Nuevas armas de un guerrero

El santiaguero Henry Bell sigue dando batalla en cada cancha que pisa. A sus 29 años vive uno de sus mejores momentos deportivos

 

Autor:

Raiko Martín

París.— Como todo guerrero que se precie, lleva las heridas con orgullo. Son dos, en la tibia de la pierna izquierda para ser más exacto, y provocada por sendas visitas al quirófano, que le impidieron participar en dos Ligas Mundiales desde su estreno en 2002.

Pero aun así, el santiaguero Henry Bell sigue dando batalla en cada cancha que pisa. A sus 29 años vive uno de sus mejores momentos deportivos, pues las circunstancias le han brindado la posibilidad de convertirse en uno de los líderes del equipo cubano, y no la ha desaprovechado.

Hasta el momento, promedia alrededor de 15 puntos por partido, solo es superado por el estelar Wilfredo León entre los mejores anotadores del equipo, y ocupa el séptimo puesto en el escalafón del torneo para ese departamento.

Además, es el segundo atacante más efectivo del certamen, algo que habla a las claras del tremendo aporte brindado por un experimentado voleibolista, acostumbrado en los últimos años a desempeñarse como jugador de cambio.

Estos y otros méritos han influido en la buena faena hasta ahora concretada por el equipo, y fueron suficientes para que JR saliera a la caza de su secreto.

—¿Cuál es la diferencia entre el Henry Bell de hace algunos años y el de ahora?

—Yo creo que sigo jugando de la misma forma. Quizá lo único diferente ha sido la preparación física con pesas para fortalecer los músculos de mis piernas. Así he podido ganar en saltabilidad, y por eso en estos partidos he podido burlar el bloqueo adversario con menos problemas, a pesar de que sigo siendo un jugador de baja estatura para el voleibol.

—¿Esperabas los resultados que has tenido durante la primera parte del torneo?

—Yo siempre trato de hacer las cosas de la mejor manera y seguir las instrucciones de los entrenadores. Me preparé muy bien para asumir la responsabilidad como titular y los resultados han salido.

«Estoy consciente de que debo seguir así, pero este es un deporte de equipo y los resultados son responsabilidad de todos. Gracias al juego colectivo es que el equipo ha podido recuperarse de las contrariedades, incluida la del tropiezo inicial frente a Corea del Sur.

—¿Qué pasó ese día?

—Me parece que jugamos muy descoordinados. Tuvimos una preparación en Perú y topamos con el equipo de ese país, aunque no estaba a nuestro nivel. Luego jugamos en Bulgaria, pero necesitábamos más tiempo de fogueo para acoplarnos. Ya poco a poco lo vamos logrando.

—¿Qué sucederá en los próximos juegos?

—Bueno, aquí vamos a jugar para ganarle dos veces a los franceses y llegar a esos 21 puntos que nos ha pedido el profe Samuels. Si lo logramos, cumpliremos el primer objetivo, que es clasificar para la final.

—¿Y en Italia?

—Allí también podemos ganar. Estuvimos a punto de lograrlo, pero nos faltó concentración. Este es un equipo joven y tiene muchas cosas que aprender.

—Eres ahora uno de los referentes. ¿Cómo se asume eso?

—Soy el más veterano del equipo. Trato de entrenar mejor y hacer las cosas bien, porque hay muchos jóvenes que están por primera vez en el equipo, son de la categoría cadete o juvenil, y tienen que estabilizar el nivel. Ellos son el futuro, y en lo que pueda aportar a su formación, saben que pueden contar con todo lo que he aprendido en estos años.

—¿Cuántos más?

—El cuerpo será quién diga la última palabra.

Y así, con la sencillez que lo caracteriza, comenzó junto a sus compañeros el primer entrenamiento en el Palacio Omnisports, donde este viernes luchará una vez más contra un bloqueo superior. De nuevo intentará escapar con sus nuevas armas.

 

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