terreno, Víctor Mesa fue uno de los peloteros más queridos por el público cubano. Ahora es el más controvertido de nuestros directores

Autor:

José Luis López

A pesar de su explosividad, Víctor pondera la disciplina férrea en el equipo. Foto: Ángel Yu

SANTA CLARA.— Como ya es tradición, el aguerrido equipo de Villa Clara accedió a los play off de la XLVI Serie Nacional de Béisbol. Su pitcheo fue el tercero de la etapa regular (3.20 PCL), defendió para 975, en tanto el talón de Aquiles fue el promedio de bateo (255, último).

Todo ello lo vivió y sufrió Víctor Mesa, acaso el más polémico de los directores cubanos.

—¿Qué es para usted un equipo de béisbol?

—Una mezcla de talento con férrea disciplina, empezando por mí y exigiéndole siempre a los jugadores consagrados y a mis auxiliares.

—Villa Clara comenzó la serie con ciertas lagunas, e incluso, muchos de sus seguidores dudaron de la clasificación para la postemporada. ¿Cómo logró llegar a esta fase?

—Ser último en el renglón ofensivo es lo peor que puede sucederle a un equipo y a un director. Además, hubo deficiencias en la interpretación técnico-táctica del juego que yo planteaba. Para la próxima temporada, debo fortalecer el cuerpo técnico, pues a la hora buena, me lo dejan todo a mí. Algo positivo fue que, de ser un conjunto con «casi nada», nos hemos convertido en un peligro.

—¿Le impregna usted a sus discípulos las características de aquel explosivo e imparable Víctor Mesa en su época de jugador?

—Trato de hacerlo, pero el triunfo de un director radica en conocer las peculiaridades de cada uno. Los hay que son veloces y saben tocar la bola; otros tocan pero son lentos. Yo les inculco trabajar para el equipo, no individualmente, y que exploten al máximo sus habilidades. Te diría, por ejemplo, que ellos aún deben mejorar en algo en lo que yo siempre me destaqué: coger más terreno adelantando en primera base.

—¿Cuál de ellos se asemeja más a usted como jugador?

—Yuniet Flores y Lionis Martín, jóvenes muy rápidos y habilidosos.

—Se comenta mucho sobre sus relaciones con los atletas. ¿Cómo son?

—Te aseguro que son excelentes, tanto dentro como fuera del terreno, pero siempre manteniendo la distancia. Por su juventud, a los muchachos hay que «gardearlos» permanentemente, pero me siento muy orgulloso de ellos. Tienen un futuro prometedor si no se distancian del entrenamiento diario.

—¿Se siente bien como director, o preferiría aquella época de jugador activo?

—Siempre me divertí jugando pelota, pero tenía que recibir órdenes. Ahora hago lo que pienso, me dirijo yo y muchos confían en mis decisiones.

—Cuando Villa Clara se presenta de visitador, el graderío comienza a repicar: ¡Víctor, pitchea tú! ¿Le molesta ese cántico?

—Yo gozo con todo eso. Pero ojalá tuviera la posibilidad de pitchear. Les iba a dar lechada de nueve ceros...

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