Cuba busca su ofensiva

Con la misma piedra...

Autor:

Raúl Arce

Batear, el remedio. Cuba anotó 21 veces en siete juegos en Holanda, y pegó 47 hits, apenas 6,7 por partido; sufrió 43 ponches y recibió solo 31 boletos

Que nadie se llame a engaño: Antonio Pacheco ansía lo mismo que nosotros, la victoria de Cuba en el béisbol olímpico de Beijing 2008.

Pero cada cual está en libertad de expresar sus puntos de vista, sin el riesgo de que lo expresado sea utilizado en su contra.

Ante una escena del crimen perfectamente preservada (el estadio Pim Mulier, en Haarlem, Holanda, donde Estados Unidos agredió dos veces a la preselección olímpica criolla), una evidencia saltó a la vista, y fue la alineación criolla.

Obviamente, los nueve peloteros que salieron al terreno en los partidos semifinal y final, ante Japón y los norteamericanos, se mantendrán a buen recaudo durante la degollina que precederá a la fiesta inaugural de la capital china. Entonces, cinco hombres serán enviados de regreso al Caribe, y deberán posponer su sueño hasta otros Juegos, tal vez los de 2016, si el deporte de nuestros desvelos reingresa al programa olímpico.

¿Los agraciados?

Tanto Giorvis Duvergel (.308), como Michel Enríquez (.250), Yulieski Gourriel (.182), Alexander Malleta (.227), Frederich Cepeda (.308), Alexei Bell (.217), Alfredo Despaigne (.353), Ariel Pestano (.188) y Eduardo Paret (.231), se mantuvieron aferrados al aparejo de la nave cubana, en medio de la tempestad de Haarlem.

El domingo 13, cuando el juego hacía aguas, cayó a las olas el marinero más insospechado, el cuarto bate Alexander Malleta, reemplazado en el cajón (octavo inning) por Rolando Meriño.

Después Yoandy Garlobo ocupó la primera base, y el derroche de emplear a dos hombres al cabo de una misma sustitución resultó comprensible solo porque había 29 jugadores aptos, y no 24, como ocurrirá en Beijing.

¿Quiénes sobran en la preselección? Hay 17 jugadores de posición y 12 lanzadores. El cálculo más probable apunta a que causen baja tres de los primeros, y un par de serpentineros, aunque esas cifras no son inamovibles.

La plantilla más abultada, sin duda, es la de los receptores. Para acompañar a Pestano deben bastar dos hombres, que se escogerán de entre Rolando Meriño (.167), Eriel Sánchez y Yosvany Peraza, estos últimos con tres turnos fallidos a la ofensiva.

Urgellés y Nava tampoco conocieron el hit, durante sus poquísimas apariciones en Haarlem. Ahora enfrentan la oposición, en lucha por las plazas, de Urrutia (.250), Garlobo (.200) y Olivera (.100).

Creo que este equipo está saturado de figuras con características de bateador designado, y mal nutrido de hombres rápidos en las almohadillas. Pero si en el momento de escoger a 29, estos fueron los mejores, habrá que encontrar una solución, sobre la marcha.

Entre los lanzadores, ya se ha visto quienes fueron dominantes, pero con 30 días de camino, algunos de los que fallaron podrían enmendarse, haciendo más minuciosa la decisión final.

Batear, el remedio

En Beijing habrá que encontrar el tesoro escondido, el de la ofensiva.

Una carrera sucia, al cabo de los recientes 18 innings contra Estados Unidos, resulta una señal de alarma, sobre todo porque a los lanzadores universitarios de ahora los reemplazarán los más pícaros peloteros profesionales.

En total, Cuba anotó 21 veces en siete juegos en Holanda, y pegó 47 hits, apenas 6,7 por partido; sufrió 43 ponches y recibió solo 31 boletos.

Retratados de la cabeza a los pies —solo Bell era un desconocido— los criollos deberán descifrar en agosto los lanzamientos más incómodos, sobre todo en sus duelos olímpicos con Estados Unidos, Japón, y en alguna medida contra Canadá.

Si bien Corea del Sur y Taipei de China nos reservan a serpentineros de altísima calidad, la ofensiva de esos dos asiáticos es, generalmente, contenida por los Vera, Lazo y compañía.

China va en franca mejoría, pero parece todavía incapaz de vencer a Cuba, en tanto Holanda, con su selección nacional, alcanzó un lastimero quinto lugar en Haarlem, y no parece esta vez rival para los nuestros.

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