Batear frente al espejo

Hay demasiada ingenuidad en el montículo y los bateadores se acostumbran a conectar fácilmente. Entonces llegan a creer que se las saben todas

Autor:

Juventud Rebelde

Si en el dominó usted puede calcular casi todas las posibilidades, incluso si en la mesa hay un vulgar «bota gordas» —perdí una partida ayer que todavía me duele—, la pelota, en cambio, es tan impredecible como una mujer enamorada.

Pongamos un ejemplo sencillo: se suponía que el receso por el Clásico beneficiaría a los lanzadores, pues estos tomarían un segundo aire y no perderían el ritmo. A fin de cuentas, es prácticamente lo mismo tirar cien lanzamientos en un juego que en una práctica. En cambio, batear sí es harina de otro costal.

Sin embargo, en la primera jornada los bateadores se dieron banquete, especialmente algunos que fueron al Clásico. Los mejores fueron Peraza (de 3-3), Cepeda (4-3), Yulieski (4-3, con jonrón incluido), Olivera (3-2) y Malleta (4-2, también con bambinazo en la factura). Además, Céspedes, Despaigne y Meriño se fueron igualmente para la calle.

Por su parte, Michel pegó un doble y empujó a dos compañeros, en tanto Leonys se apuntó un cañonazo, impulsó una carrera y anotó dos. Otros que ligaron al menos un sencillo fueron Leslie Anderson y Luis Miguel Nava, quien pisó dos veces la goma. Así, solo se fueron en blanco Pestano (3-0) y Pedroso (2-0), mientras Paret fue el único que no jugó.

A eso podemos sumar la labor de otros integrantes de la preselección nacional, marginados del equipo que estuvo en el Clásico. Veamos: Charles (5-4), Mujica (5-2), José Dariel Abreu (4-2 y uno fuera del parque), y Duvergel (5-3, jonrón y doble).

Sobre la colina, solamente sacó la cara el cerrador avileño Vladimir García, quien lanzó dos episodios perfectos frente a Villa Clara, aunque vino con el choque decidido y no se apuntó el rescate.

Ganaron Lazo e Ismel, pero el gigante pinareño permitió tres carreras y le pegaron diez hits en seis entradas, mientras al espirituano le hicieron seis anotaciones limpias en cinco capítulos y dos tercios. A su vez, perdieron Norberto y Ciro, bombardeados en ambos casos.

Lo cierto es que hay demasiada ingenuidad en el montículo y los bateadores se acostumbran a conectar fácilmente. Entonces llegan a creer que se las saben todas y ya sabemos cuan peligroso puede ser este espejismo.

La necesidad de un campeonato con menos equipos y más calidad ha estado ahí durante años, desatendida, y ahora es una urgencia. Como ir al dentista, algo que generalmente hacemos solo cuando hay dolor. Somos humanos y —bien lo decía mi abuela— culpables de que la rutina sea más fuerte que el amor. ¿A quién no le ha pasado?

Los jonrones más difíciles

Atiendo el reclamo de un lector, quien se interesa por los jonrones dentro del terreno, pues escuchó que Reutilio Hurtado se apuntó uno el viernes en Guantánamo. Ese no fue el primero, sino el quinto, durante la presente temporada.

El habanero Ruby Silva inauguró el singular casillero, frente a Camagüey, en el estadio Nelson Fernández. Sucedió el pasado 14 de diciembre. Dos semanas después lo imitó el novato cienfueguero Yasel Puig, en el Latino, contra Industriales.

Otro debutante, el habanero Dennis Laza, lo hizo el 13 de enero, en el estadio Julio Antonio Mella, de Las Tunas. Y el cuarto en conseguirlo este año fue el guantanamero Giorvis Duvergel, siete días después, en el cuartel de los gallos espirituanos.

Se trata del batazo más difícil de conectar en la pelota, pues siempre resulta fortuito. Imagínense que el récord histórico de triples es de 93 (Enrique Díaz) y el de jonrones dentro del terreno es solo de siete (Pedro Jova).

Este último dato es extraoficial, porque la urgencia del diario no permite desempolvar los archivos. Pero prometo confirmarlo, y rectificar si nos traicionó la memoria. De momento, ya en esta Serie hay un «jonrón de piernas» más que en los últimos dos años. Y ninguno de los protagonistas repite.

Finalmente, anoten esta curiosidad, aportada por el estadístico avileño Benigno Daquinta: dos lanzadores estelares consiguieron un jonrón dentro del terreno, cuando todavía no se usaba el bateador designado. Se trata del capitalino Santiago «Changa» Mederos y del camagüeyano Juan Pérez Pérez.

Pero lo mejor viene ahora: sucedió el mismo día, 27 de marzo, aunque en años diferentes. Changa lo hizo en 1968, frente a Matanzas, y Pérez Pérez en 1973, contra Las Villas.

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