Alista Cuba su selección femenina de lucha

Yamilka del Valle, quien  alcanzó el pasado mes de mayo el primer título femenino en la historia panamericana de este deporte, conversa con JR sobre su preparación y sueños 

Autor:

José Luis López

Yamilka del Valle, campeona panamericana en Maracaibo 2009. Foto: Raúl Pupo La lucha femenina cubana ya no quiere ser la «Cenicienta» y esperar por un milagro. Por eso las muchachas ponen mucho su celo en el entrenamiento diario y han tenido buenos resultados en los últimos torneos internacionales.

Actualmente, la preselección nacional es de solo diez atletas y se necesita una matrícula de 14 para «doblar» en las siete divisiones y desarrollar un entrenamiento más integral. No obstante, el esfuerzo ya recoge sus frutos y el más trascendental llegó el pasado mes de mayo, cuando Yamilka del Valle (59 kilogramos) alcanzó el primer título femenino en la historia panamericana de este deporte. Sucedió en la ciudad venezolana de Maracaibo.

Yamilka, de 21 años, es una judoca devenida luchadora. Nació en el reparto El Escribano, en Sancti Spíritus.

—¿Por qué el cambio de un deporte para otro?

—En el judo tenía problemas con el peso, pues me costaba mantenerme en los 52 kilogramos. Además, la comisión nacional de lucha solicitó el «préstamo» de algunas judocas para recibir un rápido intensivo de cara a los Juegos Centrocaribeños de Cartagena de Indias 2006. Y el profesor Ronaldo Veitía aceptó y cedió a un grupo de nosotras. Luego se aprobó la lucha femenina en los Juegos Olímpicos. Ya no regreso al judo, al cual sí le debo mi preparación física.

—¿Quedan rezagos técnicos perjudiciales?

—Sí, pero me propongo borrarlos definitivamente. En ocasiones, en un combate pego la rodilla al piso, o me viro como si fuera un ippón de judo y suelto el agarre. Esos son fallos inadmisibles en la lucha, pues la rival puede trabajar y marcar puntos favorables, sobre todo con el pase atrás.

—¿Es diferente el entrenamiento?

—Más o menos. Por las mañanas, tengo colchón (técnica) y algo de preparación física, como puede ser el trabajo con la soga. Por las tardes, alterno con algunas jornadas de pesas. También hago preparación física en la arena de la playa. Todo ello, sin dejar de fortalecer la resistencia, tan vital para una luchadora.

—¿Tu luchadora favorita?

—La canadiense Martine Drugenier, de 67 kilogramos, también campeona panamericana en Maracaibo 2006.

—¿Y si finalmente te seleccionan para asistir al Campeonato Mundial de Herning, Dinamarca, en septiembre venidero?

—Ese es mi gran sueño. Allí trabajaría tal y como lo hice en el Panamericano de Maracaibo. No voy a temerle a ninguna de mis rivales, por más experimentadas que sean. Estoy bien preparada, física y psicológicamente, para enfrentar a cualquiera y regresar con un buen resultado.

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