El pecado de fallar

Con solo dos anotaciones, los nipones le arrancaron a la escuadra cubana el primer triunfo en la serie bilateral con sede en la Tierra del Sol Naciente

Autor:

Raiko Martín

Si la industria automotriz japonesa es líder dondequiera que desembarque, es porque ha sabido maximizar las prestaciones de sus propuestas y aprovechar las debilidades de la competencia. Si el béisbol nipón es hoy una referencia mundial, es porque «exprime» como ningún otro todas sus potencialidades, y se presenta inmisericorde ante las fallas rivales. Así de sencilla es esta fórmula de éxito.

Fueron apenas seis imparables, no más de uno en cada entrada. Y aun así, los dirigidos por Koji Yamamoto se las arreglaron para fabricar dos anotaciones. Nada extraordinario en cualquier béisbol del mundo, pero más que suficientes para arrancarle a la escuadra cubana el primer triunfo en la serie bilateral con sede en la Tierra del Sol Naciente.

En la ciudad de Fukuoka y sobre la misma superficie sintética en la que enfrentaremos a los anfitriones durante el inicio del III Clásico Mundial, quedó desmontada la teoría de una mejor adaptación al horario como variable válida en el «baño de batazos» con que se despidió de Taipéi de China la tropa de Víctor Mesa.

Al unísono, se confirmó que frente a lanzadores capaces de poner la bola donde duele —y a los cubanos les molesta en varios lados—, las carencias de nuestra artillería quedan expuestas. Y es por ese simple detalle que desde hace mucho rato se vienen perdiendo las más trascendentales batallas.

La más reciente se decantó en lo que dura un pestañazo, que es el mismo tiempo que utilizamos para tomar una decisión errónea. Porque no fue acertada la elección del lanzamiento que le «desapareció» a Pedroso el máscara Sumitani, un hombre que encontró espacio en la alineación gracias a la lesión del temible Abe y que nunca logró llevar la bola más allá de los límites durante la reciente edición de la liga doméstica.

Tampoco fue muy afortunada la «pasividad» de Bell —y esto no demerita en nada su ganada titularidad— ante el batazo y la velocidad de Kakunaka, preámbulo del lamentable error en fildeo de José Miguel Fernández, que puso el partido cuesta arriba.

Cuando los maderos languidecen, no queda mucho margen para esas equivocaciones, mentales y prácticas, que siempre cuestan caro. Seguimos siendo inferiores, y si esa diferencia no se hizo más notable, fue porque los lanzadores cubanos volvieron a dar muestras de calidad, ahora probada frente a jugadores acostumbrados a discriminar muy bien los envíos, y con la maestría necesaria para ajustar sus swines en dependencia de cada lanzamiento.

Queda mucho que aprender y para eso tenemos otra oportunidad durante el juego del domingo en la ciudad de Sapporo. Ganar sigue siendo, en estos momentos, lo menos importante.

Tranquilos y en casa

Como dictaba el guión, la escuadra de Taipéi de China se aseguró cómodamente su espacio en la final del domingo en el torneo que organiza, y que habilita un solo pasaje para el venidero Clásico Mundial de béisbol.

Frente a su público, los anfitriones volvieron a dar muestras de enorme superioridad con respecto a los otros candidatos del grupo, al vencer por 16-0 en solo siete episodios a la representación de Filipinas.

A los filipinos les queda una oportunidad de llegar al duelo decisivo, pero para ello tendrían que vencer hoy a la escuadra de Nueva Zelanda, que este viernes se apuntó un amplio triunfo por 12-2 sobre la novena de Tailandia.

Más interesantes marchan las cosas en Ciudad de Panamá, donde todavía se habla de la sorprendente derrota del equipo canalero frente a Brasil, en la fecha de apertura. Ahora a los dueños de casa, que habían diseñado un cómodo calendario, les toca ganar tres partidos seguidos para conseguir el boleto al Clásico.

Al cierre, debutaban las escuadras de Nicaragua y Colombia, que partían como favoritas para pelearle el cupo a los locales.

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