Prometedor futuro del joven cubano Adrián Puentes en el tiro con arco

Con un elevado nivel técnico y una gran proyección competitiva, fue el ganador de los Panamericanos de Río de Janeiro a los 19 años

Autor:

Juventud Rebelde

Adrián Puentes sueña con los Juegos Olímpicos. Foto: Franklin Reyes Como casi todos los niños cubanos que se inclinan por el deporte, Adrián Puentes probó suerte primero jugando béisbol. Pero era «malo» —él mismo lo reconoce— y sus compañeros de aula lo embullaron a desistir.

«Se hizo una captación para el tiro con arco en mi escuela primaria y aprobé el examen. Los primeros entrenadores que tuve fueron Eduardo Lara y Miguel Madrigal», nos cuenta Adrián.

Pero ahora su profesor se llama Jorge Antonio Millán, quien ve en este joven a un talismán: «Adrián ha madurado temprano. Posee un elevado nivel técnico y una enorme proyección competitiva. Por eso ganó los Panamericanos de Río de Janeiro con solo 19 años, superando en la final a su compañero Juan Carlos Stevens por un punto: 112-111. Recuerdo la cara de los estadounidenses y canadienses, quienes habían conquistado todas las medallas de oro anteriormente», confiesa Millán.

—¿Y tiene posibilidades de ir a los Juegos Olímpicos?

—Nuestro equipo masculino cuenta con una plaza para Beijing, la cual fue ganada por Juan Carlos Stevens en la competencia clasificatoria efectuada el pasado año en El Salvador. Pero ambos (Stevens y Adrián) están en igualdad de condiciones para hacer el grado.

Y torcemos la vista hacia el muchacho, que baja la cabeza cuando escucha a su entrenador. La levanta de nuevo cuando le hacemos otra pregunta:

—¿Es difícil competir siempre contra rivales de mayor experiencia?

—Uno siempre aprende de los que más saben. Con ellos aprendí a concentrarme mejor, a ser más «fino» en el momento de disparar. Me siento cómodo, nunca he tenido nada que perder.

—Cuándo ganaste en Río de Janeiro, ¿te lo creías?

—(Sonríe) Mi meta personal era tratar de ubicarme entre los ocho primeros. Pero ese día me sentía en excelente forma y, a medida que iba pasando la competencia, me fui creyendo cosas, en el mejor sentido de la palabra. Pero en la noche, después que dormí un rato, le pregunté a los demás: caballeros, ¿lo que pasó esta mañana fue verdad? Todos se echaron a reír.

—¿Eres un joven normal, digamos, como nosotros?

—En realidad, mi vida no es tan juvenil. En ocasiones quiero ir a una discoteca, por ejemplo, y no puedo hacerlo porque a la mañana siguiente tengo que entrenar. Pero no lo asumo con resignación, sino como parte de algo que yo elegí. Las competencias se ganan en el entrenamiento.

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