Cualquier semejanza, no es coincidencia

La actuación de la tropa dirigida por Víctor Mesa frente a la escuadra de Taipei de China que se prepara para buscar la clasificación hacia el III Clásico Mundial ha dejasdo valiosas experiencias, que deben ser tomadas en cuenta para mejorar el desempeño del equipo cubano

Autor:

Raiko Martín

Usted, que ahora lee estas líneas, es más afortunado que yo. Es muy probable que, si es un apasionado del béisbol, haya madrugado hoy y ya conozca el resultado del duelo entre el equipo cubano y una preselección de la Liga Profesional de Taipei de China, que pocas horas después del cierre se disputó en esa nación asiática.

Pero como yo, seguro que también se levantó muy temprano para, en la madrugada del sábado, ver el estreno de la tropa dirigida por Víctor Mesa en aquellas lejanas tierras, esta vez frente a la escuadra anfitriona que se prepara para buscar la clasificación para el III Clásico Mundial. Y ya debe tener sus criterios.

Por lógica coincidirá conmigo en que fue un excelente juego de béisbol, tan interesante y cerrado que terminó con mínima diferencia a favor de los locales. Además, no debe tener problemas en compartir mi criterio de que los lanzadores, desde ambas trincheras, fueron los protagonistas indiscutibles de la historia.

Si vio el juego completo, de seguro terminó contrariado con los nueve ponches que «marearon» a los bateadores cubanos, cifra que ratifica lo demostrado durante el reciente tope con equipos mexicanos: el trabajo ofensivo que nos queda por delante es largo y debe ser intenso.

Puede que, visto el manejo de los lanzadores en este debut, tenga más dudas que yo sobre el papel que desempeñará cada uno de los miembros de staff, si en definitiva hace el grado para integrar el equipo que jugará en el Clásico. Pero como esto es solo una oportunidad de probar variantes, todas las decisiones sobre el tema pueden tener alguna justificación. Solo así podría entender por qué abrió Pedroso, e Ismel lanzó tantos innings.

Es muy probable que, si usted es de los que pide a gritos un cambio en la forma de jugar, aplauda la intención de buscar en la velocidad y la estrategia una alternativa a la impotencia ofensiva. No obstante, es posible que ese doble robo del octavo capítulo, con Cepeda al bate y dos strikes en el conteo, le haya parecido algo cercano a la insensatez.

Creo, y me imagino que puedan comulgar con mi pensamiento, que fueron acertados los cambios en el noveno inning, aunque antes pudieron hacerse otros que quedaron marginados por las ansias de triunfo.

Tal vez también le parezca inaudito, a estas alturas y atendiendo a que se trataba apenas de un ensayo, que hombres del calibre de Alexei Bell y Michel Enríquez, hayan perdonado sendos «caramelos» en forma de lanzamientos, con un conteo favorable. En este caso, a ambos les queda como coartada las posibles órdenes recibidas.

Y para redondear estas posibles similitudes de pensamientos, queda la acción que cerró el desafío. Desde la distancia me pareció más una jugada de «corrido y bateo» que un doble robo. En cualquier caso, no tuvo el efecto deseado, pues Michel conectó un elevado, Gracial no pudo regresar a la intermedia, y el double-play que —entre otras cosas— se buscaba evitar, terminó sentenciando el partido.

¿Se excedió en el corrido el antesalista matancero? ¿No corrigió a tiempo el coach de tercera base? ¿Era la mejor alternativa para lograr el empate?

Las respuestas no son lo más importante, si del momento se sacaron las mejores experiencias. Y en eso, creo que coincidimos todos.

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