¿Qué come el cocodrilo?

La ciudad de Matanzas respira béisbol por estos días ante el empuje del equipo dirigido por el polémico Víctor Mesa

Autor:

Juventud Rebelde

MATANZAS.— Me han cambiado la ciudad. Hace un año entrevisté a Lázaro Junco en las gradas vacías de un envejecido estadio Victoria de Girón y hablamos con añoranza de aquellos tiempos en que los equipos matanceros estaban entre los grandes de la pelota cubana.

Ahora, en cambio, parece que viajamos en la máquina del tiempo y de repente aterrizamos en otra época. El estadio está como nuevo, sin rastros de aquellas arrugas, y la gente ya se olvidó de los desplantes, del sufrimiento porque la pelota en Matanzas había perdido el encanto.

Recuerdo todas las justificaciones: la Academia de béisbol estuvo cerrada mucho tiempo, los peloteros se iban hacia otros torneos, o las autoridades no le hacían swing a este deporte. En fin, un caos sin solución aparente a corto plazo.

¿Qué ha pasado entonces? ¿Cómo ha sido posible alejar tantos fantasmas y que los matanceros hoy sueñen con ganar el campeonato?

Aquí la gente señala con el dedo a Víctor Mesa, a quien veneran, aunque a veces no entiendan sus decisiones. Un emergente por el primer bate en el segundo inning, o el intento de doble robo en el décimo capítulo con dos carreras abajo, son tácticas que van contra la lógica, si es que el béisbol tiene algo de eso.

Quizá el mayor mérito de Víctor es el empuje, la arrogancia de creer que puede enderezar las cosas. «Esto no hay quien lo arregle», me decían el año pasado algunos vecinos en el Palmar de Junco. Y ya ven, por algún lado le entraba el agua al coco.

Hoy Matanzas espera el Juego de las Estrellas, porque ha hecho méritos para tenerlo y aquí ya aprendieron a creerse las cosas. «Esto es un triunfo del béisbol», me dijo emocionado Lázaro Vargas cuando Industriales ganó el primer juego de la serie, a estadio lleno, como si ya hubieran arrancado los play off.

Pero la postemporada vendrá después, todavía falta mucho, y por primera vez estarán los Cocodrilos nadando en esas aguas. Digo, si de nuevo no me cambian la ciudad.

Ojala que las dos derrotas iniciales frente a Industriales no apaguen los ánimos. Esta es la gran prueba de fuego para Matanzas y su afición.

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