Un adiós demasiado largo el de Armando Capiró

Este pelotero, uno de los mejores bateadores del béisbol cubano, todavía lamenta aquella lesión que lo sacó del terreno con apenas 32 años

Autor:

Juventud Rebelde

A pesar de sus 14 temporadas, todo el mundo dice que Armando Capiró Laferté se fue muy temprano del béisbol cubano. No obstante, jugó el tiempo suficiente para ganarse un puesto como jardinero izquierdo en cualquier equipo de estrellas, compitiendo con Lourdes Gourriel y Fernando Sánchez.

«Tuve una lesión seria en el tobillo. Salí al robo y caí mal. Fue en Contramaestre. El estadio era de Rodeo y estaba muy malo», recuerda perfectamente Capiró, porque hay heridas que no cierran con el tiempo.

«También me operé dos veces de los meniscos. Mi último campeonato fue en 1980. Morales era el Comisionado y me dijo que diera paso a la juventud», explica.

«En realidad ahí no terminó todo. En 1988 jugué la serie provincial y di 14 jonrones. Pude haber vuelto a la Nacional, pero me dijeron que habían pasado ocho años y de todas formas ya no era el mismo».

—¿Usted creía que podía seguir?

—Quería intentarlo, pero me convencieron de no jugar lesionado. Sin embargo, la gente en la calle me embullaba para que siguiera.

«Luego me retiraron en el Hospital Psiquiátrico, aunque más adelante hubo otra ceremonia donde despidieron como a 15 figuras de la época mía. Raúl Reyes fue uno de ellos».

—Muchas figuras establecidas no juegan en las series provinciales, pero usted sí lo hacía. ¿Por qué?

—A mí me gustaba la provincial. Eran torneos muy fuertes. Claro, teníamos una motivación grande porque el equipo campeón podía llegar a la Serie Nacional. En aquellos tiempos habían muchos peloteros buenos y una gran cantidad se quedaba sin subir.

—¿Qué ha pasado con esa masividad?

—Muchas cosas, pero hay una muy importante. Nosotros en el barrio solo jugábamos pelota. Ahora los muchachos se van también para otros deportes.

«Yo empecé en Santiago de las Vegas. Ahí los entrenadores eran Rafael Campos y Pedro Chávez. Luego seguí en todas las categorías hasta que me cogió el servicio militar en 1966. Lo pasé en La Cabaña y por eso estuve ese año en la provincial con Regla.

«En esa época yo era juvenil y me ponían a lanzar. También jugaba primera base. Entonces me captaron para la Serie Nacional con Occidentales».

—¿Cuándo dejó de lanzar?

—En los juveniles fui a Canadá como lanzador, pero al final jugué en primera base. El pitcheo del equipo era muy fuerte. Estaban Salgado, Rigoberto Sánchez, Oscarito Romero y otros. Ese año, ya en la Serie Nacional, yo estaba en el jardín izquierdo con Occidentales y me llamaron para relevar contra Las Villas. En tres innings repartí seis ponches.

—¿Cómo se convirtió Capiró en el gran bateador que fue?

—Yo tenía la característica de que era slugger, pero con buenos promedios. Bateaba por todos los ángulos. Al principio era un «halador» de bolas y las slider me hacían daño. Pero el profesor Juan Ealo me preparó para que bateara por la mano contraria.

—Hoy vemos a muchos peloteros que tienen problemas evidentes para batear los rompimientos. ¿Eso se puede arreglar?

—Hay que abrir el hombro cuando la bola viene pegada. Si es un rompimiento, entonces haces lo contrario. Eso se practica. Yo lo logré practicando mucho. A muchos ahora les falta dedicación.

—¿Qué recuerdos tiene Capiró de los Industriales?

—Muy buenos. Pero jugué cuatro años con Industriales y nunca ganamos el campeonato, aunque teníamos tremendos trabucos. Había dos en cada posición: Marquetti y Arturo, Urbano y Osvaldo Álvarez, etc. Tuvimos buenos managers —Coco Gómez, Chávez y Trigoura—, pero nada. En cambio, con La Habana fui campeón. Estuve también en Occidentales y Metros.

—¿En cuál equipo se sentía mejor?

—Lo mismo me daba uno que otro. Lo mío era rendir.

—Sin embargo, hoy todos los peloteros de la capital quieren jugar con Industriales. ¿Usted piensa que Metropolitanos debe desaparecer?

—Metropolitanos hace falta. En la capital siempre hemos tenido más desarrollo, aunque  Industriales es el equipo insignia.

—¿Quién era el lanzador más difícil para usted?

