Sueños líquidos

Diálogo a la sombra con la remera Aimée Hernández, la primera campeona de Cuba en estos Juegos Panamericanos, junto a su compañera de equipo Yariulvis Cobas

Autor:

Yurisander Guevara

GUADALAJARA.— Esta entrevista debió ser con las dos primeras campeonas de Cuba en los Juegos Panamericanos. Sin embargo, solo pudimos alcanzar a Aimée Hernández durante la fría mañana en que visitamos Ciudad Guzmán para el cierre del remo. Yariulvis Cobas, su compañera en el doble par, andaba en los preparativos para la final de ese día.

«Cuando ganamos me sentí muy emocionada. Fue una alegría inexplicable. Sabíamos que estábamos bien preparadas, pero siempre puede pasar cualquier cosa», confiesa Aimée.

¿Cómo llegas al remo?

—Yo practicaba natación, pero en la escuela al campo mi mamá habló con el profesor, que me vio condiciones para este deporte y me envió a la dirección del INDER. Allí me tomaron la estatura, el peso, entre otras cosas, y me hicieron la captación. Tenía 11 años.

¿Es muy difícil el remo para una mujer?

—El remo es bastante fuerte. Requiere de una resistencia muy grande, de mucho entrenamiento, y eso es muy exigente para una mujer. Diariamente nos levantamos a las cinco de la mañana y remamos desde bien temprano. En la tarde, según el plan de entrenamiento, corremos, remamos nuevamente, o hacemos pesas.

«Lo peor viene en el invierno. Hay mucho frío y neblina. Me visto con enguatadas, una licra larga, y todo lo que se me ocurra. Cuando entro al agua estoy congelada y no se me pasa hasta que no remamos un par de kilómetros».

Aimée cuenta que diariamente bogan entre 20 y 24 kilómetros en una sesión matutina, y luego pueden ser de 12 a 14 más en la vespertina.

Nacida en el central España, de Perico, Matanzas, asegura que la lejanía de la familia no es tan dura en estos momentos gracias a que unos parientes se mudaron hace un año para Caimito, cerca de la escuela nacional de remo en la academia José Smith Comas, del oeste capitalino.

«Puedo ver a mis familiares los fines de semana y eso me ayuda mucho en el plano emocional. Pero a pesar de que ahora viven más cerca de la escuela, nosotros seguiremos siendo de Perico».

¿Y cómo es el ambiente en la escuela?

—En el plano deportivo la rivalidad es muy fuerte, pero en la convivencia es bastante ameno. Casi todas somos jóvenes y estamos haciendo un esfuerzo por sustituir a Mayra e Ismaray, que fueron las más fuertes del remo cubano, pero todavía nos falta mucho.

¿Cómo te asocias con Yariulvis en el doble par?

—Nosotras llevamos solo cinco meses entrenando juntas. El pesado femenino nunca había tenido un doble par. Y como estamos en el mismo equipo y nos llevamos muy bien porque compartimos cuarto, entendimos que si remábamos un poco juntas, podríamos tener resultados. Entrenamos en este tiempo en el bote de los muchachos y aprovechamos bien las sesiones para tener la mejor sincronización posible. Y mira qué bien nos salió.

Sobre los próximos compromisos, Aimée afirma que quiere clasificar en el single para los Juegos Olímpicos de Londres el próximo año. «Desgraciadamente, en los Olímpicos no existe la modalidad de doble par, así que tendrá que ir una de las dos en el single», explicó.

«Las rivales están bastante fuertes, pero nosotras vamos a seguir tratando de clasificar para llevar a Cuba en esta modalidad», añadió.

Aimée es una de las tantas jóvenes cubanas que a diario vemos por ahí. No es una campeona de porcelana, encimada en un trono inalcanzable. Es la expresión genuina de un pueblo como el nuestro. Tiene sueños líquidos, como sugiere un viejo disco de Maná que todavía se escucha por aquí.

En sus exiguos ratos libres lo que más disfruta es compartir con los demás, ya sean sus compañeros de equipo o su familia.

Se despidió de nosotros con una sonrisa que nunca apagó mientras conversamos. Un bote le aguardaba para competir. Solo atinamos a desearle suerte, no solo para esa regata, sino para las muchas que aún deben faltarle.

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