El sueño es Real - Deporte

El sueño es Real

El Real Madrid no ganaba el título desde 1993, cuando derrotó, también en el campo de Mestalla, al Real Zaragoza. El héroe de los blancos esta vez fue el portugés Cristiano Ronaldo

Autor:

Raiko Martín

Después de un primer acto casi anecdótico en la Liga, tenía que llegar la épica a este maratón de clásicos Real Madrid-Barcelona que ya pisó su meridiano. Y ese gran cúmulo de emociones y matices apareció en la final de la Copa del Rey que sirvió de epitafio a la «dictadura» de los catalanes.

Fueron 120 minutos de fútbol condimentados con lo mejor de cada repertorio, y hubo —al menos en los tiempos reglamentarios— igualdad en cuestiones de superioridad.

Lo del pasado sábado en el Santiago Bernabéu fue apenas un adelanto del planteamiento de Mourinho, quien esta vez dejó a todos sus arietes natos en el banquillo para darle el timón a Özil.

Aún con el alemán desafinado, volvieron los suyos a cortar los circuitos del mediocampo azulgrana gracias a un despliegue impresionante durante la primera mitad. Pudieron incluso irse al descanso con ventaja, pero el cabezazo de Pepe encontró palo camino a las redes, cuando el arquero Pinto era ya un mero observador.

Sin hacer cambios en el intermedio, corrigió Guardiola los movimientos de su formación. Apareció la asociación entre Xavi, Iniesta, Pedro y Villa, la creatividad de Messi, y Casillas tuvo que demostrar a punta de dedos por qué es el mejor del mundo bajo los tres palos.

Parecía que se venía abajo la propuesta «merengue», pero el estratega portugués fue consecuente con sus preceptos: resistir sin escatimar esfuerzos, y aguardar por esa oportunidad redentora que llegó a la altura del minuto 102. Pared entre Marcelo y Di María, centro milimétrico del argentino, y violento cabezazo goleador de Cristiano Ronaldo, hasta entonces sumido en una de esas noches en las que el exceso de deseo absorbe todo su talento.

Bajo mínimos había navegado Mourinho sin perder una final, y esta no sería la excepción. Si antes sus discípulos persiguieron cada pelota como si en ellas les fuera la vida, a partir de entonces vaciaron lo que quedaba en sus depósitos con el objetivo de colocar el balón lo más lejos posible de Casillas.

Sonó entonces el silbato de Undiano Mallenco, voló Mourinho desde los brazos de sus jugadores hasta el cielo, y quedó lista La Cibeles para una celebración histórica. Todos los reunidos en la célebre fuente festejaron con la mente puesta en la semifinal de la Champions que está a la vuelta de la esquina. A fin de cuentas, para los madridistas ganarle al mejor Barca de la historia ya no es un sueño.

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