Grandes atletas salen de la sombra y regresan a las competencias

Varios ex números uno del mundo en sus especialidades retornan a los escenarios donde alguna vez brillaron y se convirtieron en ídolos del deporte mundial

Autor:

Raiko Martín

Como sucede sobre las pasarelas, el invierno llega con nuevas tendencias al mundo del deporte. Pero más allá de colores, tejidos y estilos, la nueva temporada nos trae hasta las canchas reediciones de historias deportivas que alguna vez impresionaron al universo. Son una especie de remake atlético, enfilados contra la teoría de que «segundas partes nunca fueron buenas».

El más reciente de ellos sucedió hace unos días en Australia, donde la tenista belga Justine Henin volvió a empuñar su raqueta tras casi dos años de inactividad. Y lo hizo bien, pues llegó hasta la final en Brisbane.

La ex número uno del mundo, quien se mantuvo por espacio de 117 semanas en la cima del ranking femenino, había anunciado el pasado septiembre su regreso a las canchas. Así, podría extender su ya impresionante palmarés, que incluye triunfos en siete Grand Slam, un título olímpico, y 41 victorias en torneos del circuito profesional.

En mayo de 2008, Henin sorprendió al mundo del tenis anunciando su precoz retirada. Tenía entonces 26 años y había perdido toda motivación por el juego —según sus propias palabras—, a pesar de su deuda pendiente con el torneo de Wimbledon, el único gran trofeo que falta en sus vitrinas.

«Me sentí mejor hoy que cuando me retiré. Mejor emocionalmente, mentalmente, mejor conmigo misma y eso marca una enorme importancia», dijo la tenista belga tras debutar con claro triunfo sobre la rusa Nadia Petrova —número 20 del ranking—, que disparó sus expectativas sobre lo que pudiera lograr a partir de ahora.

En la mente de todos está la imagen de la también belga Kim Clijster, ganadora ahora en Brisbane, quien estuvo fuera de circulación durante más de un año tras su maternidad, y marcó un regreso exitoso con el triunfo en el pasado torneo Abierto de Estados Unidos.

Por lo pronto, su examen más exigente será el Abierto de Australia a finales de mes, cuando pudiera enfrentarse a las tenistas que actualmente copan los primeros puestos del ranking, encabezado por la estadounidense Serena Williams.

Otra vez al volante

Poco después de comenzar el próximo abierto australiano de tenis, el mundo será testigo de otro glamoroso reestreno, pero esta vez sobre el asfalto.

La nueva historia tendrá como protagonista de lujo al piloto alemán Michael Schumacher, el más laureado de la Fórmula Uno. Sus siete títulos en Campeonatos Mundiales —dos con la escudería Benetton y cinco con Ferrari— le reservan un sitio privilegiado en la historia del automovilismo.

Sin embargo, Schumacher parece insatisfecho con su legado, que incluye además una designación como Premio Príncipe de Asturias de los Deportes en el año 2007.

Tras ganar el Gran Premio de Italia en septiembre de 2006, Schumacher anunció sus intenciones de bajarse de los monoplazas. Dejaba entonces una impresionante trayectoria de 25 años tras el volante, 16 de ellos disputando carreras del Fórmula Uno.

Sus 91 triunfos y 154 ascensos al podio de premiaciones prueban su reinado absoluto sobre las pistas de carreras durante los cinco primeros años del presente siglo.

Pero Schumacher nunca se alejó de la velocidad. Incluso, se convirtió en un importante asesor de la escudería Ferrari, y sus opiniones eran consideradas para la elección de los pilotos.

Las primeras noticias de su reintegración cobraron fuerza a raíz del accidente que sufrió Felipe Massa a mediados de 2009. Entonces el equipo anunció a «Schumi» como sustituto del piloto brasileño por el resto de la temporada. Pero su regreso, fijado para finales de agosto en la ciudad española de Valencia, quedó trunco, pues el alemán no pudo recuperarse a tiempo de una lesión en el cuello.

Lejos de enfriarse, las expectativas continuaron hasta los primeros días del pasado diciembre, cuando fichó por tres temporadas para el nuevo equipo Mercedes GP.

Las fanfarrias están ahora preparadas para los tres primeros días del venidero febrero en el valenciano circuito de Cheste, donde se iniciará la pretemporada. Allí Schumacher probará oficialmente su nuevo vehículo, algo que también hará el español Fernando Alonso, uno de sus más enconados rivales y ahora en las filas de Ferrari.

Hasta el momento, las predicciones van en ambas direcciones, aunque ninguna repara en los 41 años recién cumplidos del multicampeón. El legendario piloto austriaco Niki Lauda, por ejemplo, ve muy difícil la posibilidad de que el alemán reescriba a corto plazo sus mejores páginas de gloria. «No solo por la oposición de rivales como Alonso, Hamilton o Button, sino porque los autos han cambiado mucho durante su ausencia, y necesitará tiempo para acostumbrarse».

