El judo y los sueños de dos niños haitianos

La niña Dodlíne Joseph y el niño Mikel Makés encontraron en el judo una vía de escape a los problemas económicos de sus respectivas familias y ahora estudian en una escuela deportiva

Autor:

Juventud Rebelde

La niña Dodlíne Joseph y el niño Mikel Makés despiertan cada día con la ilusión de un futuro mejor, a pesar de la pobreza que impera hoy en Haití, cuya capital fue asolada por un sismo hace poco menos de cuatro meses, destaca Prensa Latina.

Joseph y Makés, ambos oriundos del Departamento del Norte, encontraron en el judo una vía de escape a los problemas económicos de sus respectivas familias y ahora estudian en una escuela deportiva cerca de Croix des Bouquets.

La pequeña tiene apenas 11 años y despunta como una judoca fenomenal, en tanto el varón, de 12 abriles, parece un virtuoso de los tatamis, según el entrenador cubano, Andrés Franco, acabado de llegar a este país y sorprendido por el encanto de ambos infantes y su ilusión por ser grandes en el judo.

Joseph solo aspira a ser cada día mejor, «a recorrer el mundo entero a través del deporte, a conocer muchos países y a ayudar a mi familia, que vive en Cabo Haitiano y a la cual solo puedo ir a ver cada tres meses o más».

La pequeña judoca es apenas la única de su sexo en la clase, pero no por eso se deja achicar en cada jornada de entrenamientos, los cuales toma con una seriedad poco vista en su edad, y menos en este país.

Makés conoce que el judo le ha dado glorias a Haití y quiere engrandecer ese palmarés. Por su mente solo pasa ganar siempre, una de las razones por las cuales es el primero en los entrenamientos, el mejor de la clase y el profesor Franco lo tiene claro.

«Es disciplinado y vivaracho, fuerte y espectacular en los combates. Y se ve que cada día aprende más, que cada jornada está mucho mejor», comenta el otrora judoca cubano, uno de los tres entrenadores de la vecina isla que trabaja en la escuela deportiva de Croix des Bouquets.

Joseph y Makés encantan por su mirada, por su disposición, por la disciplina que, poco a poco, forja en ellos el judo, un deporte ayuda a fortalecer el carácter, a engrandecer la personalidad.

Cada día, el profesor Franco trata de enseñarles un poquito más, y los dos pequeños, subcampeones del Panamericano infantil de República Dominicana-2008, les devuelven el reto con admiración y cariño.

Franco, uno de los grandes judocas cubanos de la última década del pasado siglo, encontró en los infantes «páginas en blanco que intento llenar cada día. Por ahora solo sé que tienen madera para llegar lejos. Y espero que su esfuerzo y dedicación le muestren el camino».

La historia del deporte haitiano no tuvo mucho lustre hasta hoy y más allá de algunos éxitos en el fútbol, el atletismo y el judo, lo demás pasó inadvertido. Es posible, sin embargo, que Dodlíne y Mikel consigan aportarle un poco de brillo. Al menos sueñan con eso.

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