Quedan goles por hacer

El fútbol cubano y sus protagonistas necesitan muchos minutos de competencia, y los más de 250 juegos disputados cumplieron con ese objetivo, y sirvieron para evaluar por dónde andamos y cuánto nos falta por recorrer

Autor:

Raiko Martín

Si bien el desenlace estaba casi escrito, la 95 edición del Campeonato Nacional del fútbol cubano bajó sus cortinas el pasado domingo con un buen partido y una merecida celebración.

Durante siete meses los mejores jugadores del país tuvieron la oportunidad de mostrar sus potencialidades. Esa fue, y ha sido durante las tres últimas temporadas, uno de los grandes logros de este torneo.

El fútbol cubano y sus protagonistas necesitan muchos minutos de competencia, y los más de 250 juegos disputados cumplieron con ese objetivo, y sirvieron para evaluar por dónde andamos, y cuánto nos falta por recorrer.

Pero a contrapelo con la cantidad de partidos marcha la actual estructura, que al buscar más emoción en el tramo final, sacrifica a veces el premio al equipo con mejores prestaciones durante la mayor parte de la campaña. Y el espectáculo no tiene por qué estar reñido con la justicia.

El recién concluido torneo tuvo una fase de grupos extremadamente peleada, pues tanto la definición de los clasificados como la del equipo de mayor puntuación se extendió hasta el último momento. Esta pudiera ser la tónica en un esquema sin grupos ni postemporada, en el que se coronaría el equipo más ganador de todo el campeonato.

Ahora, si bien es cierto que existió mucha rivalidad, también fueron visibles las diferencias en el nivel de los 16 equipos participantes. Al fútbol cubano de hoy no le haría mal concentrar su calidad, y la creación de dos divisiones con su correspondiente sistema de ascenso y descenso  garantizaría, además del interés por la conquista del título, las expectativas por conservar la categoría.

En el plano organizativo, el campeonato dio un paso adelante. Los habituales problemas con la transportación de los equipos, que hace un año motivaron no pocas suspensiones de partidos, disminuyeron considerablemente. Solo los traslados desde y hacia la Isla de la Juventud, casi siempre motivados por adversas condiciones climáticas, extendieron el calendario más allá de lo planificado.

También ha sido significativo el esfuerzo de los organizadores para apoyar la divulgación de cuanto sucede en el campeonato facilitando con inmediatez sus resultados y estadísticas.

Sigue como asignatura pendiente la ubicación temporal del torneo sin afectar el traslado seguro y confortable de los conjuntos. Según los organizadores, la utilización de las guaguas en la transportación de los estudiantes becados hacia y desde sus provincias, provocan la extensa parada en el tránsito de un año a otro, lo que atenta contra el ritmo del torneo y el estado físico de los jugadores.

Entre los temas técnicos, el recién concluido certamen fue un excelente escaparate para exhibir el significativo progreso de un grupo de jugadores que deben aportar frescura a las futuras preselecciones nacionales.

Resultó una agradable sorpresa la «explosión» del avileño Sander Fernández, quien firmó una campaña de ensueño con 29 perforaciones y cinco partidos anotando tres o más goles. Es joven, técnico, atrevido, tiene sentido de los espacios, regate, olfato goleador, y es dueño de una velocidad difícil de contener.

La lista de jugadores jóvenes e interesantes pudiera extenderse con los camagüeyanos Dagoberto Quesada y Armando Coroneaux, los capitalinos Yahudel Lahera y Marcel Hernández, el avileño Alien Pérez, o el guantanamero Aliannis Urgellés por solo citar algunos.

Otros como los avileños Alain Cervantes y Reisander Fernández, los villaclareños Yenier Márquez y Roberto Linares, el tunero Giovanni Ayala o el pinero Yoandir Pugas, volvieron a demostrar desempeños notables para ganarse la convocatoria.

Por otro lado, alcanzar un promedio de más de 2,3 goles por partido resultó un saldo positivo y comparable con ligas de otras latitudes, no así el elevado porcentaje de amonestaciones y expulsiones, algo en lo que se deberá trabajar en próximas lides.

En cuanto al arbitraje, se hicieron notar los beneficios de la capacitación de nuestros colegiados, pero en ese sentido queda mucho camino por recorrer. Existe sangre joven con muchos deseos de aprender y trabajar, pero se impone brindarles mejores condiciones para la realización de una labor imprescindible en el buen desarrollo de cualquier torneo.

En resumen, la 95 versión del clásico futbolístico cubano fue un buen torneo, competitivo e interesante, pero aún perfectible en muchos aspectos que no pueden soslayarse.

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