La mejor excusa para ser feliz

«En Cuba la dignidad camina por la calle en cada cubano. Por eso, sin pedir nada a cambio, quiero volver y brindar mis conocimientos a la selección de fútbol», afirmó el entrenador argentino

Autor:

Kaloian Santos Cabrera

Buenos Aires.— Sócrates, paradigma de la filosofía, planteaba que la vida sin examinarse no vale la pena vivirla. En pleno siglo XXI el preparador físico Fernando Signorini (1960), una de las voces más autorizadas del mundo futbolístico argentino, es una especie de discípulo del célebre filósofo griego.

Fernanda Martínez, una colega y amiga argentina, me puso en contacto con este profesor que ve a los jugadores como una «llama a la que hay que encender y no una vasija a la que hay que llenar».

Al enterarse de que soy cubano y de Juventud Rebelde, aceptó una entrevista a corazón abierto. Pactamos la cita y por la demora de la guagua llegué una hora retrasado. Mi entrevistado esperaba paciente y al verme entrar agitado lanzó con una sonrisa: «¿Te das cuenta que no solo en Cuba el transporte es un quilombo?».

Carcajadas, mate por medio y arrancamos.

Un viaje de ida

Fernando Irlando Signorini Martínez es de Lincoln, un pueblo de la provincia de Buenos Aires. Matriculó por azar en la Licenciatura de Educación Física. «Cuando vi la alegría que generaba el juego en los chicos, sobre todo en aquellos que tienen la alegría postergada, me enamoré de mi carrera», cuenta.

Y se convirtió en uno de los mejores, rompiendo con todos los manuales: «Una de mis mayores preocupaciones es poder llegar hasta el fondo del misterio que cada partido tiene. Preparo al jugador desde el punto de vista anímico, emotivo, para que todos esos miedos e inseguridades que se plantean antes de salir a la cancha sean dominados desde otra perspectiva. Más músculos no quitan las dudas», ha sentenciado a lo largo del tiempo.

Tras una década de trabajar en el Club Rivadavia, a principios de los 80 alzó vuelo con su esposa sin pasaje de vuelta, rumbo a España.

Aterrizó en el portón del estadio del FC Barcelona en busca de Cesar Luis Menotti, uno de sus paradigmas y por entonces al frente del plantel azulgrana.

Logró llegar adonde el mítico entrenador, ser su amigo y trabajar a su lado durante muchos años, en varios equipos. «Su destreza y dialéctica, el modo en que transmite sus conceptos y sus ideas», son algunas de las enseñanzas que guarda del flaco Menotti.

En ese ínterin y sin aparente trascendencia, Fernando sostuvo algunas charlas con otro argentino en las filas del Barça: Diego Armando Maradona.

El 24 de septiembre de 1983, en un enfrentamiento entre el Barcelona y el Athletic de Bilbao, el defensor Andoni Goikoetxea pasó a la historia de fútbol por quebrarle el tobillo izquierdo a Maradona. Fatal para el Diez, porque peligró su carrera y estuvo 106 días fuera de juego. Sin embargo, fue un golpe de suerte para Signorini, pues el Pibe de Oro lo llamó para que lo ayudara en su recuperación.

«Luego de pensarlo durante una semana, acepté sin más contrato que la palabra por medio. Inventamos así la fórmula del preparador físico de un atleta de un juego colectivo. Ahora que hay miles, deberían pagarnos el derecho de autor», bromea.

Maradona transitó a la gloria: la consagración como ídolo en Nápoles, «D10s» en Argentina, los mundiales de México 86, con la mano de Dios y el mejor gol de la historia, Italia 90, Estados Unidos 94… En fin, se convirtió en el rey de todos los tiempos. Y a su lado, en las buenas y en las malas, siempre estuvo la voz amiga, crítica, certera o equivocada, pero sincera, de Fernando.

Se separaron por 14 años y en 2010, cuando le ofrecieron al Pelusa dirigir la selección nacional argentina, Signorini fue el primero en recibir su llamada para integrar el cuerpo técnico.

A los mejores no los comparo, los disfruto

—Fernando, ¿cómo se puede explicar la genialidad de Maradona como jugador?

—Es algo de la naturaleza que no se puede explicar. Es un talento futbolístico jamás visto. No es alto y tampoco era rápido atléticamente. Sin embargo, corriendo con la pelota era el primero. Dentro de la cancha dominaba como nadie la velocidad, la habilidad para frenar y esquivar al contrario. ¿Cómo hizo para recorrer, en 12 segundos 55 metros y hacerles un gol a los ingleses en México 86? Si el fútbol no hubiera existido él lo habría inventado.

—Tampoco tiene miedo de salir a defender sus ideas…

—Diego es una piedra más grande que el zapato de cualquier poder.

—Cuéntenos del primer encuentro entre Fidel y Maradona en el que usted estuvo presente.

