¿Y ahora qué?

Juventud Rebelde analiza el camino de Cuba en Guadalajara 2011, donde hubo actuaciones memorables y algunas por debajo de lo esperado.  Cumplimos, alcanzamos el segundo lugar en el medallero, y esto es toda una hazaña, pero no debemos embriagarnos con el triunfalismo, todavía hay bombillos rojos en el deporte cubano

Autor:

Yurisander Guevara

GUADALAJARA.— Recuerdo que antes del inicio de los XVI Juegos Panamericanos en esta ciudad, muchos me preguntaron si era posible retener el segundo lugar por países en el medallero general. Mi respuesta siempre fue la misma: no va a ser tan fácil como en ediciones anteriores, pero de acuerdo con nuestras potencialidades, sí es posible.

No hay dudas de que el nivel deportivo en América aumentó ostensiblemente en los últimos cuatro años. Así lo demuestra la tabla de medallas de estos Juegos, quizá la más balanceada a lo largo de la historia.

Estados Unidos quedó por debajo de las cien de oro nuevamente, tal y como sucedió en Río de Janeiro hace cuatro años. Brasil estuvo fuerte de nuevo, y vimos progresos admirables en naciones como México y Colombia.  También Canadá mantuvo el brillo de sus competidores, aunque no fue el acostumbrado tercer lugar.

Pero, ¿cómo le fue a Cuba? ¿Por qué el segundo lugar no llegó hasta el viernes previo a la clausura?

Sucede que el calendario estaba dispuesto de una manera en la cual los deportes fuertes para nuestro archipiélago (boxeo, judo, lucha, pesas, atletismo, etc), se ubicaron casi todos en los últimos días de competencias. Así, el levantón del cierre no es casual, sino completamente natural.

Llegamos a la capital tapatía con 442 atletas para disputar 250 de los 361 títulos puestos en disputa, la mayoría al final. Pero si analizamos estos números, rápidamente comprenderemos que teníamos a nuestro alcance el 69 por ciento de las medallas, y si tomamos en cuenta las potencialidades reales de muchos deportes, entonces quizá se entienda lo ajustada que estaba la batalla para esta lid.

Asimismo, de todos los contrarios destacó particularmente Brasil, que se ubicó segundo del medallero hasta la antepenúltima jornada. Los sudamericanos vinieron con todo a esta justa, pues se preparan para brillar como nunca en los Juegos Olímpicos que acogerá la Ciudad Maravillosa en 2016.

Con estas condiciones, tuvimos que «pulirla». Por eso, les propongo echar un vistazo a las diferentes disciplinas para guardar en el archivo nuestros resultados.

Primero, la voz cantante la llevó el atletismo, con 18 medallas de oro, seis más que en Río de Janeiro. Sin dudas, este deporte presenta una progresión bien destacada, aunque el talón de Aquiles sigue ubicado en el área de velocidad.

Luego estuvo el boxeo, con sus nueve púgiles en la final, y de ellos ocho campeones. Al parecer, el buque insignia está de regreso.

Épica fue la victoria del ciclismo de ruta cubano, con una tripleta inédita en la historia de los Juegos, y una campeona que muestra la continuidad generacional en este deporte. Así, de Yumari y Yoanka González, figuras consagradas en las bielas y los pedales, transitamos a la genialidad de Lisandra Guerra, en plena madurez deportiva, y culminamos con los nuevos retoños: Arlenis Sierra y Marlies Mejías, sin olvidar a otras figuras prominentes como Yudelmis Domínguez.

Paradójicamente, el punto «débil» en esta disciplina sigue ubicado en las pruebas masculinas, aunque contamos con una figura que demostró por qué es multicampeón en la Vuelta a Cuba y dos veces tercero en el ranking continental: Arnold Alcolea, medallista de bronce en la ruta.

Un papel importante en la pelea por el segundo puesto del medallero lo tuvo la lucha con sus nueve títulos al inicio de la batalla. En el estilo greco acaparamos cinco de oro y las dos muchachas de la libre sorprendieron gratamente. También hicieron su aporte dorado los pesistas con sus cuatro títulos, aunque nos quedamos con uno menos que en Río 2007.

El judo, que tuvo uno de los torneos más difíciles de la historia panamericana, alcanzó cinco medallas de oro, dos de plata y tres de bronce. Hubo actuaciones memorables como la de Yaritza Abel y su espectacular ippon sobre la mexicana Karina Acosta.

Su aporte dorado hizo también la pelota vasca, con un metal áureo, tres de plata y cuatro de bronce. Una mayor cantidad de competencias en el año podrían rendirnos buenos frutos en esta área.

Sobre la media estuvo el remo, que aportó tres pergaminos dorados, cuatro de plata y dos de bronce. A los muchachos les faltó el remate final, pero la altura jugó una mala pasada. Quizá para compromisos futuros en terrenos altos deban llegar con más tiempo.