—Siempre he hablado de Omar Carrero, pues tenía una bola incómoda.

—¿A quién le bateaba mejor?

—A los zurdos. Hasta al mismo Changa yo le bateaba. Frente a ellos trataba de conectar para el medio. Aprendí a darle bien a la curva.

—¿Cuál es el lanzamiento más difícil de batear?

—La bola pegada, porque si no abres bien el hombro estás frito.

—¿Cree que la calidad del béisbol cubano mejoraría con una Selectiva?

—Sí. Antes la había y nos preparábamos muy bien. Ahora en la Serie Nacional te enfrentas a muchos lanzadores de poca calidad. Deberían hacerse cuatro equipos, porque el pitcheo no da ni para seis.

«Antes se entrenaba muy bien. Mira a Lázaro de la Torre lo viejo que está y todavía tiene el brazo entero. Recuerdo que los lanzadores corrían por las mañanas y a veces un poquito hasta por la noche».

—¿Nunca ha pensado en dirigir?

—No. Mi carácter es muy fuerte y chocaría con los atletas de ahora. No me gustan las indisciplinas y ya muchos peloteros no cumplen. Fui entrenador en la serie provincial y a veces no iban a los juegos, o llegaban tarde. Eso pasa también más para arriba.

—¿Usted piensa que en su época se jugaba otra pelota?

—Era la misma pelota, pero jugábamos con más amor. Claro, hay diferencias. Actualmente existen mejores condiciones y han cambiado los entrenamientos. Por ejemplo, nosotros no hacíamos pesas. Lo mío era pura muñeca. Yo veo que ahora muchos peloteros hacen pesas y no tienen potencia en el brazo.

«Dicen que las pesas recogen un poco el brazo para tirar. Ahora casi nadie se preocupa por los tiros a las bases. Nosotros practicábamos mucho eso y hasta recibíamos clases teóricas. También hacíamos prácticas de infield antes de empezar los juegos. A la gente le gustaba ir a mirar eso.

—¿Capiró siempre tuvo su oportunidad en el equipo Cuba?

—Casi siempre, pero en el 69 no me llevaron al Mundial en República Dominicana y ese año estuve muy bien. Después me dieron una oportunidad en los Juegos Centroamericanos de Panamá, en 1970. Allí bateé de 19-11 y no me sentaron más.

—El pasado año, cuando se celebró el torneo Premundial en Puerto Rico, la gente preguntaba allí por usted. Un scout de Grandes Ligas me dijo que solo ha visto dos peloteros tan completos como Roberto Clemente: Capiró y Casanova. ¿Le hicieron muchas ofertas para que desertara?

—Sí. Ellos siempre estaban detrás de nosotros. Ya nos conocían. Pero nunca traicionamos al país.

—¿Qué le falta al béisbol cubano para mejorar sus resultados internacionales?

—Topes de nivel. Casi nunca chocamos con los rivales que después veremos en las competencias. En mis tiempos topábamos mucho. Ojalá vengan más como el de los Orioles (de Baltimore).

—¿Ahora cómo es la vida de Capiró?

—Muy tranquila. Ya estoy retirado. Voy para los 63 años (nació el 22 de marzo de 1948).

—Dicen que su hijo Hansel promete mucho como pelotero. ¿Es cierto?

—Tiene muchas condiciones, un brazo tremendo y solo 20 años. Pero le hicieron algo feo en la academia y no quiere seguir. Me dijo: papi, voy a estudiar, y ya no hay quien lo haga coger un guante. Se desilusionó.

—¿Le gustaría una votación popular para el Juego de las Estrellas?

—Bueno, antes salía una encuesta en el periódico y tú votabas hasta por el manager.

—¿El estadio más difícil para jugar en Cuba es el Latino?

—Para mí no, porque nosotros actuábamos como home club. La cosa era más difícil cuando íbamos a Oriente. Ahora se descansa en hoteles y nadie te molesta, pero en aquellos tiempos nos quedábamos en el estadio. La gente lo sabía y hacía tremenda presión. Sobre todo en Santiago. Armaban tanta bulla que no podíamos ni dormir.

—¿Cómo nació esa rivalidad con los peloteros de la capital?

—Siempre ha existido eso. Yo tenía amigos en todos los equipos, pero en el juego éramos enemigos. Ahora se ven muchos saluditos en el terreno y cuando hay gente en base algunos peloteros se ponen a conversar con el contrario. ¡Qué va!

A buena hora, la esposa de Armando interrumpe el diálogo para brindar un café «cortadito». No sentimos cuando cayó la noche sobre Boyeros.

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