—En 1987 acompañé a Diego y su familia de vacaciones a Cuba. Era la primera vez que íbamos. Tuvimos la oportunidad de estar con Fidel desde las nueve de la noche hasta las cuatro de la madrugada. Quedamos enloquecidos con la cultura tan amplia del Comandante. Recuerdo que le preguntaba a Maradona cómo pateaba el balón...

«Luego yo volví con Menotti, que también ama a Cuba, para impartir unas conferencias».

—¿Cómo es el Maradona entrenador y la relación con los jugadores?

—Imagínate: es como si a un músico lo dirigiera Beethoven. Durante el Mundial pasaba todas las noches por las habitaciones y conversaba como un padre con cada uno.

«Recuerdo que un día, luego de terminar el entrenamiento, algunos jugadores, entre los que estaba Messi, se quedaron pateando al arco donde atajaba Carrizo. Veo que Lio le pega al palo derecho y la pelota se va por fuera. Entonces da la media vuelta y se va camino al vestuario. Lo paro y lo aliento en buena onda: «¿Vos querés ser el mejor del mundo y te vas de esta manera? Agarrá la pelota y hasta que no la metas en el arco no te vayas».

«Él volvió a colocar el balón y en eso llega Maradona y le dijo, como un padre a un hijo: “No le saqués tan rápido el pie a la pelota, porque si no ella no sabe lo que vos querés. Vení. Mirá…”. Para entonces todos estábamos atentos. Diego hizo la carrerita. Pateó. La pelota al ángulo. ¡Gooool!

«Es increíble. Eso es saber de fútbol, interpretar cada detalle desde todos los lados».

—Siempre se ha comparado a Pelé con Maradona y ahora ponen a Messi en la justa con Diego…

—A los mejores no los comparo, los disfruto. A los dos los une el talento.

—¿Qué opinión tiene acerca del mundial como evento?

—Está deteriorado. Para saber cuál es el mejor de todos hay que cerrar más la competencia.

«Por otro lado, es una gran falacia, porque no todos los equipos llegan en igualdad de condiciones. Latinoamérica está siempre en desventaja con este tipo de calendarios. Casi todos los jugadores convocados juegan en Europa y llegan a último momento a la concentración. Mientras que España, por ejemplo, fue con seis jugadores del mismo club.

«Siento una gran decepción y mucha angustia porque han desvirtuado este deporte, una poderosa arma de educación formativa, en un hecho que genera más negocio que pasión».

—Creo que el fútbol argentino no escapa a sus palabras. ¿Cómo lo ve usted?

—En general es muy pobre. Las razones son variadas y de diversa índole. En las edades de formación, la ridícula presión por ganar «de cualquier manera» hace que los entrenadores se preocupen más por el resultado del próximo partido que por el crecimiento paulatino de los chicos a través del aprendizaje.

«Lo único que perciben los dirigentes es poder vender el primer talento que se cruce ante sus ojos al mejor postor. La mayoría de los jugadores —y sus representantes— sueñan con un inminente pase al fútbol europeo, que cada vez se concreta a edades más tempranas. Así es imposible que el nivel de competencia mejore.

«La razón económica también es decisiva. ¿Qué sería del campeonato inglés si se les prohibiera a los equipos contar en sus filas con extranjeros y, además, sus principales figuras se fueran a jugar a otros países?

«Si alguno de los principales conjuntos argentinos pudiera “repatriar” a todos los jugadores que están afuera, el nivel no tendría que envidiarle mucho al de los principales campeonatos del mundo.

«Si a todo esto le sumamos la evidente desculturización de aquello que fue “el estilo argentino” de jugar, y un periodismo que en su gran mayoría es impresentable y funcional a la perversidad del sistema, quedan muy pocos argumentos que nos animen al optimismo».

—En Cuba las condiciones son diferentes y sin embargo no hemos tenido éxitos importantes como en otros deportes colectivos. ¿A qué cree que se deba?

—Recuerdo haber quedado gratamente sorprendido por el nivel de algunos jugadores de la selección cubana. Te cambio la pregunta: ¿Por qué crees que el béisbol en Argentina es de tan baja calidad?

«Ante todo, el deporte tiene razones socioculturales que son determinantes a la hora de buscar las causas de su desarrollo. La gran mayoría de los argentinos somos portadores del “virus” del fútbol desde nuestra más tierna infancia; la “patología” se transmite de generación en generación sin solución de continuidad. Jugar a la pelota es casi un signo de identidad. Pero en esta atroz época del capitalismo salvaje y de consumo, es uno de los argumentos más propicios para “salir del sórdido barrial buscando el cielo”, como dice el tango. Creo que el deporte profesional es hoy un poderoso medio de dominación de las masas.

«Hago votos para que en Cuba siga primando la idea de la práctica deportiva como una de las mejores excusas para ser feliz».

—Se ha confesado un admirador de Cuba. ¿Qué es lo que más le sorprende de la Isla?

—En Cuba la dignidad camina por la calle en cada cubano. Por eso, sin pedir nada a cambio, quiero volver y brindar mis conocimientos a la selección de fútbol. ¡Escribe eso bien grande en la entrevista!

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