Los pesados vienen con bronce

Autor:

Juventud Rebelde

Idalis proyectó espectacularmente a la representante de Mongolia, Tserenkhand Dorgjotov, en el combate por la medalla de bronce. Oscar Brayson, de la división de más de 100 kilogramos, quien terminó igualmente en el tercer escaño del podio

BEIJING.— Daima Beltrán no lo podía creer. Desde las gradas, la ex judoca había pronosticado que Idalis Ortiz ganaría el título en la división superpesada, durante la última jornada del judo olímpico en esta ciudad. «Ella tiene la fuerza de Estela Rodríguez y la picardía mía», aseguró.

Pero la pinareña de 18 años nos dejó el grito ahogado en la garganta, al caer en semifinales frente a la china Tong Wen, tres veces monarca mundial y a la postre campeona del torneo. Sin embargo, Idalis se repuso del trance y proyectó espectacularmente a la representante de Mongolia, Tserenkhand Dorgjotov, en el combate por la medalla de bronce.

Fue una competencia muy dura para nuestra muchacha, superada en peso corporal por todas sus rivales. Y unos kilos de más pueden perfectamente inclinar la balanza, sobre todo después de haber saltado dos obstáculos: primero dominó por ippón a la egipcia Ramadan y luego le recetó la misma dosis a la australiana Shepherd.

Aquí, por tanto, no valen los lamentos. A Idalis le queda un mundo por delante y ya aprenderá cómo actuar en este tipo de circunstancias. Dentro de cuatro años, volveremos a gritar su nombre a todo pulmón.

Brayson, sorprendido

Otra meritoria labor rindió este viernes el camagüeyano Oscar Brayson, de la división de más de 100 kilogramos, quien terminó igualmente en el tercer escaño del podio. Pero hay una sutil diferencia, pues a este se le escapó la medalla de plata cuando ya ni su rival soñaba con la victoria.

Agobiado por el poco tiempo y el cansancio, el uzbeco Abdullo Tangriev se lanzó a la desesperada y consiguió derribar al cubano en los segundos finales del combate. Aprendamos la vieja lección: nunca se puede subes-timar al oponente.

Así las cosas, atrapar al menos el bronce era una cuestión de honor y el iraní Mohammad Reza Rodaki no pudo impedírselo más tarde. Brayson bajó entonces del tatami con una mezcla de sentimientos, según constató nuestro fotógrafo que lo siguió con su lente.

En definitiva, la selección masculina de judo no lograba dos medallas en una lid olímpica desde Moscú 1980. Parecen números, pero es más que eso: es una señal.

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