¿El hijo del viento se va a bolina?

El jamaicano Usain Bolt pudiera igualar o superar en los próximos años las nueve coronas olímpicas del estadounidense Carl Lewis

Autor:

Abdul Nasser Thabet

Parece pura retórica, una elucubración garciamarquiana eso de que un descendiente del aire deambule por las nubes sin rumbo fijo, como globo dentro de una ventisca. Pero no, la cosa va en serio. Primeramente, permítanme declararme libre de culpa ante semejante manera de llamarlo; esa tinta no mancha mis manos, aunque lo lamento, confieso. El apelativo se lo ganó hace mucho por volar, digo, correr, como nadie y vencer como él solo.

Carl Lewis, el hijo del viento, no parecía tener sombra alrededor de su legado. En realidad ningún ser humano asediaba —ni asedia— su leyenda, la amenaza viene de «allá afuera», pues hoy alguien que pudiera considerarse un marciano asecha el récord de diez medallas olímpicas (nueve de oro) e igual número de preseas universales (ocho títulos incluidos).

Quizá por eso, por tener factura de empresa insuperable para seres terrenales, el «extraterrestre» Usain Bolt puso mira en la proeza del corredor norteamericano, quien durante su carrera (1983-1996) dibujó una estela irrepetible para hombre alguno.

Su debut internacional fue espectacular. En el primer Campeonato Mundial de Atletismo, celebrado en el año 1983, en Helsinki, Finlandia «solo» pudo asir tres coronas (100 metros planos, salto de longitud y relevo 4x100). Casi nada.

Cuatro años después, durante la segunda edición de esta cita del deporte rey, con sede en Roma, ¿falló? en su intento de repetir la tripleta al quedar segundo en el hectómetro, viendo cómo el canadiense Ben Johnson iniciaba con su triunfo uno de los mayores escándalos en la historia del deporte.

Todos conocen que Johnson fue despojado de sus éxitos y récords por uso —y abuso— de sustancias prohibidas, entonces Lewis pasó a ser el ganador de la prueba reina en Italia. En definitiva, sí calcó su desempeño del país escandinavo.

Pero el mito apenas comenzaba. Tokio fue testigo de una de las carreras más trepidantes y abre bocas en toda la historia de la velocidad, pues en la final de los 100 metros Lewis estableció la plusmarca universal (9.86 segundos), convirtiéndose en el primer hombre capaz de romper la barrera de los 9.90. Junto al extraclase estadounidense otros seis atletas bajaron de los diez segundos. Menudo trotecito.

Además, en esa misma competición logró imponerse, «para variar», en el tanque de arena y pasando el batón. Dos años más tarde, en Stuttgart, tuvo que conformarse con el tercer lugar en el doble hectómetro.

Pero si bien su recorrido por los mundiales del campo y pista habla a las claras y sin tapujos, es su actuación bajo los cinco aros la que se atisba difícil de igualar, sobre todo por el tiempo transcurrido entre un certamen y otro. Incluso, hasta para el mismísimo Bolt parece imposible.

Lewis guarda en sus vitrinas nueve coronas olímpicas y una presea de plata en cuatro citas. Para colmo, no se conformó con dicha «barbaridad» y como cosa de niños aunó cuatro medallas de oro en Los Ángeles 1984, igualando la gesta de su compatriota Jesse Owens (Berlín 1936). Ya en el ocaso de su trayecto atlético volvió a erizar hasta a los osos polares, cuando en Atlanta 1996 ensartó su cuarto oro consecutivo en el salto de longitud.

¿Podrá la nueva sensación de la velocidad actual con tanto crédito? Les recuerdo que el «correcaminos marciano» tiene ya 25 años y Río de Janeiro 2016 debe ser su última incursión olímpica, pues llegaría con 30 abriles. ¿Tendrá el talante para alcanzar seis o más títulos en las dos olimpiadas que le restan?

De momento, ya declaró su intención de incursionar en la vuelta al óvalo para la justa inglesa, lo que aumenta sus probabilidades de triunfo, o las disminuye, sobre todo si tenemos en cuenta que el desgaste pudiera pasarle factura. En definitiva, no sería el primero que por mucho abarcar se queda sin nada.

Las apuestas están abiertas. ¿El hijo del viento se irá a bolina?

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