Más optimista se muestra Willi Weber, su agente de toda la vida, quien confía claramente en la clase de Schumacher. «Esa no desaparece tan pronto. Él será otra vez competitivo y veloz como en los viejos tiempos», sentenció.

Una vez más, el tiempo tendrá la última palabra.

Un engranaje de cara

Otra de las reapariciones esperadas durante el año que recién comienza será la de la estadounidense Marion Jones, protagonista de unos de los escándalos de dopaje más publicitados del deporte mundial.

Casi en los mismos tiempos en que se hacía oficial el retiro de sus cinco medallas olímpicas en los juegos de Sydney 2000, la atleta californiana confesaba el interés en retomar su carrera deportiva, pero ahora en el baloncesto.

Según medios estadounidenses, Marion entrena desde el pasado octubre con el equipo San Antonio Silver Star de la WNBA estadounidense, y sus propósitos son fichar durante el invierno con un equipo europeo, para regresar a la principal liga estadounidense que arrancará durante el próximo mes de mayo.

«Es importante que la gente sepa que es posible cometer un error en la vida, pero lo que haces después es lo que se va a recordar», declaró a la prensa la ex corredora, quien nunca dio positivo a un control antidopaje antes de confesar que consumió Tetrahidrogestrinona (THG) —indetectable por aquellos tiempos—, previo a los Juegos Olímpicos de Sydney 2000.

A principios de 2008, Marion fue condenada a seis meses de prisión por perjurio, y la Federación Internacional la suspendió dos años, forzando así su retirada de las pistas.

Su retorno sorprende más por los fines, que por las vías para lograrlos. Antes de especializarse en la pruebas de velocidad y salto en el atletismo, Marion fue jugadora del equipo de baloncesto de la Universidad de Carolina del Norte y conquistó el título del campeonato NCAA (universitario) de 1994.

En cuanto a los motivos, fue precisa. «Pensé que sería un interesante trabajo y decidí hacerlo. Me daría la posibilidad de tener una segunda oportunidad». Y es razonable.

La nueva aventura supone una oportunidad para que la ex corredora intente limpiar su imagen, dañada por la relación con el dopaje. Pero algunos se inclinan a pensar que está relacionada, además, con los problemas económicos que atraviesa.

Antes de...

Antes de Justine, «Schumi» y Marion, otros grandes del deporte mundial protagonizaron —con mejor o peor fortuna— sonados retornos a las competencias.

Entre ellos está el ciclista Lance Armstrong, siete veces ganador del prestigioso Tour francés, quien decidió volver a las carreteras el pasado año.

Ahora, cerca de cumplir 39 años, lidera un equipo diseñado para pelearle la supremacía al club Astana del español Alberto Contador, vigente monarca del giro francés.

Pero entre los más recientes casos, ninguno pude compararse con el del baloncestista estadounidense Michael Jordan, quien «paró» dos veces su extraordinaria carrera.

El emblemático jugador cinceló estadísticas verdaderamente impresionantes durante su paso por la Nacional Basketball Asociation (NBA) de Estados Unidos, como la conquista de seis anillos de campeón con los Chicago Bulls.

Su primera «estampida» ocurrió en 1993, cuando ya había guiado al equipo de la Ciudad de los Vientos a la conquista de tres títulos sucesivos. El asesinato de su padre en una carretera de Carolina del Norte fue el detonante de aquella decisión.

Cuentan que su efímero paso por el béisbol era el cumplimiento de una vieja promesa hecha a su progenitor. Lo cierto es que para sorpresa de muchos, Jordan vistió la camisa de los Medias Blancas de Chicago en 17 partidos de las Grandes Ligas.

Pero pronto se dio cuenta de sus pocas opciones de triunfar en los diamantes, y salió al rescate de sus «Toros», guiándolos hacia el trono otras tres veces de forma consecutiva.

Con toda la gloria de su lado, incluidos los títulos olímpicos de 1984 —como amateur— y de 1992 formando parte del Dream Team original, Jordan volvió a anunciar su retirada en 1999, para convertirse en el responsable de los fichajes del equipo Wizards de Washington.

Poco duró en las oficinas, pues a finales de 2001 volvió a vestirse de corto para representar a su nueva casa. Vale la pena un vistazo a sus números durante su última campaña (2003), cuando se convirtió en el primer jugador de la NBA en anotar más de 40 puntos en un partido a la edad de 40 años.

En esa temporada fue el único de su equipo en jugar todos los 82 partidos del calendario —como titular en 67 de ellos—, con promedios de más de 20 puntos, seis rebotes, casi cuatro asistencias y dos robos de balones por partido. Además, con sus cuatro décadas de vida a cuestas, anotó 20 o más puntos en 42 partidos, 30 o más en nueve, y 40 o más en tres desafíos. Todo un «remake» para alquilar balcones.

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