De esta forma, se perdió la primacía que ostentábamos desde los Juegos de Santo Domingo 2003, y Argentina retornó a la cima espectacularmente. En el canotaje alcanzamos cuatro pergaminos dorados, tres de plata y dos de bronce. Así, obtuvimos la misma cantidad de medallas que en los Juegos de Río, pero mejoramos en la calidad, pues se obtuvo un título más.

Aquí pudimos apreciar el empuje de jóvenes figuras como Jorge García, quien pudiera aportarnos sorpresas bajo los cinco aros en Londres el próximo año.

Igualmente, logramos tres preseas en el kárate, la misma cantidad que en Río, pero ahora fue una de plata y dos de bronce.

En cuanto al clavado, bien meritoria resultó la actuación del sincronizado de plataforma con Jeinkler Aguirre y José Antonio Guerra, que compitiendo con molestias en el hombro, logró agenciarse una medalla de plata. Asimismo, las preseas de bronce en la plataforma sincronizada para damas y el trampolín a dúo para varones, fueron muy bien recibidas.

Sorpresas y bombillos rojos

Los tiradores no lo hicieron nada mal, con un título, cuatro medallas de plata y una de bronce. Aquí no se puede olvidar el desafortunado percance que sufrió Leuris Pupo en la pistola de tiro rápido que lo dejó fuera de competencia, pues el antillano marchaba hasta ese momento cómodamente en el primer lugar.

Luego, el equipo de arco sí decreció, pues en Río obtuvo un título y una presea de plata, y esta vez fueron dos bronces lo que acumularon.

Al taekwondo le fue bien, aunque levantó en la última jornada. El balance fue de dos cetros, un subtítulo y dos de bronce. En Río logramos la misma cantidad de medallas, pero ahora mejoramos el color (una plata más).

Sin preseas continuó la gimnasia artística, y la rítmica rescató un bronce en la prueba de conjuntos. En tanto, la esgrima apenas aportó tres terceros lugares.

También el tenis de mesa se fue solo con una de bronce, lo mismo que en Río.

Alegrones con sabor dorado nos dieron Hanser García y Osleni Guerrero. Hanser devolvió la esperanza a la natación cubana tras sus metales de plata y bronce, algo que no se conseguía desde Winnipeg 1999.

En tanto, Osleni fue el benjamín del bádminton al quedarse con el segundo lugar del concurso individual, y no olvidemos que cayó como los grandes ante un rival que suma mucha más «carretera» que el capitalino.

Tampoco estuvo huérfano el patinaje, pues el joven Guillermo Muñoz quedó muy cerca de colarse en el podio en la velocidad a 300 metros, con muy poca experiencia en una disciplina que domina a su antojo Colombia.

No estuvo bien el pentatlón moderno, con serias dificultades en la equitación, y se fue sin medallas tras alcanzar una de plata en los Juegos de Río.

Finalmente, discretas fueron las actuaciones de la vela y el tenis, pues no se pudo avanzar a la discusión de lugares cimeros.

Contrastes en los colectivos

En deuda quedó el béisbol, pues la medalla de bronce no les basta a nuestros aficionados. Mucho se puede comentar al respecto, pero eso será tema de otro trabajo.

La misma medalla se obtuvo en el softbol, con la diferencia de que las muchachas regresaron al podio tras 12 años de larga espera.

El voli tuvo sus contrastes. En sala llegamos en ambos casos a la final contra Brasil, pero perdimos los dos partidos decisivos. Sin embargo, en la playa nos fuimos en blanco.

Aunque quedamos eliminados en la primera ronda, la presentación de nuestros jóvenes futbolistas ante Brasil y Argentina pudiera ser el rayo de luz que esperan todos los amantes del más universal de los deportes.

En el agua, pelota en mano, los polistas volvieron a introducirse en la discusión de medallas, una muestra del serio trabajo que realiza este deporte, sobre todo si analizamos su poco roce internacional.

El hockey no lo hizo mal, con los varones en el cuarto puesto y las muchachas en el quinto.

En total, alcanzamos 58 medallas de oro, 35 de plata y 43 de bronce, para un total de 136. Hace cuatro años logramos 135 preseas, con 59 títulos, 35 segundos lugares y 41 de bronce.

Como ven, es un balance similar, aunque ahora México alcanzó récord histórico de medallas, Brasil demostró que lo de Río no fue casualidad, Colombia duplicó a sus medallistas, y Argentina logró diez podios más.

Por tanto, si bien es necesario continuar el trabajo de profundización deportiva, quizá con una mayor concentración en las disciplinas individuales que aportan numerosas medallas, la saga histórica de Cuba en los Juegos Panamericanos aún continúa.

De todas formas, aunque cumplimos, no debemos embriagarnos con el triunfalismo. Todavía hay bombillos rojos en el deporte cubano.

Los Juegos Olímpicos de Londres ya están a la vuelta de la esquina y allí llegaremos con el compromiso de escribir otro capítulo de gloria.

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