Familiares de Terry Fox visitan a niños de Chernobil en La Habana

Estar aquí es maravilloso porque a estos niños se les da la posibilidad de curarse. Ellos podrán vivir y estar más tiempo con sus familiares, expresó Betty Fox, la madre de Terry

Autor:

Julieta García Ríos

«Muchas veces me pregunto por qué Terry nos abandonó tan joven, cuando tenía tanto que ofrecer. Y estar aquí es maravilloso porque a estos niños se les da la posibilidad de curarse. Ellos podrán vivir y estar más tiempo con sus familiares», expresó Betty Fox, madre del joven canadiense que enfermo de cáncer y con una prótesis en la pierna derecha recorrió Canadá con el objetivo de recaudar fondos para las investigaciones sobre esa enfermedad.

El comentario lo hizo durante la visita a Tarará, al este de la capital cubana, donde son atendidos los niños con dolencias relacionadas con el accidente de Chernobil (abril de 1986). Este programa cumplirá 20 años de creado el próximo 29 de marzo, durante los cuales más de 24 000 niños de Ucrania, Rusia y Bielorrusia han sido atendidos en Cuba.

A Betty la acompaña su esposo Rolly y su hija, Judith Fox-Alder. Por primera vez viajaron a Cuba para presenciar el sueño de Terry: el Maratón por la Esperanza, que desde 1998 se celebra aquí y es considerado, después de la carrera de Canadá, la segunda más grande del mundo. Los fondos cubanos se emplean en el estudio del cáncer de mama y el cérvico uterino.

«A 30 años de iniciada la Carrera se han recaudado más de 500 000 millones de dólares destinados a los estudios sobre el cáncer. Antes de morir, mi hijo insistió que el dinero recaudado en su nombre solo tendría ese uso», comentó Betty, quien reconoció la hospitalidad y cariño de los cubanos.

Sobre lo vivido en la carrera del pasado sábado Judith manifestó: «La atmósfera era electrizante; me sentí emocionada».

Por su parte Rolly, padre de Terry, expresó sentirse muy impresionado al ver cómo los cubanos materializan los deseos de su hijo.

Los familiares hablaron de la hospitalidad y cariño de esta Isla y prometieron contar en su país cuánto se hace por la lucha contra el cáncer, por la formación de médicos de otras naciones y por curar a los niños afectados por los daños relacionados con la explosión del cuarto reactor de la central atómica de Chernobil, considerada la mayor catástrofe en la historia del uso civil de la energía nuclear.

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