El boxeo ya no es un espectáculo

Maikro Romero, campeón olímpico en Atlanta 1996, no se adapta a ver las gradas vacías, pues antes el público cubano seguía mucho a los boxeadores

Autor:

José Luis López

PINAR DEL RÍO.— Por su fogosidad e hidalguía sobre el cuadrilátero, el capitalino Maikro Romero deviene figura insoslayable en la historia de los torneos nacionales de boxeo Playa Girón, cuya edición 50 se disputa en la sala 19 de Noviembre, de esta ciudad.

Hoy, como entrenador del equipo nacional juvenil, el monarca olímpico de Atlanta 1996 trata de inculcarles a sus discípulos las mañas que le propiciaron intervenir exitosamente en 12 campeonatos nacionales. Su cota fue de seis títulos (1992, 1993, 1994, 1997, 1999 y 2000), dos medallas de plata (1995, 1996) y dos de bronce (1998, 2001), en las divisiones de 48 y 51 kilogramos.

—¿Cómo recuerda estos torneos?

—En mi época, había muchos rivales de rango, y para poder triunfar no se podía perder un día de preparación. A mí me gustaba combatir a graderío repleto y que mis peleas cerraran los carteles, ya fuesen contra Rogelio Marcelo, Héctor Barrientos, Osvaldo Liranza o Yosvani Aguilera. Siempre me fajé igual contra cualquiera de ellos, que eran los mejores de mi peso. Sin embargo, el rival que más me venció fue el pinareño Raúl Ramos —un hombre de menor clase—, quien lo hizo en cuatro ocasiones.

—¿Alguna anécdota especial?

—Yo estuve separado dos años del boxeo y cuando retorné en 1996 tenía los pies enfermos. Pero no me aflojé y llegué a la final del Girón, la cual perdí contra Barrientos. Entonces regresé a la preselección nacional y gané, entre otros, el torneo Boxam, en España, así como el Córdova Cardín y el Match de Retadores, donde vencí al propio Barrientos. Así, me gané el puesto para los Juegos Olímpicos de Atlanta, donde obtuve el título en esa final histórica contra el kazajo Bolat Dzumadilov, a quien superé por un solo punto.

—¿Qué piensa del boxeo actual?

—El boxeo es un espectáculo y actualmente no se comporta así. Por eso las gradas están vacías. Nuestros púgiles intercambian en la media y larga distancias, pero no muestran la fogosidad que brinda la pelea en el cuerpo a cuerpo, que es la preferida por el espectador. Además, antes se usaban guantes de pelo de caballo, con los cuales se conseguían golpes más potentes que enviaban a la lona al rival. Pero eso se perdió con el uso de guantes esponjosos, que amortiguan más el golpe.

—¿Podrá el boxeo recuperar la preferencia de la afición?

—Creo que sí. Para ello debemos abogar por la rivalidad, y eso se consigue con el «fuego» en el sparring y guanteo de entrenamiento, enseñándoles a los discípulos que hay que tirar golpes desde el mismo inicio de la pelea. Pero también necesita la divulgación que tenía antes, pues ahora predominan el béisbol, fútbol y voleibol.

—¿Está asegurado el relevo del equipo mayor?

—Sí. Hay gran talento en las filas de nuestro elenco juvenil, que siempre será el gran sostén. Por estos días, el principal colectivo compite en Kazajstán, con figuras como Yoandri Toirac, un supercompleto de 102 kilos, y otros como Osnay Bencomo (69 kg) y Kevin Brown (64 kg), que de seguro harán historia en los Playa Girón.

—¿Cómo le transmite sus experiencias a los alumnos?

—Ellos conocen mi historia y me respetan mucho. Mi deber es entrenarlos bien para que suban al ring con mayores posibilidades de victoria. Les digo que no den tregua y tiren muchos golpes. Pero a la hora de la verdad, ellos deciden.

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